Aproximación a la riqueza faunística del nuevo Parque nacional de Guadarrama

Publicado el: 20 de junio de 2013 a las 09:43
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Aproximación a la riqueza faunística del nuevo Parque nacional de Guadarrama

La Sierra de Guadarrama es una singular región montañosa del centro de la Península Ibérica, que corresponde a una buena parte del sector oriental del Sistema Central; es el núcleo principal de los Montes Carpetanos, que siguen más o menos la dirección de los paralelos terrestres, aunque con una ligera desviación hacia el norte en su porción oriental, de tal manera que el eje geográfico del Sistema es más bien ENE-OSO. Esta disposición geográfica, por otra parte común en la Península, ha contribuido a la singularidad de la biota, al dejar aisladas poblaciones de animales y plantas en relación con las fluctuaciones del clima en los últimos cien mil años, al menos. La retirada hacia el norte de las condiciones glaciares, en periodos de aumento de las temperaturas, iba acompañada con una elevación en altitud de las condiciones frías en las montañas, con el consiguiente aislamiento de las poblaciones de las especies asociadas a ellas al estar separadas por valles (en este caso el del Duero) con condiciones más benignas; este fenómeno biogeográfico no podría haberse producido de estar conectadas las cadenas montañosas, o de haber tenido una disposición preferentemente norte-sur.

En el caso del Sistema Central el aislamiento fue algo menor que en las cordilleras béticas o penibética, por su proximidad y conexión parcial con el Sistema Ibérico a  través del Macizo de Ayllón y de las tierras altas de Guadalajara o de Soria. A esta  circunstancia geográfica se une la diversidad ecológica causada por la altitud; en efecto, el aumento de altitud supone un descenso de la temperatura; se estima que cada 100 metros aproximadamente la temperatura desciende casi un grado, independientemente de la latitud de las montañas. En invierno la variación es de 0.45oC y en verano de hasta 0.70oC. Por ello, las especies más termófilas, por ejemplo de origen africano, solo van a poder ocupar los pisos basales de las montañas, mientras que las especies norteñas, o los relictos del periodo glaciar, ocupan las zonas más elevadas de la Sierra. En el clima obviamente también influyen las precipitaciones que, en el caso de Guadarrama, siguen en términos generales la pauta de continentalidad de la mayor parte de la Meseta que lo rodea, si bien con ciertas y destacadas peculiaridades.



El Sistema Central tiene un régimen de precipitaciones de clima mediterráneo debido más a su irregularidad que a su cuantía, además de su marcada sequía estival; por otra parte, la Sierra es más lluviosa que la meseta circundante, además de adquirir una característica manta nívea en el invierno, tanto más duradera, cuanto más próxima a las cumbres, o menos expuesta a la solana; uno de los rasgos más destacados de la cobertura de nieve de la Sierra es su carácter efímero, en particular en la vertiente meridional. Los suelos silíceos, en gran parte derivados de un sustrato rocoso de granitos y gneises, contrastan con muchas de las áreas circundantes mesetarias, en general calizas o con componentes evaporíticos como el yeso.  

Ya de por sí, y debido a su posición central en la Península, el Sistema Central puede considerarse como una «encrucijada zoogeográfica» (SANTOS, 1989), que recoge fauna de múltiples procedencias: iberoatlántica, europea, asiática occidental (del próximo y medio oriente), norteafricana y mediterránea ibérica. Todas estas, y algunas otras peculiaridades geológicas, geográficas y climáticas, han modelado una vegetación rica y singular, que alberga una igualmente rica y singular fauna. A todo ello se une una larga historia de influencia humana que ha condicionado la distribución de las formaciones vegetales, ha alterado la dinámica de la flora y la fauna y ha llegado a convertirse en factor ineludible para entender el funcionamiento de la Sierra y, por tanto, su conservación. A unos usos inicialmente forestales (leñas, madera, etcétera) se añadieron la caza, la pesca, la agricultura, la ganadería, el aprovechamiento hidráulico, el deporte y el turismo; por último llegó el urbanismo, por el que la Sierra sufrió mucho más que por cualquiera de los iniciales factores antrópicos.



En relación con los límites del territorio, en este bosquejo de la riqueza faunística de la Sierra de Guadarrama no vamos a detenernos apenas, ya que poco tienen que ver las lindes de carácter administrativo, político o económico, con  las áreas de distribución de las especies, en particular de los insectos o las plantas.

