En un principio, el padre, Julius, no se separaba de ella. El momento del parto en esta especie es, por sus características anatómicas, muy complicado, algo que en la naturaleza puede atraer a leones y hienas en busca de una madre debilitada o una cría inexperta.
El parto concluyó en los establos, con una caída desde 2,5 metros de altura. La evolución ha posicionado a los fetos de jirafa para que nazcan con las patas delanteras por delante, para romper el impacto contra el suelo. De nacer de cabeza, ésta se estrellaría contra el suelo, y si la cabeza fuese lo último en salir, muy probablemente el cuello se fracturaría durante el proceso debido al peso del cuerpo.
Tras el parto, su madre y el resto de jirafas de la manada se afanaron en oler y lamer al pequeño, quien se puso en pie a los pocos minutos. Desde el nacimiento hasta alcanzar la edad adulta, en cuatro años, el cuello de la joven jirafa crecerá en longitud y proporción, aumentando la longitud de las patas delanteras.
Ahora es un sexto de la altura total, el tamaño ideal para no darse un golpe durante el parto y llegar hasta las ubres de su madre para amamantarse, y crecerá hasta suponer un tercio de la altura total, longitud que excede a la de las patas delanteras, y permitirá a la jirafa beber de pié.
Madre y cría se encuentran bien. Están de momento en las dependencias interiores, para asegurarse que todo vaya bien, y en unos días estarán a la vista del público. Se trata de la segunda jirafa que nace en Bioparc Valencia, la séptima de su manada.
Los partos a la vista del público son cada vez más frecuentes en Bioparc Valencia. Hace unos días nació el primer impala de la temporada, también en la sabana y a la vista del público. Y el 1 de julio, también ante los ojos de algunos privilegiados visitantes, nació una cría de sitatunga, especie propia de los bosques ribereños ecuatoriales. Facóqueros, potamóqueros, mangostas, antílopes y jirafas han nacido recientemente en plena luz del día.
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