“El santuario de primates más importante de España está a punto de tener que cerrar por falta de fondos. Pero dentro de los recintos hay seres vivos que ya han sufrido bastante y que no merecen quedarse sin hogar.”
Los animales que viven en Rainfer no han tenido una vida fácil. Fueron maltratados, obligados a participar en espectáculos a base de amedrentamiento y terror, algunos tienen dedos amputados, a muchos les arrancaron los colmillos, en fin, que cuando llegaron al santuario, su estado físico y mental era en la gran mayoría de los casos, deplorable.

El objetivo de Rainfer es proporcionar a estas criaturas un lugar seguro en el que vivir con dignidad lo que les reste de existencia, ya que tras sus vivencias pasadas es impensable reinsertarlos en ningún medio salvaje. Si el Santuario cierra sus puertas lo más posible es que se los tenga que sacrificar, que es el peor de los temores de sus cuidadores.

Maxi
Este chimpancé pequeñito y raquítico sufrió una carencia alimenticia grave que hizo que no creciera lo suficiente y que a su edad tenga casi la mitad del tamaño que le correspondería. Fue un monito de circo durante muchos años, malviviendo con su hermano Iván en un carromato casi sin luz ni ventilación, de donde fueron rescatados en 2009.
Por los malos tratos sufridos padece del “síndrome de la mano extraña”, una dolencia provocada por un daño cerebral severo (quizá un golpe) por lo que debe ser medicado el resto de su vida. Es uno de los habitantes más viejos de Rainfer y se estima que tiene unos 40 años.

Guillermo
En 2007 Guillermo llegó al santuario en un estado calamitoso. Sufría de alopecia (pérdida del pelo), algunas deformaciones por mala posición y falta de movimiento, agorafobia (terror a los espacios abiertos) y fotofobia (temor a la luz) a causa de haber estado encerrado durante 12 años en una pequeña jaula tapado con un plástico.
Además de eso, estaba desnutrido por haber tenido una mala alimentación basada en golosinas y comida industrializada, por lo que re acostumbrarlo a los alimentos sanos, fue toda una odisea. Animarse a salir del recinto y jugar al aire libre le costó dos años, pero ahora está completamente recuperado de sus males y se ha integrado al grupo en el que vive feliz.

Macacos de Gibraltar
Cada uno de estos monitos significa una madre asesinada. Para poder arrancarlos de la piel de sus progenitoras que son capaces de todo para defenderlos y protegerlos, los cazadores de mascotas las matan y luego les quitan a sus bebés, que pasan a formar parte de los cargamentos ilegales de animales domésticos, que desde España se distribuyen al resto de Europa.
En el santuario hay varios de estos ejemplares que estaban en casas de familia como si fueran un perro o un gato, pero que terminaban siendo castigados o maltratados, pues su comportamiento no siempre es el que se espera, ya que definitivamente son animales salvajes y no domésticos y han sufrido vejaciones desde que eran unos bebés.

Boris
Este orangután no conoció la paz hasta que llegó a Rainfer en 2008. Su madre murió cuando él nació en un zoo de Holanda, se cree que por problemas en el parto él mismo quedó con un defecto que es el labio inferior caído. Fue vendido para ser parte de un espectáculo y cuando apenas contaba con 2 años y ya no fue tan “manejable”, ingresó en el primer zoo.
Luego pasó por otros dos más hasta que finalmente cuando el último (en Valencia) cerró, tuvo la oportunidad de conocer lo que era vivir tranquilo y aunque padece una enfermedad crónica respiratoria, es un animal inteligente, curioso y muy feliz.

Monos capuchinos
En Rainfer hay cuatro monos capuchinos: Brutus el líder, Llani, Peque y Margo. Fueron rescatados por el Seprona cuando un traficante intentaba venderlos de forma ilegal. Son muy amigables y compañeros y una de las principales fuentes de disfrute para los niños que van a conocer el santuario.

Lémures de cola anillada
Estos simpáticos primates que se suelen ver sueltos en muchos zoológicos son muy amigables, tanto que hay gente desaprensiva que los mete dentro de sus mochilas y se los roba. Pero claro, cuando llegan a casa, ya no es tan divertido tenerlos y la mayoría de las veces intentan domeñar lo que para ellos son actividades normales (trepar, colgarse y saltar) a palos. Tras los maltratos, terminan en sitios como Rainfer.

El objetivo Rainfer
Además de curar, alimentar, medicar y velar por la tranquilidad de estos animales, el objetivo de Rainfer es enseñar, es explicar que si no hubiera maltrato animal, ni circos, ni mascotas exóticas, estos lugares no serían necesarios. Si se erradica la causa del sufrimiento de estos animales, llegará el día en el que se hará innecesario que existan santuarios de rehabilitación y descanso para estas criaturas.



