 

APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL CONOCIMIENTO FAUNÍSTICO DEL GUADARRAMA

 

Al parecer el testimonio faunístico más antiguo conservado referido a la Sierra de Guadarrama data del siglo XIV y es el Libro de la Montería de Alfonso XI, en el que se alude a un territorio agreste y montaraz, poblado de “osos e puercos”.  De mediados del siglo XV es la crónica de Enrique IV, de Alonso de Palencia (1423-1492), en la que se vuelve a mencionar la Sierra de Guadarrama como un terreno propicio para la caza de jabalíes, osos, ciervos, cabras monteses y gamos. En esta época se construye el primer monasterio del Paular. A partir del siglo XV se han de regular los usos de la Sierra, sobre todo en relación con la madera y la leña, intensificados tras el establecimiento de la fábrica de vidrio en La Granja de San Ildefonso. El empleo de las armas de fuego acrecentó la presión sobre las especies cinegéticas y, de manera paralela, sobre las denominadas “alimañas” (en términos generales, vertebrados depredadores). Se conocen documentos alusivos a estos vertebrados capturados en Valsaín desde el último cuarto del siglo XVIII; por ejemplo, entre 1829 y 1831 se capturaron 363 tordillos, 130 zorras, 38 garduñas, 4 aguiluchos, 9 lobas, 2 lobos, 3 nutrias, 5 tejones, 3 cigüeñas negras, 3 gatos monteses, 1 turón y 2 alcotanes (CABERO DEL RÍO et al., 2006).

Para el conocimiento del estado de conservación de los vertebrados de Guadarrama en la segunda mitad del siglo XIX es fundamental el trabajo de Joaquín María de Castellarnau, ingeniero de montes al que se le encomendó la ordenación de los montes de Valsaín; en 1877 publicó su «Estudio ornitológico del Real Sitio de San Ildefonso y su entorno» (CASTELLARNAU, 1877). Este trabajo resultó innovador y es considerado hoy una obra de referencia por su carácter pionero y su originalidad, por su concepción “ecológica” o incluso “biogeográfica”. Castellarnau no hizo un simple catálogo de Aves; ya que según sus propias palabras «mi objeto no es presentar la lista descarnada de las especies que he observado, sino que quisiera al mismo tiempo trazar el cuadro de los fenómenos ornítico-periódicos, y hacer ver las relaciones que existen entre las diversas agrupaciones de especies y las distintas localidades, caracterizadas por diferencias de altitud, suelo, vegetación, etc.; en una palabra, describir la facies ornitológica de esta localidad” (CASADO, 2000). Castellarnau describió los ambientes de los Montes de Valsaín, y aportó para cada uno datos geológicos, climatológicos, botánicos y zoológicos. Su estudio demuestra un gran conocimiento del terreno y un considerable interés por los más variados aspectos de la naturaleza. Pero, sobre todo, cabe destacar que relacionó la distribución de las aves con factores ambientales, en lo que definió como «agrupaciones de Aves”. Este enfoque “ecológico” era totalmente novedoso en la época, aunque lamentablemente el trabajo pasó bastante desapercibido (SANZ HERRÁIZ, 1992; CASADO, 2000). Años más tarde su interés por la zona se recogería en la «Guía y descripción del Real Sitio de San Ildefonso” que, junto con Rafael Breñosa, publicó en 1884.

 

Graells es recordado principalmente por el descubrimiento de la famosa Graellsia isabelae, un soberbio lepidóptero que se ha convertido en emblema de la entomología española. Descripción original de Graells de 1849.GRAELLS Y LA GRAELLSIA ISABELAE

 

De la misma época es la monumental, aunque trasnochada, obra de Graells Fauna Mastozoológica Ibérica, en la que se ofrecen curiosos datos acerca de la fauna de mamíferos de la Península, con continuas referencias a la Sierra de Guadarrama (GRAELLS, 1897), como la presencia de linces en el área de El Escorial, donde Graells tenía una casa. Mariano de la Paz Graells es una figura muy relevante en la historia del conocimiento faunístico del Guadarrama. Este naturalista realizó numerosas prospecciones entomológicas y botánicas en la Sierra, con frecuencia a pie desde su casa de El Escorial.

