Investigadores plantaron eucaliptos en 1976 en una finca del suroeste de Australia dañada por la sal y, tras 15 años de seguimiento, comprobaron que consumían más agua que los cultivos, pero el agua salina siguió brotando

ECOticias.com El periódico verde
Publicado el 3 de octubre de 2026 a las 09:46
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Plantación experimental de eucaliptos ladera arriba de un terreno salino cerca de Bannister, Australia Occidental

Plantar árboles parecía una forma de recuperar tierras agrícolas dañadas por la sal. En el suroeste de Australia, un ensayo con eucaliptos mostró que estos consumían más agua que los cultivos y pastos cercanos, pero no lograron detener la salida de agua salina que se pretendía controlar.

La plantación se estableció en 1976 y sus resultados, tras 15 años de seguimiento, se publicaron en noviembre de 1995. Aquel trabajo dejó una lección útil para entender estas intervenciones ambientales. Para recuperar un terreno, también hay que conocer lo que ocurre debajo.

Por qué la sal alcanza las raíces

En las zonas agrícolas, cambiar la vegetación puede alterar el recorrido del agua. Cuando los cultivos anuales dejan que se infiltre más agua hacia el subsuelo, puede subir el nivel de las aguas subterráneas y desplazarse sal hasta la zona donde crecen las raíces.

El Departamento de Industrias Primarias y Desarrollo Regional de Australia Occidental describe ese proceso como una causa de la salinidad de secano. Sus efectos pueden verse en cosechas que rinden menos, plantas que desaparecen y manchas de terreno desnudo con costras salinas.

Terreno afectado por la salinidad cerca de Bannister, en Australia Occidental, en 1981
Zona salina en el cinturón triguero de Australia Occidental, cerca de Bannister, en 1981. Foto: Willem van Aken / CSIRO (CC BY 3.0)

La idea de plantar eucaliptos buscaba actuar sobre ese desequilibrio. Si los árboles aprovechaban más agua, podrían reducir la cantidad que alimentaba el sistema subterráneo y ayudar a frenar el problema.

Un ensayo bajo vigilancia

Los investigadores plantaron varias especies en aproximadamente el 12 % de una pequeña cuenca agrícola, ladera arriba de una zona por la que afloraba agua salina. Uno de sus objetivos principales era comparar los árboles según su posible consumo de agua, utilizando indicadores como la superficie de hojas y la supervivencia.


Bajo aquella finca había dos sistemas de agua subterránea, uno profundo y permanente y otro superficial y estacional. El equipo siguió sus niveles y salinidad mediante piezómetros, dispositivos que permiten observar el agua del subsuelo.

El agua cambió, la sal persistió

El seguimiento de los niveles de agua indicó que la plantación consumía más agua que los cultivos y pastos vecinos. Durante el ensayo también se registraron cambios en la composición del agua profunda.

Entre 1977 y 1984, la concentración de cloruro en el acuífero profundo descendió aproximadamente un 20 %. Esa bajada fue mayor a media ladera que en la parte inferior, un detalle que muestra que la respuesta variaba incluso dentro de la misma cuenca.

¿Significaba aquello que el suelo se estaba recuperando? Los investigadores seguían observando una descarga importante de sal en la zona de afloramiento durante todo el ensayo. Además, encontraron mayores reservas de sal en el suelo de la parte baja que a media pendiente.

La dificultad estaba bajo tierra

Los autores señalaron como un factor importante la ubicación de la plantación sobre una zona donde el acuífero parecía estar confinado. En estos acuíferos, las capas poco permeables limitan el movimiento del agua hacia dentro y hacia fuera del sistema.

En este caso, consumir más agua no bastaba para controlar el sistema que alimentaba aquel afloramiento salino. El resultado apunta a una precaución práctica que conviene tener presente antes de plantar. Elegir árboles con mucha demanda de agua no garantiza controlar la salinidad si su ubicación limita su influencia sobre el problema.

Qué eucaliptos respondieron mejor

El crecimiento fue rápido hasta 1981 y después disminuyó. Al cabo de 15 años, destacaron cuatro de los tipos evaluados, Eucalyptus cladocalyx var. nana, Eucalyptus cladocalyx, Eucalyptus occidentalis y Eucalyptus sargentii.

Eran los más prometedores dentro de las condiciones del ensayo. Pero sobrevivir y desarrollarse en aquel lugar no equivalía a recuperar el terreno salinizado, y estos resultados tampoco permiten recomendar las mismas especies para cualquier otra región.

Qué conviene comprobar antes de plantar

Para quien trabaja la tierra, la pregunta es sencilla. ¿Mejora realmente el suelo o solo está cambiando el agua que circula debajo? Una reducción del cloruro en un acuífero no demuestra por sí sola que haya disminuido la sal alrededor de las raíces.

Las orientaciones actuales del departamento australiano recomiendan medir tanto la salinidad del suelo como la del agua subterránea y seguir la profundidad del nivel freático durante al menos cinco años para evaluar su tendencia. También aconsejan abordar la salinidad dentro de un plan para toda la explotación y, preferiblemente, para toda la cuenca.

La lección de este ensayo es que una plantación necesita un diagnóstico del terreno y seguimiento para saber si cumple su función. El estudio original se publicó en noviembre de 1995 en Agricultural Water Management.

Imagen: Willem van Aken / CSIRO (CC BY 3.0)

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Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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