El olivar mediterráneo puede capturar carbono y frenar la desertificación. El sector del olivar cuenta con un nuevo aliado científico para medir con precisión cuánta riqueza orgánica retiene la tierra. Un equipo de investigadores ha diseñado un sistema técnico que analiza el impacto real de las prácticas agrícolas en el suelo mediterráneo.
Esta metodología desbanca las estimaciones aproximadas, permitiendo que la sostenibilidad del campo se evalúe con unos datos rigurosos y contrastables. La iniciativa busca transformar la gestión agrícola basándose en las realidades medibles y no en simples promesas ecológicas.
Los expertos han integrado el uso de mantos verdes y barreras naturales para frenar de golpe la pérdida de tierra fértil provocada por las lluvias torrenciales. Mediante modelos informáticos aplicados, cada agricultor puede diseñar una estrategia defensiva a la medida de su propia finca.
La investigación ya traspasa fronteras gracias a una colaboración con China para aplicar estas técnicas de conservación en los cultivos de manzanos. El proyecto consolida una guía práctica imprescindible para frenar la desertificación en las regiones más áridas del planeta.
El olivar mediterráneo puede capturar carbono y frenar la desertificación
Una investigación del Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC estudia cómo los cultivos mediterráneos, especialmente el olivar, pueden almacenar carbono, reducir la erosión y convertirse en una herramienta estratégica frente al cambio climático y la degradación del suelo.
El olivar mediterráneo puede capturar carbono y frenar la desertificación si se gestiona con prácticas capaces de proteger el suelo, aumentar la materia orgánica y mejorar la resistencia de las explotaciones frente a sequías, lluvias torrenciales y pérdida de fertilidad.
El Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IAS-CSIC) trabaja en nuevas metodologías para medir el carbono almacenado en los cultivos mediterráneos y diseñar modelos agrarios más sostenibles, con especial atención al olivar, uno de los paisajes agrícolas más importantes y vulnerables del sur de Europa.
El olivar mediterráneo puede capturar carbono y frenar la desertificación si el suelo se gestiona como un recurso climático
El suelo agrícola ya no puede entenderse únicamente como soporte para producir alimentos. En un contexto de crisis climática, también funciona como almacén de carbono, regulador del agua y barrera frente a la erosión.
El equipo del IAS-CSIC, dirigido en esta línea por investigadores como José Alfonso Gómez, estudia cómo cambian las reservas de carbono orgánico del suelo en cultivos mediterráneos y qué prácticas permiten aumentarlas de forma verificable.
Ese conocimiento resulta clave para diseñar explotaciones más sostenibles y para respaldar futuros sistemas de certificación ambiental, capaces de reconocer a los agricultores que realmente contribuyan a capturar carbono atmosférico y conservar el territorio.
El CSIC desarrolla nuevas herramientas para medir el carbono del olivar
Una de las aportaciones más relevantes de esta línea de investigación es la creación de una metodología actualizada para estimar el contenido de carbono orgánico en el olivar, tanto en la biomasa aérea y radicular como en el suelo.
Medir bien el carbono es imprescindible para evitar estimaciones imprecisas y para diferenciar entre prácticas que aportan beneficios reales y otras que apenas modifican la capacidad de almacenamiento del terreno.
La investigación permite avanzar hacia una agricultura mediterránea más rigurosa, donde la captura de carbono no sea solo un argumento ambiental, sino un dato medible, comparable y útil para mejorar la gestión de las explotaciones.
Cubiertas vegetales y barreras verdes para proteger cultivos leñosos
Durante este año, el IAS-CSIC ha intensificado los trabajos centrados en integrar cubiertas vegetales, barreras vegetales y medidas de control de cárcavas dentro de una estrategia conjunta de conservación del suelo.
Estas prácticas ayudan a reducir la escorrentía, proteger la superficie frente al impacto de la lluvia, mejorar la infiltración del agua y limitar la pérdida de suelo fértil en cultivos leñosos mediterráneos.