Graells es recordado principalmente por el descubrimiento de la famosa Graellsia isabelae, un soberbio lepidóptero que se ha convertido en emblema de la entomología española. Al parecer, el físico Juan Mieg, uno de los primeros entomólogos españoles de los que tenemos noticia (aunque era de origen suizo), había informado a Graells de la existencia de una rara mariposa en La Granja de San Ildefonso, adonde la habría visto durante sus estancias en el Palacio como profesor del rey Fernando VII, hacia 1830. Obsesionado con esta revelación, Graells buscó y buscó el insecto, hasta que en 1848 encontró en Pinares Llanos (Peguerinos, Ávila) unas orugas que supuso podrían corresponder a la misteriosa mariposa; en la primavera de 1849 obtuvo el éxito largamente perseguido, ya que las orugas habían pupado y de la pupa avivó un adulto de sorprendentes colores verdes y negros; este insecto, perteneciente a la familia de los satúrnidos, fue descrito ese mismo año con el nombre de Saturnia isabelae, en honor a la reina Isabel II; años más tarde, Grote, un entomólogo norteamericano, cambió el nombre genérico de la isabelae y la incluyó en un nuevo género dedicado al descubridor de la especie, con lo que quedó configurado el nombre con el que se conoce universalmente a este bello insecto: Graellsia isabelae (VIEJO, 1992).

Curiosamente Graells solo descubrió este lepidóptero, ya que el orden al que se dedicó fundamentalmente fue el de los coleópteros, de los que describió numerosas especies, la mayoría procedentes de la Sierra de Guadarrama, como por ejemplo: Aphodius carpetanus (Graells, 1846), Chasmatopterus hispidulus (Graells, 1846), Mimela rugatipennis (Graells, 1849), Onthophagus stylocerus (Graells, 1851), Rhizotrogus chevrolati (Graells, 1858) y Amphimallon sainzi (Graells, 1858). Graells asimismo fue un precursor de la piscicultura en España, y bajo su impulso y dirección se construyó la primera piscifactoría española en los estanques de los jardines palaciegos del Real Sitio de San Ildefonso, en la parte segoviana de la Sierra de Guadarrama.

Otros entomólogos que estudiaron la fauna de la Sierra de Guadarrama a mediados del siglo XIX fueron el coleopterólogo Laureano Pérez Arcas y su discípulo, el eminente ortopterólogo Ignacio Bolívar y Urrutia, quien describió varias especies de saltamontes, como Ctenodecticus populus (Bolívar, 1877), procedente de El Escorial. En el libro homenaje a D. Ignacio Bolívar, publicado en 1922 por sus discípulos (en particular por Manuel Cazurro Ruiz) y reeditado en 1988 (GOMIS, 1988) se narran jugosas anécdotas acerca de las excursiones entomológicas a la Sierra de Guadarrama; en concreto, Cazurro relata una que tuvo lugar en octubre de 1886, cuando un grupo de estudiantes y profesores, entre los que se encontraban Ignacio Bolívar, Francisco Giner de los Ríos, Manuel Cossío, Ricardo Rubio, Francisco Quiroga y el propio Manuel Cazurro, entre otros; tras llegar a Villalba en ferrocarril, hicieron noche en una tienda de campaña al pie de la Sierra (“pasada la Venta de la Trinidad”) y siguieron a pie al día siguiente hasta el Puerto de Navacerrada, los Cabezos y el Canchal Grande; y tras una segunda noche en vivac subieron a Peñalara. No es raro que estos intelectuales y naturalistas acompañaran a D. Ignacio Bolívar en estas excursiones, ya que muchos de ellos fueron miembros de la Institución Libre de Enseñanza. El 19 de noviembre de 1886 se constituía en el seno de la Institución Libre de Enseñanza, en Madrid, una sociedad para el estudio del Guadarrama (cita textual tomada de CASADO, 2000), lo que es una muestra más de la importancia que esta institución otorgó a la Sierra y al, entonces llamado, excursionismo. En esa época de Villalba a La Granja había que ir en diligencia o bien andando, y muchos naturalistas así lo hacían mientras colectaban insectos. Pérez Arcas descubrió al menos dos especies de coleópteros en Guadarrama: Rhizotrogus neglectus (Pérez Arcas, 1865) (de El Escorial) y Monotropus laticollis (Pérez Arcas, 1874)  

