Medio Ambiente

Los suelos vivos son la clave para frenar la desertificación y garantizar los alimentos

El suelo alberga cerca de la mitad de la biodiversidad del planeta, almacena agua, alimenta los cultivos y regula procesos esenciales para la vida. Sin embargo, su degradación avanza por el crecimiento urbano, la contaminación y el cambio climático.

Los suelos vivos son la clave para frenar la desertificación y garantizar los alimentos

Los suelos vivos son la clave para frenar la desertificación y garantizar los alimentos. La importancia de los mismos radica en su papel como base de la producción agrícola y en su capacidad para sostener ecosistemas saludables. Cuando los suelos están vivos, están en equilibrio y son resilientes ante las amenazas del cambio climático, las prácticas agrícolas intensivas y la urbanización descontrolada.

Por el contrario, los suelos muertos o degradados pierden su capacidad de sustentar la vida y se vuelven vulnerables a la erosión, la pérdida de nutrientes y, en última instancia, a la desertificación. Y esto a la larga solo trae noticias negativas para nuestro presente y sobre todo futuro.

La expresión «suelos vivos» se refiere a aquellos suelos que contienen una abundante y diversa comunidad de organismos biológicos, como bacterias, hongos, lombrices, insectos, algas y otras formas de vida. Una riqueza que se traduce en salud para nuestro planeta.

La protección y restauración de estos ecosistemas subterráneos requiere un compromiso global, acciones concretas y una transformación en las prácticas agrícolas y de gestión del territorio. Solo a través de la conservación y promoción de suelos vivos podremos enfrentar los desafíos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la inseguridad alimentaria, asegurando un futuro más sostenible para las próximas generaciones.

Los suelos vivos son la clave para frenar la desertificación y garantizar los alimentos

El suelo alberga cerca de la mitad de la biodiversidad del planeta, almacena agua, alimenta los cultivos y regula procesos esenciales para la vida. Sin embargo, su degradación avanza por el crecimiento urbano, la contaminación y el cambio climático.

Los suelos vivos son la clave para frenar la desertificación y garantizar los alimentos, pero su deterioro continúa acelerándose por la expansión urbana, la pérdida de materia orgánica, la contaminación y el aumento de las temperaturas. Con motivo del Día Internacional de la Conservación del Suelo, investigadores advierten de que proteger este recurso resulta imprescindible para asegurar el futuro de los ecosistemas y de la alimentación.

Lejos de ser una simple superficie donde crecen las plantas, el suelo constituye un ecosistema vivo formado por minerales, agua, aire, microorganismos y millones de organismos que mantienen el funcionamiento natural del planeta. Su degradación compromete desde la producción agrícola hasta la calidad del agua y la biodiversidad.

Los suelos vivos son la clave para frenar la desertificación y garantizar los alimentos porque sostienen la vida

El suelo desempeña funciones que pasan desapercibidas para la mayoría de la población. Actúa como soporte de los cultivos, almacena agua, recicla nutrientes y participa en los ciclos geoquímicos que regulan el equilibrio ambiental.

Según el catedrático Artmi Cerdà, de la Universitat de València, aproximadamente la mitad de la biodiversidad mundial vive bajo nuestros pies. Hongos, bacterias, insectos y otros organismos descomponen la materia orgánica y transforman restos vegetales y animales en nutrientes esenciales para las plantas.

Sin estos procesos naturales, la fertilidad disminuiría rápidamente y la producción de alimentos sería cada vez más complicada.

El crecimiento urbano está sellando algunos de los mejores suelos

El suelo desempeña funciones que pasan desapercibidas para la mayoría de la población. Actúa como soporte de los cultivos, almacena agua, recicla nutrientes y participa en los ciclos geoquímicos que regulan el equilibrio ambiental.

Uno de los mayores problemas actuales es la impermeabilización del suelo mediante asfaltohormigón y nuevas infraestructuras. Cada carretera, urbanización o aeropuerto construido sobre terrenos fértiles reduce de forma irreversible su capacidad para almacenar agua y mantener vida.

