¿Qué es la desertificación y por qué amenaza nuestros suelos? La degradación de los sustratos es un gravísimo problema que afecta día a día a millones de familias en todo el mundo. Perder la tierra fértil acorrala a los pueblos más humildes, empujándolos sin remedio a la miseria y al éxodo.
La presión social y los vaivenes del clima aceleran un uso abusivo e insostenible del entorno. Para colmo, las enormes polvaredas que nacen en estos desiertos terminan golpeando a ciudades, aunque estén situadas a miles de kilómetros. La calima que sufre España y el resto de Europa y que viene del Sahara es buen ejemplo de ello.
La desertificación es la degradación persistente de los ecosistemas de las tierras secas y sus implicaciones van mucho más alla del entorno local. Una parte significativa de las tierras secas ya está degradada y la desertificación en curso amenaza a las poblaciones más pobres del mundo y a los medios de vida de los más desarrollados.
¿Qué es la desertificación y por qué amenaza nuestros suelos?: Un desafío que hay que enfrentar
La desertificación es en la actualidad uno de los mayores desafíos ambientales a los que debe enfrentarse el mundo. Es una barrera importante para satisfacer las necesidades humanas más básicas. Porque al acabar con los suelos, conduce a la pobreza y a la migración ambiental.
Las causas de la desertificación incluyen factores sociales, políticos, económicos y climáticos. Los mismos contribuyen a un uso no sostenible de los escasos recursos naturales. La magnitud y los efectos de la desertificación varían mucho de un lugar a otro y cambian con el tiempo. Además, subsisten grandes lagunas en nuestra comprensión y monitoreo de los procesos de desertificación. Que a veces impiden acciones rentables en las áreas afectadas.
Fuera de las tierras secas, la desertificación también tiene fuertes impactos ambientales negativos. Por ejemplo, aumentando la aparición de tormentas de polvo que afectan zonas muy alejadas de las áreas desertificadas y pueden causar problemas políticos, económicos y sociales.
Dependiendo del grado de sequedad de una región, se puede prevenir la desertificación y restaurar los ecosistemas de las tierras secas a través de intervenciones y adaptaciones específicas. Puesto que, esta es la forma más eficaz de hacer frente a dicha problemática. El problema es que los intentos de rehabilitar las zonas desertificadas son costosos y tienden a ofrecer resultados limitados.
¿Qué es la desertificación y por qué amenaza nuestros suelos? Los escenarios desarrollados por los expertos, para explorar el futuro de la desertificación y el bienestar humano en las tierras secas, muestran que es probable que aumente el área total desertificada. Y que el alivio de las presiones sobre las tierras secas, esté fuertemente ligado a la reducción de la pobreza.
Prevenir es la solución a la desertificación
También explican que los enfoques proactivos de gestión serán probablemente los más eficaces para hacer frente a este grave problema. En general, combatir la desertificación genera múltiples beneficios locales y mundiales. Y ayuda a mitigar la pérdida de biodiversidad y el cambio climático mundial inducido y acelerado por la acción del ser humano.
Los enfoques de gestión ambiental destinados a combatir este problema, mitigar el cambio climático y conservar la salud de los suelos están interrelacionados de muchas maneras. Por lo tanto, la aplicación conjunta de medidas ambientales eficaces puede conducir a una mayor sinergia y eficacia, beneficiando a las poblaciones de las tierras secas.
¿Qué es la desertificación y por qué amenaza nuestros suelos? La lucha contra la muerte de los suelos ayudará a reducir la pobreza mundial. Las poblaciones de zonas secas deben tener acceso a alternativas viables y sostenibles, para poder mantener sus medios de subsistencia sin provocar la desertificación. Estas alternativas deberían incorporarse en las estrategias nacionales de los países de todo el mundo.
Recuperar un terreno castigado cuesta una fortuna y rara vez ofrece garantías reales de éxito. Por eso mismo, los especialistas insisten en que la mejor baza siempre será adelantarse y evitar el daño inicial. Apostar por un modelo respetuoso protege la vida autóctona y frena el deterioro del planeta. Dar opciones de futuro a la gente de las zonas secas es la única vía para salvar sus ecosistemas.