Herramientas como el modelo Proseb permiten analizar y diseñar soluciones adaptadas a cada parcela, facilitando que la conservación del suelo deje de ser una recomendación genérica y pase a convertirse en una estrategia técnica concreta.
La agricultura regenerativa gana protagonismo en las zonas áridas y semiáridas
El estudio de estrategias de agricultura regenerativa en olivar forma parte de las principales líneas de trabajo del grupo del IAS-CSIC, especialmente por su capacidad para aportar servicios ecosistémicos.
Estas prácticas pueden mejorar la estructura del suelo, favorecer la biodiversidad, reducir la erosión y aumentar la resiliencia de los cultivos frente a eventos climáticos extremos, cada vez más frecuentes en el Mediterráneo.
Según los investigadores, combinar distintas medidas de conservación no solo ofrece beneficios ambientales, sino que también puede contribuir a la viabilidad económica de las explotaciones agrarias en zonas áridas y semiáridas.
La lucha contra la desertificación necesita ciencia aplicada al territorio
El grupo del IAS-CSIC también ha contribuido a herramientas de referencia como el atlas de desertificación de España, incorporando el caso del olivar para mostrar cómo una gestión adecuada del suelo puede reducir la degradación.
Además, se ha desarrollado una guía de identificación de erosión en olivar, pensada como herramienta práctica para evaluar el riesgo de erosión hídrica en olivares del Mediterráneo y apoyar decisiones de gestión más eficaces.
La investigación trasciende incluso el ámbito mediterráneo. En colaboración con la Northwest A&F University, en China, el equipo ha trabajado en usos sostenibles del suelo en cultivos de manzano en el Loess Plateau, una de las grandes regiones agrícolas del mundo.
La conservación del suelo se está convirtiendo en una de las grandes fronteras de la agricultura del siglo XXI. Sin suelos vivos, fértiles y capaces de retener agua y carbono, la producción alimentaria será cada vez más vulnerable al cambio climático.
El olivar mediterráneo puede capturar carbono y frenar la desertificación, pero para lograrlo necesita ciencia, herramientas de medición, prácticas agrarias adaptadas y políticas que reconozcan el papel de los agricultores en la protección de uno de los recursos más valiosos del planeta: la tierra fértil.
El olivar mediterráneo puede capturar carbono y frenar la desertificación: te lo contamos en 15 segundos
¿Cómo puede el olivar capturar carbono?
El olivar puede capturar carbono mediante la acumulación de materia orgánica en el suelo, el desarrollo de biomasa aérea y radicular, y el uso de prácticas como cubiertas vegetales, manejo sostenible del suelo y reducción de la erosión.
¿Por qué es importante medir el carbono del suelo agrícola?
Porque permite saber si una explotación realmente está aumentando sus reservas de carbono orgánico, algo esencial para diseñar políticas climáticas, certificar beneficios ambientales y mejorar la sostenibilidad agraria.
¿Qué prácticas ayudan a reducir la erosión en el olivar?
Las más destacadas son las cubiertas vegetales, las barreras vegetales, el control de cárcavas, la mejora de la infiltración del agua y una gestión del terreno que reduzca la escorrentía durante lluvias intensas.
¿Qué relación hay entre olivar y desertificación?
El olivar se cultiva en muchas zonas mediterráneas vulnerables a la pérdida de suelo, la sequía y la degradación. Una mala gestión puede acelerar la desertificación, mientras que una gestión sostenible puede ayudar a frenarla.
¿Qué está investigando el IAS-CSIC sobre agricultura sostenible?
El IAS-CSIC estudia la captura de carbono en cultivos mediterráneos, la conservación del suelo, la agricultura regenerativa en olivar, el control de la erosión y herramientas como Proseb para diseñar estrategias más eficaces.
¿La agricultura regenerativa puede mejorar la rentabilidad del campo?
Sí. Además de beneficios ambientales, las prácticas regenerativas pueden mejorar la infiltración del agua, reducir pérdidas de suelo, aumentar la resiliencia frente a sequías y favorecer la estabilidad productiva de las explotaciones.



