Europa está desmontando parte de la infraestructura que levantó durante décadas para dominar sus ríos. En 2025 se retiraron al menos 603 barreras fluviales en 21 países, una cifra récord que permitió reconectar más de 3740 kilómetros de cauces en todo el continente. No es poca cosa.
La clave está en entender que no hablamos solo de grandes presas de hormigón. Muchas de estas barreras son pequeñas estructuras viejas, azudes, alcantarillas o pasos que ya no cumplen una función clara, pero siguen cortando el río como una cremallera mal cerrada. Y cuando un río vuelve a circular, los cambios pueden llegar antes de lo que parece.
No son solo grandes presas
El informe de Dam Removal Europe señala que la mitad de las barreras retiradas en 2025 fueron alcantarillas y el 31% azudes. Las presas representaron alrededor del 10% del total, mientras que el 78% de las estructuras eliminadas medía menos de dos metros de altura.
¿Puede una barrera tan pequeña causar un problema real? Sí. Para un pez migratorio, un muro bajo puede ser suficiente para impedirle llegar a zonas de desove. Para el río, además, cada corte altera el movimiento del agua, de los sedimentos y de los nutrientes.
Por eso los expertos insisten en mirar el conjunto, no solo las grandes obras. Un obstáculo aislado puede parecer poca cosa, pero miles de obstáculos seguidos cambian por completo la vida de un río.
Ríos partidos en pedazos
La dimensión del problema es enorme. Un estudio publicado en Nature estimó que Europa tiene al menos 1,2 millones de barreras dentro de sus ríos, con una densidad media de 0,74 obstáculos por kilómetro. El mismo trabajo advirtió que muchas de ellas son estructuras bajas que suelen pasar desapercibidas.
En la práctica, esto significa que muchos ríos europeos no funcionan como ríos completos, sino como tramos separados. Algo parecido a una carretera llena de cortes, desvíos y vallas. Se puede avanzar, pero no como antes.
La Agencia Europea de Medio Ambiente también recuerda que los cambios físicos en los ríos, como las presas y la canalización, degradan los hábitats naturales. En 2021, solo el 37% de las masas de agua superficial europeas alcanzaba un estado ecológico bueno o alto.
Qué cambia cuando se abre el cauce
Cuando una barrera desaparece, el río recupera parte de su movimiento natural. Vuelve a transportar sedimentos, el agua circula con más libertad y los peces pueden intentar llegar a zonas que llevaban décadas bloqueadas.
El caso del río Hiitolanjoki, en Finlandia, ayuda a visualizarlo. Allí se desmontaron tres presas hidroeléctricas entre 2021 y 2023, y el proyecto abrió nuevas zonas de reproducción para salmón y trucha que llevaban más de 100 años inaccesibles. Poco después de la primera demolición ya se observaron nidos de desove en los rápidos restaurados.
Esto no significa que todos los ríos se recuperen de un día para otro. Cada cauce tiene su historia, sus sedimentos y sus problemas. Pero la experiencia muestra que, cuando la barrera era el gran bloqueo, la respuesta de la naturaleza puede ser sorprendentemente rápida.
La ley europea empuja
El movimiento no surge de la nada. La Regulación de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea, en vigor desde agosto de 2024, incluye el objetivo de restaurar al menos 25 000 kilómetros de ríos a un estado de libre circulación para 2030. También exige que las medidas de restauración cubran al menos el 20% de las zonas terrestres y marinas de la UE antes de esa fecha.
¿Qué significa esto para los países europeos? Que tendrán que identificar barreras, decidir cuáles ya no sirven y priorizar las que más daño causan a la conectividad fluvial. No basta con señalar el problema en un mapa.
Además, los Estados miembros deben presentar sus planes nacionales de restauración a la Comisión Europea antes de septiembre de 2026. El reloj ya corre. Y en materia de agua, suele correr más deprisa de lo que admite la política.
Suecia se pone delante
Suecia lideró las retiradas de 2025 con al menos 173 barreras eliminadas, seguida por Finlandia y España. Además, Islandia y Macedonia del Norte retiraron oficialmente sus primeras barreras, un dato pequeño en apariencia, pero importante para medir cómo se extiende esta práctica.
El propio informe de Dam Removal Europe advierte de que la cifra final puede estar por debajo de la realidad. Algunos países tienen sistemas centralizados para recoger datos, como España, Dinamarca o Estonia, pero en otros lugares el seguimiento sigue siendo más irregular.
Esto importa mucho. Si no se sabe cuántas barreras existen, cuáles están abandonadas y cuáles siguen teniendo utilidad, es difícil tomar buenas decisiones. La restauración también empieza por contar bien.
No todo es tirar hormigón
Retirar una presa o un azud no consiste simplemente en llegar con maquinaria y romperlo todo. Hay que estudiar sedimentos, permisos, impactos en las riberas, seguridad local y posibles contaminantes acumulados. Lo aburrido, aquí, salva problemas.
El informe recoge casos donde la planificación fue clave, como en Macedonia del Norte, donde la retirada de barreras obligó a gestionar riesgos ambientales y retrasos administrativos. A cambio, se reconectaron hábitats importantes para especies de peces autóctonas y se redujeron riesgos para las comunidades cercanas.
La idea de fondo es sencilla. Una barrera obsoleta puede dejar de producir beneficios, pero seguir generando costes ecológicos y de seguridad. Cuando eso ocurre, retirarla deja de ser un capricho ambiental y se convierte en una decisión práctica.
El reto empieza ahora
Chris Baker, director de Wetlands International Europe, resumió esta visión al definir los ríos sanos como «infraestructura natural crítica». También recordó que las presas obsoletas «no tienen por qué quedarse para siempre», una frase que explica bastante bien el cambio de mentalidad.
El reto ahora es escalar. Retirar 603 barreras en un año es un récord, pero sigue siendo una pequeña parte frente al millón largo de obstáculos que fragmentan los ríos europeos. Ahí está la verdadera prueba.
Si Europa quiere ríos más vivos, más seguros y mejor preparados frente a sequías e inundaciones, tendrá que pasar de los proyectos ejemplares a una restauración más ordenada y constante. El informe oficial ha sido publicado por Dam Removal Europe.










