¿Qué hay realmente en el punto más profundo del planeta? Un estudio de la Universidad Nacional de Australia halló que el núcleo interno no parece ser una esfera uniforme. En su centro habría otra bola sólida, rica en hierro, de unos 1.300 kilómetros de diámetro y con una organización del material distinta.
El hallazgo no procede de una cámara ni de un taladro. Thanh-Son Phạm y Hrvoje Tkalčić siguieron señales de grandes terremotos que atravesaron el planeta y rebotaron de un extremo a otro hasta cinco veces. Esos ecos ofrecen una de las pruebas más claras de un núcleo interno más profundo, aunque sus límites y composición exacta siguen abiertos a debate.
Una bola dentro del núcleo
El modelo escolar suele dividir la Tierra en corteza, manto, núcleo externo líquido y núcleo interno sólido. La región detectada por el equipo australiano añadiría una quinta zona dentro de la cuarta, como el hueso de un melocotón. No implica necesariamente una nueva sustancia, sino un hierro organizado de otra manera.
La clave es la anisotropía, el nombre que recibe un material cuando una onda se desplaza por él a distinta velocidad según la dirección. En la esfera central, de unos 650 kilómetros de radio, las ondas P muestran una pauta diferente a la de la capa que la rodea. La variación de velocidad llega aproximadamente al cuatro por ciento.
Cómo escucharon el centro
Los terremotos generan varios tipos de ondas. Las ondas P comprimen el material y pueden cruzar sólidos y líquidos, mientras que las ondas S no atraviesan el núcleo externo líquido. Por eso las P funcionan como una especie de escáner natural para estudiar zonas inaccesibles.
El equipo examinó datos de unos 200 terremotos de magnitud 6 o superior registrados durante una década y reforzó señales muy débiles al superponer observaciones de redes sísmicas densas. “Observamos por primera vez ondas sísmicas que rebotaban hasta cinco veces a lo largo del diámetro terrestre”, explicó Phạm. Cada trayecto adicional hacía que las pequeñas diferencias del centro resultaran más visibles.
Una sospecha de veinte años
La historia empezó mucho antes. En 1936, la sismóloga danesa Inge Lehmann dedujo la existencia del núcleo interno sólido al estudiar ondas P que aparecían donde no debían si todo el núcleo fuese líquido. Nadie había bajado hasta allí, pero las vibraciones del planeta delataban una frontera oculta.
En un trabajo de 2002, Miaki Ishii y Adam Dziewoński propusieron una región central de unos 300 kilómetros de radio con un comportamiento sísmico diferente. Un estudio de 2015 de Tao Wang, Xiaodong Song y Han Xia encontró después una orientación más ecuatorial en la parte más profunda. La investigación de 2023 estimó una esfera mayor, de unos 650 kilómetros de radio, mediante otra clase de ecos sísmicos.
Cristales que guardan historia
El núcleo interno está formado sobre todo por hierro y níquel y permanece sólido pese a sus temperaturas extremas. La enorme presión impide que el material se funda como lo haría en la superficie. Sus cristales pueden alinearse, igual que muchas fibras ordenadas en una misma dirección, y esa disposición cambia la velocidad de las ondas.
¿Por qué cambia esa alineación en el centro? Phạm y Tkalčić plantean que podría ser una huella fosilizada de una etapa antigua, cuando el núcleo interno crecía bajo condiciones diferentes. “Es como una cápsula del tiempo de la historia evolutiva de la Tierra”, señaló Tkalčić.
Por qué importa
El núcleo interno crece a medida que parte del hierro líquido del núcleo externo se solidifica. Ese proceso libera calor y elementos ligeros, alimenta el movimiento del metal líquido y contribuye a mantener la geodinamo que genera el campo magnético terrestre. En la práctica, estudiar la esfera central ayuda a reconstruir cómo ha cambiado ese motor planetario.
Pero la expresión “quinta capa” no debe confundirse con una frontera tan clara como la que separa el manto del núcleo. El propio análisis reconoce que sus datos no bastan por sí solos para elegir entre un núcleo dividido en dos zonas o un modelo más continuo con propiedades que cambian gradualmente. El cambio de comportamiento sísmico está respaldado, pero su geometría exacta sigue en discusión.
Las preguntas que quedan
Un modelo de 2024 de Hen Brett, Jeroen Tromp y Arwen Deuss mostró que algunas observaciones también pueden explicarse permitiendo que la orientación de los cristales cambie de una región a otra. Esa alternativa reproduce los tiempos de viaje con menos parámetros y recuerda que el interior terrestre no tiene por qué parecerse a capas perfectamente concéntricas.
Por otro lado, unos experimentos de 2025 relacionaron la variación con la profundidad con posibles cambios en la cantidad de silicio y carbono mezclados con el hierro. No demuestran por sí solos qué ocurre en el centro, pero ofrecen un mecanismo físico que los próximos datos sísmicos podrán poner a prueba. El rompecabezas, por tanto, sigue abierto.
El estudio principal se publicó en Nature Communications.