 

En septiembre de 1935 tiene lugar en Madrid el VI Congreso Internacional de Entomología, lo que atrae a la capital a los más eminentes entomólogos de la época, como B. Uvarov, M. Burr, C. Willemse, G. Paoli, F. Bodenheimer, R. Jeannel, etc. Durante este congreso se organiza una excursión científica a la Sierra de Guadarrama. En primer plano Eugenio Morales y Bodenheimer. Foto: Archivo UAM. LA ESTACIÓN ALPINA DE BIOLOGÍA

 

El interés por la Sierra de Guadarrama fue creciendo entre los zoólogos de principios del siglo XX, en gran medida gracias al impulso de Bolívar y de la Real Sociedad Española de Historia Natural. En 1911 se construye la denominada Estación Alpina de Biología, que no es sino un centro de investigación que crea el Museo Nacional de Ciencias Naturales en el paraje del Ventorrillo, término municipal de Cercedilla (Madrid). Hacia 1930 ya se habían publicado numerosos trabajos de entomólogos que colectaron y estudiaron los insectos del Guadarrama, como Cándido Bolívar (Orthoptera), Gonzalo Ceballos (Hymenoptera), Ricardo García Mercet (Hymenoptera), etcétera. En cierta medida como reconocimiento a la ingente labor científica de D. Ignacio Bolívar, en septiembre de 1935 tiene lugar en Madrid el VI Congreso Internacional de Entomología, lo que atrae a la capital a los más eminentes entomólogos de la época, como B. Uvarov, M. Burr, C. Willemse, G. Paoli, F. Bodenheimer, R. Jeannel, etc. Durante este congreso se organiza una excursión científica a la Sierra de Guadarrama, y se visitan entre otros lugares la Estación Biológica del Ventorrillo, el Puerto de Navacerrada, El Escorial y La Granja de San Ildefonso; en muchos de estos parajes los entomólogos europeos colectan insectos y reciben las pertinentes explicaciones de los colegas españoles (VIEJO MONTESINOS Y GOMIS BLANCO, 2006). En 1930 se habían declarado los sitios naturales de interés nacional de La Pedriza de Manzanares, el pinar de la Acebeda, la Cumbre y las lagunas de Peñalara, y se crea el monumento natural de interés nacional de la Peña del Arcipreste de Hita. En esa época surgen la Sociedad Deportiva Peñalara y el Club Alpino Español.

R. Ebner en El Ventorrillo (Cercedilla) el 10 de septiembre de 1935. La foto del archivo fotográfico de Eugenio Morales Agacino depositado en la UAM. 

 

La Guerra Civil contribuyó a la degradación de algunas zonas, en especial las zonas de Guadarrama próximas al frente. El lobo, que a finales del siglo XIX era considerado todavía abundante en la Sierra, se extinguió hacia los años 50, volviendo a ocupar, aunque esporádicamente, estas sierras a finales del siglo XX. La última mitad del siglo XX marca un punto de inflexión, al disminuir la explotación de diversos recursos naturales serranos, como los pastos, la leña y la madera. Así, el declive de la trashumancia redujo la presión ganadera sobre los pastos de altura. Por otra parte, la leña empezó a ser sustituida por otros combustibles, con la consiguiente recuperación del roble. A la recuperación de la cubierta vegetal, constatable en muchos lugares mediante el análisis de fotografías tomadas en diversos enclaves en la primera mitad del siglo XX, se une la recuperación de algunas especies singulares, como el corzo o el lobo, acaecida en las últimas décadas. La disminución de la presión cinegética también está favoreciendo una ampliación del área de distribución del que fuera su principal depredador natural, el lobo, que se está extendiendo hacia el sur a partir de sus territorios tradicionales en la meseta castellana (Valladolid), siendo previsible su regreso y estabilización en la Sierra en un futuro cercano. Sin embargo otras especies han sufrido un declive progresivo, como el desmán de los Pirineos, que ha desaparecido de la mayoría de los cursos fluviales de la Sierra.