Los especialistas defienden que la planificación urbanística debe proteger los suelos agrícolas de mayor calidad y dirigir el desarrollo hacia terrenos menos productivos.

Cuando el suelo queda sellado deja de respirar, pierde actividad biológica y deja de cumplir muchas de sus funciones ambientales.

La pérdida de materia orgánica acelera la degradación

Para la investigadora Engracia Madejón Rodríguez, del IRNAS-CSIC, la disminución de la materia orgánica constituye uno de los principales desafíos ambientales actuales.

Un suelo rico en materia orgánica retiene mejor el agua, soporta con mayor eficacia la erosión, resiste la desertificación y mantiene una elevada actividad biológica. En cambio, un suelo degradado pierde fertilidad y favorece la escorrentía superficial durante las lluvias.

Entre las soluciones destacan mantener cubiertas vegetales, incorporar abonos orgánicos y aplicar laboreos de conservación, técnicas que ayudan a preservar la estructura y la salud del terreno.

Contaminación y desertificación amenazan el futuro del suelo

La degradación no solo está relacionada con el clima o la erosión. Los expertos alertan también de la acumulación de metales pesados como cadmioplomocobre o zinc, además de plaguicidasmicroplásticos y residuos procedentes de fármacos.

Muchos de estos contaminantes pueden incorporarse a la cadena alimentaria a través de las plantas y los animales, afectando tanto a los ecosistemas como a la salud humana.

La desaparición de la cubierta vegetal favorece además la desertificación, un proceso que reduce progresivamente la capacidad del territorio para sostener vida y recuperar sus ecosistemas.

Conservar el suelo significa proteger el futuro del planeta

La protección del suelo se ha convertido en una prioridad para garantizar la producción de alimentos, conservar la biodiversidad y mantener la calidad del agua.

Los investigadores coinciden en que frenar el sellado del territorio, mejorar las prácticas agrícolas y recuperar la materia orgánica son medidas imprescindibles para aumentar la resiliencia frente al cambio climático.

Cuidar el suelo no es únicamente una cuestión ambiental; también representa una inversión directa en la seguridad alimentaria, la economía rural y el bienestar de las próximas generaciones.

Los suelos vivos son la clave para frenar la desertificación y garantizar los alimentos, ya que sostienen procesos biológicos esenciales que hacen posible la agricultura, conservan el agua y mantienen el equilibrio de los ecosistemas.

En un contexto de cambio climático, expansión urbana y contaminación creciente, proteger este recurso deja de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica. La salud del suelo determinará, en buena medida, la capacidad del planeta para alimentar a una población cada vez mayor y conservar su biodiversidad.

Los suelos vivos son la clave para frenar la desertificación y garantizar los alimentos, explicado en 15 segundos

¿Por qué dicen que el suelo está vivo?

Porque contiene millones de microorganismos, hongos, insectos y otros seres vivos que descomponen la materia orgánica, reciclan nutrientes y mantienen la fertilidad necesaria para que crezcan las plantas.

¿Qué está destruyendo los suelos fértiles en España?

Los principales problemas son la urbanización, el asfalto, el hormigón, la pérdida de materia orgánica, la erosión, la contaminación y los efectos del cambio climático.

¿Cómo se puede evitar que un suelo pierda fertilidad?

Los expertos recomiendan mantener cubiertas vegetales, aportar abonos orgánicos, reducir los laboreos intensivos y evitar el sellado del terreno con nuevas construcciones.

¿Por qué la materia orgánica es tan importante para el suelo?

Porque mejora la retención de agua, alimenta a los organismos que viven bajo tierra, aumenta la fertilidad y ayuda a que el suelo resista mejor la erosión y la desertificación.

¿Cómo afectan los plásticos y los contaminantes al suelo?

Los microplásticos, los plaguicidas, los metales pesados y algunos fármacos pueden permanecer durante años en el suelo y llegar a la cadena alimentaria, perjudicando tanto a los ecosistemas como a la salud.

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