La nieve que se acumula en invierno y el agua que llena los ríos tienen un efecto que cuesta imaginar. Su reparto por el planeta desplaza unos milímetros el centro de masa terrestre, un punto fundamental para la navegación por satélite. Ahora, un equipo liderado por la NASA ha afinado su medición y estima que la oscilación anual es aproximadamente la mitad de lo que se calculaba hace ocho años.
El trabajo está dirigido por Donald Argus, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), y la agencia difundió sus resultados el 16 de septiembre de 2026. Su interés va más allá de localizar un punto invisible dentro de la Tierra. Medirlo mejor ayuda a establecer referencias más fiables para los mapas, las alturas y el seguimiento del agua.
El centro de masa de la Tierra en cifras
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Oscilación anual | Aproximadamente la mitad de lo estimado hace 8 años |
| Nieve de Norteamérica y Eurasia (marzo) | Unos 3 mm hacia el polo norte (el grosor de unas 30 hojas de papel) |
| Agua del Amazonas (abril) | Unos 2,2 mm hacia Sudamérica |
| Agua del Amazonas en masa | Unas 2400 gigatoneladas |
| Océanos (agosto-octubre) | Desplazamiento hacia el Pacífico sur |
| Atmósfera | Diciembre: Arabia, Asia y norte de África. Junio: Sudamérica y sur de África |
| Estudio | Geophysical Journal International, 14 de septiembre de 2026 |
Qué es el centro de masa y por qué se mueve
El centro de masa es el punto que representa cómo se distribuye toda la materia del planeta, incluidos sus océanos y su atmósfera. Su posición respecto al centro geométrico cambia cuando grandes cantidades de agua, nieve o aire pasan de unas regiones a otras.
Podemos imaginar una mochila cuyo equilibrio cambia al mover una botella de un bolsillo al otro. Con la Tierra ocurre algo comparable, aunque a una escala enorme y con desplazamientos relativos diminutos. La clave está en dónde se concentra la masa en cada momento.
Láseres, GPS y satélites para afinar la medida
Los satélites orbitan alrededor del centro de masa terrestre, lo que permite utilizar sus trayectorias para localizarlo. Desde hace décadas, los satélites LAGEOS reflejan pulsos láser enviados desde estaciones terrestres para medir distancias con gran precisión. El problema es que esas estaciones están repartidas de forma desigual por el mundo.
El nuevo método combina esas mediciones con señales GPS y datos de otros satélites en órbitas bajas. Además, tiene en cuenta que el peso del agua y del hielo deforma ligeramente la corteza. Las estaciones apoyadas sobre ella también se desplazan, un detalle que hay que incorporar a los cálculos.
Según Argus, la oscilación anual se estima ahora en «aproximadamente la mitad de lo que creíamos hace ocho años». La frase describe una revisión de los cálculos anteriores. Por sí sola, esa diferencia no indica que el movimiento se haya reducido físicamente a la mitad durante ese tiempo.
Marzo, nieve; abril, Amazonas; otoño, Pacífico
El estudio permite seguir el efecto de las estaciones sobre ese equilibrio. En el ciclo estacional analizado, la acumulación de nieve en Norteamérica y Eurasia alcanza su máximo en marzo y contribuye a desplazar el centro de masa unos 3 milímetros hacia el polo norte. Esa nieve que después se derrite forma parte de un intercambio gigantesco entre continentes y océanos.
En abril destaca el agua almacenada en la cuenca del Amazonas, con una contribución de unos 2,2 milímetros hacia Sudamérica. Aquí cuenta el conjunto del agua continental, desde los ríos hasta la humedad del suelo y las reservas subterráneas. Mirar únicamente el cauce de un río dejaría fuera buena parte de la historia. La NASA cifra esa agua en unas 2400 gigatoneladas, unos 2400 kilómetros cúbicos, más de 40 veces la capacidad de todos los embalses españoles.
Entre agosto y octubre, el agua procedente del deshielo y las lluvias aumenta la carga de los océanos y favorece el desplazamiento hacia el Pacífico sur. La enorme extensión del Pacífico le da un papel destacado. Otros mares, incluido el Mediterráneo, también aportan su pequeña parte.
La atmósfera también desplaza el centro de masa
La atmósfera participa en este movimiento, aunque resulte menos intuitivo que pensar en nieve o ríos llenos. Para calcular su influencia, los investigadores utilizaron un modelo del Centro Europeo de Predicciones Meteorológicas a Plazo Medio. El aire frío y denso del invierno modifica el reparto de masa sobre distintas regiones.
Alrededor de diciembre, ese efecto se concentra sobre Arabia, Asia y el norte de África. Hacia junio adquiere protagonismo sobre Sudamérica y el sur de África. Así, el calendario del centro de masa también depende del aire que tenemos encima.
Unos milímetros que importan a la navegación y los mapas
¿Qué cambia en la práctica si el desplazamiento es tan pequeño? Los sistemas de navegación y las mediciones de altura necesitan un punto de referencia muy bien definido. Afinarlo puede beneficiar actividades como el transporte marítimo y la agricultura de precisión, según explica Felix Landerer, coautor del trabajo.
Los cálculos también concuerdan con las observaciones de GRACE-FO, una misión conjunta de la NASA y el centro alemán de geociencias GFZ. Sus dos satélites detectan cambios mensuales de gravedad asociados principalmente al movimiento del agua. Esa coincidencia refuerza la confianza en los resultados.
El foco del trabajo está en las oscilaciones estacionales, una distinción necesaria al interpretar estos datos ambientales. Comprender ese ciclo ayuda a leer con más precisión las mediciones de un planeta cuyo agua está siempre en movimiento. El estudio se publicó el 14 de septiembre de 2026 en Geophysical Journal International.
Imagen: NASA Scientific Visualization Studio











