La desalinización siempre ha tenido algo de promesa y algo de problema. Parece lógico mirar al mar cuando falta agua dulce, pero la realidad es más incómoda. En 2024, todavía había 2100 millones de personas sin acceso a agua potable gestionada de forma segura, según los datos actualizados de UNICEF y la OMS.
Ahora, un equipo de la Universidad de Rochester ha presentado un sistema solar térmico que busca atacar justo esa parte incómoda. El dispositivo produce agua dulce a partir de agua de mar real, no necesita aditivos químicos y recoge las sales en forma sólida en lugar de expulsarlas como salmuera. La idea es potente, pero conviene decirlo desde el principio: por ahora hablamos de prototipos pequeños, no de una solución industrial lista para instalar mañana.
El problema de la salmuera
La desalinización actual funciona, y por eso muchos países dependen de ella. Pero buena parte de las plantas usan ósmosis inversa o procesos térmicos que consumen mucha energía, requieren tratamientos antes y después del proceso, y dejan una corriente concentrada de agua salada conocida como salmuera. Ahí está el atasco ambiental.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente ya advertía de que la producción mundial de salmuera rondaba los 142 millones de metros cúbicos al día. Su vertido puede alterar la salinidad, afectar a organismos del fondo marino y añadir compuestos usados en los pretratamientos. No es poca cosa.
Un metal negro tratado con láser
El nuevo sistema no es un panel solar fotovoltaico de los que vemos en tejados para generar electricidad. Es un panel metálico negro, tratado con láseres de femtosegundos, que absorbe muy bien la luz del sol y atrae el agua con mucha fuerza. En el estudio lo llaman SWBM, por sus siglas en inglés, algo así como metal negro superabsorbente de agua.
La superficie tiene ranuras microscópicas y estructuras aún más pequeñas. Gracias a ellas, una fina película de agua sube por el material, el calor solar la evapora y el agua dulce se puede condensar después. Las sales no se quedan bloqueando la zona activa, sino que se desplazan hacia zonas laterales del panel.
El truco del café
El detalle más curioso del sistema tiene nombre de cocina diaria: el “efecto del anillo de café”. Cuando una gota de café se seca, muchas partículas terminan acumuladas en el borde y dejan ese cerco oscuro tan reconocible. El equipo ha usado ese mismo principio para empujar las sales hacia una parte pasiva del panel.
Chunlei Guo lo resume de forma sencilla: “Usamos ese mismo principio para llevar las sales a la región pasiva”. La frase importa porque el agua de mar real no es solo agua con cloruro de sodio. También contiene compuestos de calcio y magnesio que pueden formar costras duras, como la cal que aparece en una ducha o en una tetera.
Pruebas con agua real
Una parte relevante del trabajo es que los ensayos no se hicieron únicamente con agua salada artificial. Los investigadores probaron muestras del Atlántico, del Índico y del Pacífico, incluyendo agua recogida cerca de Fire Island (Nueva York), Cabo de las Agujas (Sudáfrica) y Los Ángeles. Eso acerca el experimento a un escenario más realista.
En una prueba de siete días, el sistema logró una tasa media de evaporación de 1,76 kilos por metro cuadrado y hora durante el periodo diurno, con una recogida de sales de 61,74 gramos por metro cuadrado y hora. El estudio también habla de una eficiencia solar a vapor cercana al 74 % y de una extracción de sales prácticamente completa.
En una demostración exterior con una pieza de 3 por 3 centímetros, el dispositivo generó el equivalente a 10,33 litros de agua dulce por metro cuadrado al día y 0,38 kilos de sal marina por metro cuadrado al día. Además, los autores indican que la salinidad del agua desalinizada quedó por debajo de los estándares de la OMS y la EPA para agua potable.
Litio y minerales
La otra cara llamativa del avance está en lo que queda atrás. En vez de tratar la sal como un residuo líquido, el sistema la recoge en sólido. En esas sales aparecieron sodio, magnesio, potasio y calcio, además de otros elementos de valor económico como bromo, cesio, oro o uranio, aunque los propios autores matizan que esas sales, sin separación y purificación posterior, tienen un uso limitado.
El grupo también publicó un trabajo relacionado sobre extracción de litio con paneles similares modificados con nanopartículas de titanato de hidrógeno. En muestras del Gran Lago Salado, ese sistema alcanzó una eficiencia de extracción de litio cercana al 50 %. Suena prometedor, pero no significa que mañana vayamos a “minar” el océano con paneles en la playa.
Guo plantea el potencial con cautela ambiental: “extraer litio directamente del agua salada podría ser una ruta futura muy importante”. Y ahí está la clave. No se trata solo de conseguir agua, sino de reducir residuos y, quizá, recuperar materiales útiles para baterías.
Lo que falta por demostrar
El avance encaja muy bien en un momento de presión creciente sobre el agua. La Universidad de Naciones Unidas publicó en enero de 2026 el informe “Global Water Bankruptcy”, donde advierte de que muchos ríos y acuíferos están perdiendo la capacidad de volver a su normalidad histórica. El problema es que el reloj corre más deprisa que muchas soluciones.
Aun así, este sistema todavía debe demostrar costes, durabilidad durante meses o años, fabricación a gran escala, rendimiento con contaminación real y facilidad para recoger agua dulce en condiciones duras. También tendrá que competir con infraestructuras ya instaladas. En la práctica, ningún panel milagroso sustituye por sí solo al ahorro, la reutilización, la reparación de fugas y la protección de acuíferos.
Lo importante es que cambia el enfoque. En vez de convertir un problema de agua en otro problema de salmuera, intenta cerrar mejor el ciclo.
El estudio completo ha sido publicado en Light: Science & Applications.