En relación con el interés científico y el conocimiento faunístico de Guadarrama, el panorama cambia tras la Guerra Civil, después del impulso acaecido en el primer tercio del siglo XX. Muertos, exiliados o caídos en desgracia, muchos naturalistas abandonan el estudio de la Sierra de Guadarrama; es el caso de Ignacio y Cándido Bolívar, y Dionisio Peláez, entre otros entomólogos, o del catedrático, jurista e impulsor del excursionismo en Guadarrama dentro de la ILE, Constancio Bernaldo de Quirós. La falta de medios y la penuria general del país dificulta e incluso paraliza la investigación en España, y apenas avanza el conocimiento zoológico de la Sierra de Guadarrama. En los años sesenta aparecen nuevos trabajos entomológicos de Guadarrama, como los de SELGA (1962) sobre colémbolos o PÉREZ ÍÑIGO (1965) sobre ácaros oribátidos. Pero es en la década de 1970 cuando el conocimiento entomológico de la Sierra de Guadarrama cobra un extraordinario impulso, fundamentalmente por la actividad de la Cátedra de Zoología de Artrópodos de la Universidad Complutense, dirigida por el Profesor Salvador Peris. Como estrategia científica se plantea el conocimiento faunístico de los artrópodos de la vecina Sierra, asombrosamente poco conocida hasta entonces. Así se emprenden y concluyen entre 1975 y 1981 numerosas tesis doctorales, entre las que cabe mencionar la de Francisco Novoa sobre Coleoptera Carabidae, Raimundo Outerelo sobre Coleoptera Staphylinidae, Víctor Monserrat sobre Neuroptera, Juan José Presa sobre Orthoptera Acrididae, Jacinto Berzosa sobre Thysanoptera, Luis Subías sobre ácaros oribátidos, Carlos Pérez Íñigo sobre Hymenoptera Apoidea, María Dolores Martínez sobre hormigas, etcétera. El interés por el conocimiento entomológico crece y crece y en los años ochenta y noventa se abordan nuevos estudios faunísticos, ecológicos y biogeográficos de los artrópodos de Guadarrama, como los de DE LOS MOZOS PASCUAL (1985) sobre Coleoptera Alleculidae, VIEJO (1984), VIEJO et al. (1985) sobre mariposas de los sotos del Guadarrama, GARCÍA BARROS et al. (1993) sobre mariposas, SANZ BENITO et al. (1996) sobre Coleoptera Curculionidae, ROMERA et al. (1999) sobre lepidópteros, VIEJO (1999) sobre las mariposas de Peñalara y el Valle del Lozoya, VIEJO et al. (1992), etcétera. Existen además varios estudios sobre los macroinvertebrados de diversos ríos de Guadarrama (CASADO et al., 1990).

 

 

Luscinia svecica: Pechiazul. Foto: Juan Carlos del Villar.LOS VERTEBRADOS DE GUADARRAMA. RIQUEZA Y SINGULARIDAD

Dada la obligada brevedad, no es propósito de este artículo una descripción detallada de la fauna de la Sierra de Guadarrama; como mucho incluiremos algunas listas de especies, pero con escaso detalle de sus áreas de distribución serrana. Para los vertebrados hemos utilizado la información recogida por Miguel Lizana y publicada en CABERO DEL RÍO et al. (2006).

 

 PECES

Orden SALMONIFORMES

Familia SALMONIDAE

Salmo truta: Trucha común

Oncorhynchus mykiis: Trucha arco iris * introducida

 

Orden CYPRINIFORMES

Familia CYPRINIDAE

Barbus bocagei: Barbo común o de Bocage. Carassius auratus: Carpín. Chondrostoma arcasii: Bermejuela. Gobio lozanoi: Gobio. Squalius Bordallo

Familia COBITIDAE

Cobitis calderoni: Lamprehuela

Orden PERCIFORMES

Familia CENTRARCHIDAE

Lepomis gibbosus :Pez sol* introducida  

 

ANFIBIOS

Rana verde. Foto: Juan Carlos del Villar. 

 

En la Sierra de Guadarrama se han citado 18 especies de anfibios: 6 urodelos y 12 anuros. Hemos utilizado la taxonomía propuesta por la AHE (Asociación Herpetológica Española) en el año 2005, de acuerdo a los trabajos de GARCÍA PARÍS et al. (2004) y otros. Datos procedentes de CABERO DEL RÍO et al. (2006) y PLEGUEZUELOS et al. (2002).  

