El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda (DOC) ha medido desde el aire el daño de los pósums en Nueva Zelanda a uno de sus bosques más raros. Sus fotos aéreas del valle del Wilberforce, en Canterbury, muestran afectados cerca del 50 % de los tōtara y cedros de montaña vulnerables.
El pósum de cola de cepillo llegó desde Australia en 1837 para crear una industria de pieles. Hoy, 189 años después, el bosque del Wilberforce está «en muy mal estado», según el comunicado del DOC del 3 de septiembre de 2026.
Tōtara y cedros del Wilberforce
Las fotos se tomaron el último verano austral en los valles del Wilberforce y del Mathias. Con ellas, los técnicos calcularon cuántas copas se están secando. Las cabeceras de los dos ríos guardan un bosque de tōtara de montaña y kaikawaka, el cedro de montaña neozelandés.
Según el DOC, ese tipo de bosque es raro en el país y tiene importancia nacional. A los pósums les gustan mucho las hojas de los dos árboles, y al comerlas secan las copas y frenan la regeneración.
Peter Morton dirige el Programa Nacional de Control de Depredadores del DOC. Para él, ver tantos árboles muertos fue «una llamada de atención». Y añade: «Si no controlamos los pósums, estos bosques podrían colapsar».
Treinta y seis envíos hasta 1922
La primera suelta, la de 1837, fracasó. La ficha del DOC sobre el pósum explica que hizo falta otra en 1858, en el mismo punto de Southland. Esa vez el animal sí se asentó.
Hasta 1922 llegaron 36 lotes más, según la enciclopedia oficial Te Ara. En 1930 ya se habían soltado pósums en 450 lugares del país. Primero lo hacían particulares y, entre 1870 y 1921, las sociedades de aclimatación.
El Gobierno prohibió las sueltas en 1921, aunque los tramperos siguieron liberándolos de forma ilegal. En 1946 se les retiró toda protección al considerarlos plaga. Te Ara calcula que ocupaban el 54 % del país en 1950 y el 91 % en 1980.
No es la única especie traída por negocio que se le fue de las manos al país. Pasó también con los pinos de California plantados para la industria maderera. Y aunque a los pósums se les llama a menudo zarigüeyas, el DOC aclara que no son la zarigüeya americana.
Hojas, flores y nidos de kea
Las hojas son la base de su dieta, pero el DOC lo describe como un omnívoro oportunista. Come brotes, flores, bayas y néctar. Así compite por la comida con aves y reptiles nativos.
Cuando un árbol pierde a la vez hojas, flores y frutos, su ciclo de vida se resiente. El pósum, además, tiene especies favoritas, como el rātā o el kāmahi, y vuelve a ellas una y otra vez.
También come aves nativas y sus huevos, caracoles terrestres y wetas. En Westland Sur, cámaras colocadas en nidos han grabado a armiños y pósums atacando nidos de kea, el loro de montaña neozelandés. Es una de las aves que el DOC quiere proteger en el Wilberforce.
Ocho veces más madera muerta
El método ya se había probado en el Parque Forestal de Coromandel, en la Isla Norte. En agosto de 2024, el DOC presentó los resultados de unas cámaras montadas en una avioneta. Sobrevolaron 2016 hectáreas en la zona de Papakai.
Una franja de 1300 hectáreas llevaba años con control de pósums. La contigua, de 716, no tenía ninguno. Terry Greene, asesor científico del DOC, contó en la zona sin tratar más de ocho veces más madera muerta.
Las imágenes distinguen árboles sueltos dentro del dosel. El equipo las unió en un solo mosaico y un programa clasificó cada árbol como vivo o muerto. El análisis tuvo en cuenta que las dos zonas no medían lo mismo.
Cebos de 1080 para 23.769 hectáreas
La última operación en el Wilberforce, en 2018, salió bien, según Morton. Desde entonces, sin embargo, los pósums y los roedores han ido a más. Por eso el DOC preparó una nueva campaña contra pósums, ratas y armiños para la primavera austral de 2026.
Se hará desde el aire, con cebos de cereal biodegradables con el veneno 1080. El plazo va del 14 de septiembre al 30 de noviembre, en la primera ventana de buen tiempo.
La lista oficial de operaciones de 2026 le asigna unas 23.769 hectáreas en Wilberforce y Mathias. Entre las especies protegidas cita el kea, el kākā, el whio y el propio cedro de montaña. Como el valle es un coto de caza de ciervo rojo, el DOC pactó con los cazadores el uso de un repelente para ciervos.
El Wilberforce es uno de los más de 60 bosques del programa nacional. La mayoría recibe una operación cada dos a cinco años. En total, el DOC protege así 1,8 millones de hectáreas, dentro del plan para librar al país de ratas, pósums, mustélidos y gatos asilvestrados antes de 2050.
Sequía y enfermedades, sin cuantificar
Ese 50 % se refiere a los tōtara y cedros vulnerables del Wilberforce, no a todo el bosque. «Afectados» tampoco equivale a muertos. El comunicado no dice cuántos árboles se fotografiaron ni cuántos se han secado del todo.
Tras el ensayo de Coromandel, Greene avisó de que faltaba medir el peso de la sequía y las enfermedades en la muerte del dosel. Ese aviso vale también para las fotos del Wilberforce. Con los pájaros de ojos blancos llevados a Hawái en 1929, el efecto real tardó casi un siglo en aclararse.
La lista oficial todavía marca la campaña del Wilberforce como planificada. El DOC no ha publicado aún cómo responden las copas tras el control.
Imagen: Department of Conservation (DOC), Nueva Zelanda









