Un agricultor de Ohio vio cómo la lluvia abría surcos en sus campos y cambió su forma de cultivar, y hoy su familia trabaja 3.237 hectáreas, ha reducido casi un tercio su gasto en fertilizantes y acaba de ser premiada por proteger el suelo

Publicado el 28 de septiembre de 2026 a las 12:38
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Vista aérea de campos de cultivo de Ohio atravesados por un cauce cubierto de hierba

Bill Kellogg veía cómo el agua abría surcos profundos en sus campos de Ohio y decidió cambiar su manera de cultivar. Décadas después, la explotación familiar ha pasado de 700 a unos 8.000 acres (de unas 283 a 3.237 hectáreas), según el reportaje publicado por Farm Progress el 17 de septiembre de 2026.

La historia une conservación del suelo y continuidad de una empresa agrícola, aunque el crecimiento de la finca no demuestra por sí solo el resultado ambiental. Lo interesante está en las decisiones que ayudan a conservar la tierra y aprovechar mejor los fertilizantes, desde conducir el agua por cauces vegetados hasta analizar qué necesita cada zona.

Frenar el agua

Cuando la lluvia se concentra en una pendiente puede abrir cárcavas, pequeños barrancos que se llevan parte del suelo. Para reducir ese desgaste, una de las herramientas empleadas en Kellogg Farms son los cauces cubiertos de hierba.

Su funcionamiento resulta fácil de imaginar cuando vemos agua corriendo cuesta abajo tras un chaparrón. La vegetación frena la corriente y el cauce la conduce hacia una salida estable, reduciendo la erosión por flujos concentrados, según explica la documentación del proyecto Blanchard River Demonstration Farms.

Medir antes de abonar

Otra pieza del sistema consiste en recoger muestras de suelo siguiendo una cuadrícula. El análisis permite conocer diferencias dentro de una misma parcela y ajustar el abonado, porque dos zonas cercanas pueden tener necesidades distintas.

La documentación del proyecto explica que cruzar esos resultados con los mapas de cosecha ayuda a localizar carencias. También permite dirigir mejor el fertilizante, con posibles ahorros y menor riesgo de contaminación del agua.


La familia utiliza además la labranza en franjas, que prepara bandas estrechas para sembrar y permite colocar nutrientes bajo la superficie, cerca de las raíces. Esa ubicación puede reducir su exposición al arrastre por la lluvia, aunque adaptar la maquinaria también puede aumentar los costes. «Se trata de ponerlo justo donde hace falta, de ser más eficientes», explicó Shane Kellogg a Farm Progress.

Cultivar según el terreno

Los Kellogg combinan distintas técnicas y reservan los cultivos de cobertura especialmente para terrenos ondulados. Tampoco trabajan toda la explotación exclusivamente mediante siembra directa, una precisión importante para entender su forma de conservar el suelo.

¿Qué aportan esas cubiertas? Mantienen plantas y raíces durante periodos en los que la tierra podría quedar desnuda, ayudando a sujetarla frente al agua y el viento. La guía del proyecto recuerda que elegir especies, fechas de siembra y momento de retirada exige planificación, también económica.

Lo que ocurre río abajo

El interés ambiental va más allá de los límites de una finca. Los nutrientes que salen de los campos pueden alcanzar otras masas de agua y favorecer proliferaciones de algas, por lo que importa tanto conservar el suelo como evitar pérdidas de fertilizante.

En agosto de 2014, una proliferación de cianobacterias contaminó el abastecimiento de Toledo, en Ohio. Según la agencia estadounidense NOAA, cerca de 400.000 personas se quedaron sin agua potable durante dos días. De pronto, un problema del lago Erie afectaba a algo tan cotidiano como abrir el grifo.

Aprender con la finca abierta

Los Kellogg participaron junto con otras dos familias en la red de fincas demostrativas del río Blanchard. La iniciativa, impulsada por Ohio Farm Bureau y el Servicio de Conservación de Recursos Naturales de Estados Unidos, comenzó en otoño de 2015 y terminó el 30 de septiembre de 2025.

El balance de sus promotores recoge casi 200 visitas y actividades, con alrededor de 4.000 asistentes entre las tres explotaciones durante diez años. Agricultores, investigadores y representantes públicos pudieron conocer las prácticas sobre el terreno, algo útil para discutir cómo incorporarlas a otras fincas.

Conservar y hacer cuentas

En una publicación del proyecto de mayo de 2021, Bill calculaba que adquirir los equipos para labrar en franjas y colocar mejor los nutrientes había costado unos 250.000 dólares. Según su testimonio, el cambio redujo la factura de fertilizantes casi un tercio, unos 100.000 dólares anuales. Son cifras de aquella experiencia, que muestran por qué la inversión inicial también forma parte de estas decisiones.

Ahora, la familia Kellogg figura entre las seis seleccionadas para los premios Ohio Conservation Farm Family de 2026. La ceremonia está prevista para el 24 de septiembre, y el anuncio identifica a Bill y a sus hijos Shane y Jacinta entre los reconocidos por su compromiso con la conservación.

El premio también reconoce la labor de compartir conocimientos con otros agricultores y con la sociedad. El anuncio de las familias premiadas se ha publicado en Ohio Farmer, publicación copatrocinadora del reconocimiento, a través de Farm Progress.

Imagen: Blanchard River Demonstration Farms

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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