Que viene, que viene … el fracking

Si dejáramos de mirar tanto al suelo buscando energía y mirásemos más al sol o sintiéramos la brisa, no tropezaríamos y nos daríamos cuenta de que la única independencia energética real está ahí.

En las últimas semanas, con una sociedad en shock por la invasión de Ucrania y con el miedo en el cuerpo ante un posible desabastecimiento energético, parecen resucitar soluciones peregrinas como el fracking. El fracking o fractura hidráulica es una técnica muy agresiva de extracción de petróleo y gas que se emplea en rocas porosas. Es el “socarrat” de la extracción de hidrocarburos para entendernos.

El baúl de los proyectos olvidados

Aprovechando la guerra, la industria energética fósil parece haber estar rebuscando en el cajón de los proyectos abandonados, dispuesta a desempolvar cualquier solución milagrosa que nos saque de esta. Supongo que algunos de sus “expertos” han encontrado bajo una capa de polvo el informe de la consultora Deloitte fechado en 2014 sobre el petróleo y gas que se encuentra por explorar en el subsuelo de la cornisa Cantábrica, el Pirineo y otras regiones.

Como la lechera del cuento de Samaniego, que iba al mercado con el cántaro haciendo cábalas con el beneficio que iba a sacar de la venta de la leche, los amantes del fracking construyen castillos de naipes en su particular país de las maravillas con la energía fósil supuestamente escondida en el subsuelo patrio: «¡Tenemos ahí debajo millones de barriles de crudo, billones de metros cúbicos de gas, energía para 70 años de demanda, 44.000 millones de euros, 260.000 empleos anuales! ¡El santo grial energético, vamos! ¡Por fin seríamos casi independientes de los hidrocarburos de otros países! ¡Dejaremos de ser chantajeados por regímenes autoritarios! ¡Ya no necesitaremos operaciones militares para proteger nuestra energía en lugares lejanos!»

Van tan ensimismados como la lechera del cuento, solo miran al suelo buscando un sueño energético. Y me temo que, igual que la lechera, no se dan cuenta de que hay una piedra en medio del camino. Todo apunta a que también van a tropezar y romper su cántaro contra la piedra de la realidad. Su sueño de sacar de las profundidades de la tierra esa energía es imposible, la fractura hidráulica o fracking está explícitamente prohibida por la Ley de Cambio Climático y Transición Energética y en muchas comunidades autónomas por razones evidentes. Es un suicido ambiental, climático y un proceso de extracción de recursos caro y lento.

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Instalación de fracking junto a un cementerio en Texas, EEUU.

Piedras de realidad contra el cántaro del fracking

¿Por qué es un horroroso plan intentar sacar esa energía? Pues bien, esta técnica es mucho más invasiva que la manera convencional de extraer hidrocarburos. Sus principales impactos son:

  • 🌳 Impacto en la biodiversidad. Ocupa amplias áreas de territorio y lo deja como un queso gruyere, con cientos de pozos muy cerca unos de otros (la separación entre ellos ronda entre 0,6 a 2 km). Los pozos conllevan maquinaria pesada, instalaciones, construcción de balsas artificiales de agua, carreteras, etc. Evidentemente toda esta infraestructura y el trasiego de maquinaria impacta gravemente a la biodiversidad.
  • 💧 Huella y contaminación hídrica. Los amantes de la fractura también suelen olvidar que vivimos en un país semiárido y esta técnica requiere  inyectar en cada pozo entre 9.000 y 29.000 metros cúbicos de agua con un cóctel químico y tóxico. Además mucha de este agua nunca se recupera, quedándose en el subsuelo y contaminado los acuíferos.
  • 💩 Genera muchos residuos de muy difícil tratamiento. Como necesita perforaciones horizontales muy profundas cada pozo genera en torno a 20 toneladas de lodos contaminados con fluidos de perforación y miles de metros cúbicos de agua de retorno.
  • 🔥 Fugas de metano. Casi cada pozo y tubería de gas fósil tiene fugas de metano. El metano es un destructor climático que tiene un potencial de efecto invernadero de más de 80 veces superior al dióxido de carbono. Un pozo de fracking emite aún más metano que uno convencional. Según un estudio, las fugas son del 4% del gas extraído, sin incluir las pérdidas adicionales en el sistema de tuberías y distribución.
  • 🚛 Emisiones directas. Es una técnica que necesita mucha energía, es decir, consume una gran cantidad de diésel y por lo tanto tienen grandes emisiones directas de CO2. Se calcula que cada pozo requiere entre 4.300 y 6.600 viajes en camión para la maquinaria, el transporte de agua e insumos, limpieza, etc.
  • 🏚️ Puede provocar microsismos.  La inyección y extracción de fluido a muy alta presión necesario para el fracking puede causar un aumento de los temblores sísmicos de pequeña magnitud.
  • ⛏️ Cada pozo necesita varias toneladas de arena de sílice. Esta arena es especial y necesita de minería, transporte y almacenaje.
  • 💸 Dudosa rentabilidad. Tiene unos elevados costes y su negocio depende de las fluctuaciones del precio del gas: para ser lucrativo, necesita fuertes tensiones y conflictos en el mercado de la energía (¡lo último que necesitamos!). Es una técnica de extracción cara, que promete una producción explosiva al principio, pero que se desinfla al poco tiempo.
  • ⌛ Tarde y mal. Como tantos proyectos de energías sucias (combustibles fósiles, nuclear…), sus plazos de explotación son larguísimos (frente a la rapidez de instalación de renovables): son incompatibles con la emergencia climática y, directamente, un insulto como respuesta a la emergencia humanitaria. Incluso en un mundo de piruletas fósiles, si tuviera todas las leyes comunitarias, estatales, autonómicas y municipales a favor y empezasen mañana mismo los trámites para destrozar el norte de la península con la fiebre del fracking, apenas empezaríamos a extraer algo de gas de manera viable dentro de una década. Mientras tanto, ¡el IPCC nos acaba de recordar que el pico de emisiones debe llegar antes de 2025! Por supuesto, de solución energética a la guerra de Ucrania, ¡nain!

Curiosamente los “fans del fracking” olvidan estos impactos y prometen importantes ventajas incluso para el medio ambiente. ¡Otro caso de lavado verde!

Detrás se esconde una cuestión puramente económica. La industria del fracking en EEUU es otra burbuja financiera como la del ladrillo en España. Con precios altos del gas y el petróleo, como ahora, se dispara la demanda y sus promotores se vuelven locos perforando y sus acciones suben. Pero tan pronto como el precio del gas y del petróleo bajan, las perforadoras del fracking, como las constructoras del ladrillo, se vuelven empresas “zombies” y a la larga quiebran.

Además, aunque el fracking tuviera “éxito”, lo único que haríamos sería prolongar la dependencia de los combustibles fósiles, cuyo uso debemos abandonar para tener opciones de evitar un cambio climático muy peligroso al sobrepasar el límite de calentamiento global de 1,5 ºC fijado en el Acuerdo de París, como nos acaba de recordar el IPCC. Tenemos que abandonar el gas fósil, empezando por el procedente de Rusia, que financia la guerra, y siguiendo con el de fracking por ser tan destructivo.

La moraleja de este cuento podría ser que, si dejáramos de mirar tanto al suelo buscando energía y mirásemos más al sol o sintiéramos la brisa, no tropezaríamos y nos daríamos cuenta de que la única independencia energética real está ahí, en aprovechar esas energías infinitas. Las energías renovables son tecnologías maduras, más rápidas de desplegar y más baratas que las fósiles, incluido el fracking, y mucho más baratas y rápidas que la nuclear. Tenemos análisis como el “Energía 3.0” que muestran que sí podemos alcanzar un sistema energético totalmente basado en renovables. Es absurdo perder tiempo y dinero en busca de otros combustibles fósiles con potenciales impactos graves para el planeta. Cada minuto y cada euro que gastamos en busca de El Dorado es un minuto que se esfuma y un euro que se pierde en camino de las verdaderas soluciones: energías renovables y eficiencia energética.

La oscarizada actriz Emma Thompson en una protesta contra el fracking en Reino Unido.

Francisco del Pozo Campos - autor del blog.

Francisco del Pozo Campos

Ingeniero Técnico Industrial especializado en mecánica, Graduado en Ingeniería Energética, Responsable de gas fósil en Greenpeace @fpozo28
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