Un estudio de la Universidad de Alberta (Canadá) apunta a la atracción gravitatoria entre el núcleo interno y el manto terrestre como principal motor de ciertas variaciones en la duración del día. Son cambios de apenas unos milisegundos que se desarrollan a lo largo de varias décadas.
La investigación, publicada en Nature y firmada por Huifeng Zhang y Mathieu Dumberry, propone una explicación para un mecanismo que llevaba décadas sin aclararse. Sus resultados indican que ese tirón gravitatorio modifica ligeramente la rotación del manto, mientras otras interacciones internas se oponen al cambio. Algo imperceptible al mirar el reloj puede ayudar a conocer las profundidades del planeta.
Las cifras del estudio
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Periodo analizado | 1964-2019 (55 años) |
| Variación de la duración del día | Unos pocos milisegundos |
| Oscilación principal | De 60 a 70 años |
| Reconstrucciones de los flujos del núcleo | 400 |
| Tiempo de deformación del núcleo interno | Unos 10 años (entre 2 y 31) |
| Variación de las estimaciones según el modelo | Hasta un 30 % |
| Estudio | Nature, 23 de septiembre de 2026 |
Milisegundos que cambian a lo largo de décadas
¿Cuánto representa realmente un milisegundo? Es la milésima parte de un segundo, una diferencia que pasa desapercibida mientras desayunamos o esperamos el autobús. Pero esas pequeñas variaciones, medidas durante años, dejan pistas sobre cómo se mueve el interior terrestre. Para acumular un segundo completo de diferencia harían falta mil días alargados un milisegundo cada uno, casi tres años.
La Tierra no gira siempre a la misma velocidad y cada proceso actúa a su propio ritmo. Los vientos influyen en cambios estacionales y anuales, mientras que la fricción de las mareas lunares contribuye a alargar los días a lo largo de millones de años. Este trabajo se centra en fluctuaciones mucho más lentas que las estacionales, asociadas al intercambio de movimiento de rotación entre el núcleo y el manto.
Un par gravitatorio entre el núcleo interno y el manto
Para entenderlo conviene distinguir las capas implicadas. En el centro está el núcleo interno sólido, rodeado por el núcleo externo líquido, y más arriba se encuentra el manto rocoso. Aunque forman parte del mismo planeta, sus movimientos no están perfectamente sincronizados.
Además, el núcleo interno no es una esfera perfecta y la masa del manto tampoco se distribuye de manera uniforme. Cuando cambia la orientación del primero respecto al segundo, su interacción gravitatoria genera un efecto de giro, denominado par gravitatorio. Es el principio de una fuerza que hace girar un objeto, como cuando empujamos una puerta.
Según la reconstrucción, ese efecto explica la mayor parte de las variaciones estudiadas. Las interacciones electromagnéticas y la presión del líquido sobre las irregularidades del límite entre núcleo y manto actúan principalmente como resistencia. El pequeño desequilibrio entre ambos efectos acaba reflejándose en la duración del día.
55 años de datos y 400 modelos del núcleo
Los investigadores analizaron el periodo comprendido entre 1964 y 2019. Combinaron reconstrucciones de la rotación del núcleo interno obtenidas mediante ondas sísmicas con modelos del movimiento del núcleo líquido elaborados a partir de cambios en el campo magnético terrestre.
Antes de comparar las explicaciones, descontaron de los registros las contribuciones estimadas de la atmósfera, los océanos, las mareas y otros procesos. Así pudieron estudiar con más claridad la parte de la señal relacionada con el interior profundo. Después aislaron las variaciones de varias décadas.
También incorporaron 400 reconstrucciones posibles de los flujos del núcleo para tener en cuenta la incertidumbre. El mecanismo gravitatorio reprodujo mejor tanto el tamaño como la evolución temporal de las variaciones analizadas. Los otros mecanismos, considerados por separado, tendían a producir cambios de sentido contrario a los observados.
Un núcleo sólido que se deforma en unos diez años
El ajuste funciona mejor si el núcleo interno puede modificar lentamente su forma. El comunicado de la Universidad de Alberta explica que este material puede «deformarse viscosamente», con un tiempo característico cercano a diez años. Ser sólido no significa ser completamente rígido.
Ese plazo es una estimación del modelo, con un margen amplio. Al combinar los escenarios analizados, los tiempos de deformación compatibles con los mejores ajustes abarcan aproximadamente entre 2 y 31 años. Por eso, hablar de diez años ayuda a entender la escala, pero no equivale a fijar un calendario exacto.
Los cálculos también son compatibles con una capa rica en hierro y conductora de electricidad, de unos pocos kilómetros de espesor, en la base del manto. Su posible presencia ayudaría a explicar la resistencia electromagnética. Se trata de una inferencia sobre las propiedades del interior, pendiente de afinar con otras pruebas.
Un ciclo de 60 a 70 años aún sin confirmar
El análisis se concentra en una oscilación amplia, de unos 60 a 70 años, pero todavía no demuestra que se repita regularmente. «Se desconoce si esta estructura de flujo es periódica y se repite a lo largo del tiempo», reconocen los autores en el artículo. La precisión de los registros antiguos limita esa comprobación.
Además, algunas estimaciones cambian hasta un 30 % al utilizar distintos modelos de circulación del núcleo. Las fluctuaciones más cortas, de entre 10 y 30 años, también siguen necesitando una explicación mejor. Ahí sigue habiendo preguntas abiertas.
Para quien mira la hora en el móvil, estas diferencias son demasiado pequeñas para percibirlas, pero permiten investigar regiones inaccesibles del planeta a partir de lo que medimos en su superficie. El estudio completo ha sido publicado en Nature el 23 de septiembre de 2026.
Imagen: Kelvinsong / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)











