En un hito sin precedentes 11 países de África están construyendo la gran muralla verde de 8000 km para frenar el desierto del Sáhara

Publicado el: 4 de junio de 2026 a las 08:03
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Vista aérea de la Gran Muralla Verde de África mostrando la transición entre tierras áridas del Sáhara y zonas restauradas del Sahel.

África lleva casi dos décadas intentando levantar una de las mayores obras ecológicas del planeta. La Gran Muralla Verde nació en 2007 bajo el impulso de la Unión Africana y busca restaurar tierras degradadas en una franja de unos 8000 km que cruza el continente por el Sahel. No es poca cosa.

Pero la conclusión principal es menos épica y mucho más importante. Este proyecto solo tendrá sentido si devuelve suelo fértil, comida, agua y trabajo a las comunidades que viven en una de las regiones más vulnerables al calor, la sequía y la falta de recursos. Y ahí está el problema, porque la promesa sigue viva, pero el ritmo no alcanza.



No es solo árboles

Durante años se ha hablado de una muralla de árboles para frenar el avance del Sahara. La imagen es potente, casi de película, pero se queda corta. La UNCCD explica que la iniciativa ha pasado de plantar árboles a crear un «mosaico» de paisajes verdes y productivos en 11 países del Sahel.

En la práctica, esto significa proteger brotes naturales, recuperar suelos, gestionar mejor el agua, plantar especies resistentes y abrir oportunidades para quienes viven de la agricultura y el pastoreo. ¿Qué cambia para una familia del Sahel? Cambia que una tierra agotada puede volver a dar alimento, sombra y algo de ingresos.



El núcleo original lo forman 11 países asociados a la Agencia Panafricana de la Gran Muralla Verde, entre ellos Senegal, Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán, Etiopía, Eritrea y Yibuti. Con el paso de los años, la iniciativa se ha extendido y la UNCCD habla ya de implementación en 22 países africanos.

Las cifras del reto

La meta oficial para 2030 es enorme. Restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas, capturar 250 millones de toneladas de carbono y crear 10 millones de empleos verdes en zonas rurales. Dicho así, suena lejano. Puesto sobre el terreno, significa intentar salvar cosechas, pozos, pastos y pequeños negocios.

La Unión Europea añade otro objetivo clave, mejorar la seguridad alimentaria de 20 millones de personas. Esa parte no siempre aparece en los titulares, pero es la que mejor explica el proyecto. Porque un árbol no llena una despensa por sí solo, pero un suelo vivo sí puede ayudar a que una comunidad coma mejor.

El Sahel espera poco

El Sahel vive en una frontera dura entre el desierto y las zonas de sabana. Allí, una mala temporada de lluvias puede arruinar cultivos, disparar el precio de los alimentos y empujar a familias enteras a moverse. Ese calor seco no es una idea abstracta, se nota en el agua que falta y en la tierra que se agrieta.

En el lanzamiento del programa SURAGGWA durante la COP30, el ministro senegalés de Medio Ambiente, El Hadji Abdourahmane Diouf, recordó que «más del 70% de sus comunidades rurales dependen directamente de la agricultura de secano». Esa frase resume buena parte del drama. Si no llueve y el suelo está muerto, no hay plan B fácil.

Avances y dudas

Hay avances, aunque no siempre se miden igual. La página oficial del Acelerador de la Gran Muralla Verde habla de casi 18 millones de hectáreas restauradas y 350 000 empleos creados en los países de la iniciativa. En 2024, Reuters recogió una estimación más alta, de unos 30 millones de hectáreas restauradas y 3 millones de empleos.

La diferencia muestra uno de los grandes problemas del proyecto. No basta con plantar y anunciar cifras. Hay que saber qué ha sobrevivido, qué suelo ha mejorado, qué comunidad se ha beneficiado y qué dinero ha llegado de verdad a los pueblos.

La parte incómoda

El presidente de la cumbre de la ONU sobre desertificación de 2022, Alain Richard Donwahi, fue muy claro en 2024. Dijo que el proyecto «no está en línea» con el objetivo común de completarse en 2030. También señaló dificultades de financiación, ejecución y coordinación entre países.

Un estudio publicado en 2025 en Land Use Policy puso el foco en Senegal, uno de los países más activos. Sus autores analizaron parcelas reforestadas y concluyeron que solo 2 de 36 mostraban un reverdecimiento significativo desde la plantación. No invalida toda la Gran Muralla Verde, pero sí deja una lección sencilla. Plantar no es lo mismo que restaurar.

El dinero manda

La UNCCD calcula que harán falta al menos 33 000 millones de dólares para alcanzar las metas de 2030. Sobre el papel, los compromisos internacionales son grandes. El problema es que una promesa firmada en una cumbre no riega un vivero ni paga una bomba de agua.

Por eso se lanzó el Observatorio de la Gran Muralla Verde, una plataforma digital pensada para seguir mejor los fondos, los proyectos y los resultados. El secretario ejecutivo de la UNCCD, Ibrahim Thiaw, lo resumió con una frase corta y bastante directa, «los datos siguen siendo un activo crítico para el éxito de esta iniciativa».

La ciencia también pide prudencia. Un estudio de 2025 en Humanities and Social Sciences Communications advierte de que invertir en naturaleza puede mejorar el capital natural, pero que los países del Sahel pueden necesitar financiación externa para no sacrificar otras inversiones importantes. En el fondo, la pregunta es quién paga la factura.

Lo que viene ahora

El impulso más reciente pasa por SURAGGWA, un programa financiado por el Fondo Verde para el Clima e implementado por la FAO en ocho países del Sahel. Burkina Faso, Chad, Yibuti, Mali, Mauritania, Níger, Nigeria y Senegal forman parte de esta nueva fase. El objetivo es restaurar paisajes degradados, reforzar la resiliencia climática y apoyar medios de vida dentro del corredor de la Gran Muralla Verde.

En Nigeria, la FAO y el Gobierno inauguraron el 19 de mayo de 2026 un grupo técnico de trabajo para coordinar la aplicación del programa. El representante de la FAO en Nigeria y ante la CEDEAO, Hussein Gadain, defendió que la clave será convertir los compromisos en «acción práctica y resultados medibles». Ahí puede estar la diferencia, en bajar el proyecto del gran discurso a la aldea.

La Gran Muralla Verde no será una muralla perfecta ni una solución mágica contra el cambio climático. Pero si logra combinar árboles, agua, empleo local y control real del dinero, puede convertirse en una defensa práctica para millones de personas. El reloj corre. Y esta vez, cada hectárea cuenta.

La nota oficial más reciente citada en esta noticia ha sido publicada por la FAO.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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