Orden URODELA

Familia SALAMANDRIDAE

Pleurodeles waltl :Gallipato. Salamandra salamandra: Salamandra común

Triturus marmoratus: Tritón jaspeado. Triturus pygmaeus: Tritón pigmeo

Mesotriton alpestris

Orden ANURA

Familia DISCOGLOSSIDAE

Alytes (Alytes) obstetricans: Sapo partero común. Alytes (Ammoryctis) cisternasii: Sapo partero ibérico. Discoglossus galganoi :Sapillo pintojo  ibérico. Discoglossus jeanneae: Sapillo pintojo  meridional

Familia PELOBATIDAE

Pelobates cultripes: Sapo de espuelas

Familia PELODYTIDAE

Pelodytes punctatus: Sapillo moteado

Familia BUFONIDAE

Bufo bufo: Sapo común. Bufo calamita Sapo corredor

Familia HYLIDAE

Hyla arborea: Ranita de San Antón. Hyla meridionalis

Familia RANIDAE

Rana iberica: Rana patilarga. Rana (Pelophylax) perezi :Rana verde  común

 

La fauna de anfibios de la Sierra de Guadarrama es relativamente rica, ya que alberga 18 de las 31 especies ibéricas, alrededor del 60% de la fauna ibérica. La vertiente meridional tiene al menos dos especies que no están presentes en la septentrional: el tritón pigmeo (Triturus pygmaeus) y la ranita meridional (Hyla meridionalis), además del tritón alpino (Triturus alpestris), especie introducida en las lagunas de Peñalara (LIZANA en CABERO DEL RÍO et al., 2006). Como especies más destacadas podemos mencionar la salamandra común (Salamandra salamandra) y la rana patilarga (Rana iberica), calificadas como Vulnerables en el Libro rojo (MÁRQUEZ Y LIZANA, 2002). Ambas especies ocupan praderas de alta montaña y arroyos de los bosques caducifolios y pinares y están claramente amenazadas en la Sierra.  

 

REPTILES

En la Sierra de Guadarrama se han citado 25 especies autóctonas (24 en el ámbito del PORN) y 1 introducida (el galápago de Florida); esto supone casi el 40% de las especies ibéricas. Entre las especies destacables podemos incluir la lagartija carpetana (Iberolacerta cyreni), recientemente separada de Lacerta monticola, por lo que se convierte en endemismo del Sistema Central; igualmente destacable es Lacerta schreiberi, el lagarto verdinegro, un endemismo ibérico muy vulnerable y amenazado en el área.   Orden CHELONIA

Familia BATAGURIDAE

Mauremys leprosa: Galápago leproso

Familia EMYDIDAE

Trachemys scripta: Galápago de Florida * especie introducida Emys orbicularis

Orden SQUAMATA

Suborden AMPHISBAENIDA

Familia AMPHISBAENIDAE

Blanus cinereus: Culebrilla ciega

Suborden SAURIA

Familia ANGUIDAE

Anguis fragilis: Lución  

Familia SCINCIDAE

Chalcides bedriagai: Eslizón ibérico

Chalcides striatus: Eslizón tridáctilo

Familia GEKKONIDAE

Tarentola mauritanica: Salamanquesa común

Familia LACERTIDAE

Iberolacerta cyreni: Lagartija carpetana. Acanthodactylus erytrurus. Lacerta lepida: Lagarto ocelado. Lacerta schreiberi: Lagarto verdinegro. Podarcis hispanica: Lagartija ibérica. Podarcis muralis: Lagartija roquera. Psammodromus algirus: Lagartija colilarga. Psammodromus hispanicus: Lagartija cenicienta

Suborden OPHIDIA

Familia COLUBRIDAE  

Hemorhois hippocrepis: Coronella austriaca: Culebra lisa europea. Coronella girondica: Culebra lisa meridional. Rinechis scalaris: Culebra de escalera. Macroprotodon brevis. Malpolon monspessulanus: Culebra bastarda. Natrix maura: Culebra viperina. Natrix natrix: Culebra de collar

Familia VIPERIDAE

Vipera latasti: Víbora hocicuda

 

AVES

Las aves son los Vertebrados más populares y, quizá, más numerosos de la Sierra de Guadarrama, y su nivel de conocimiento es alto. El inventario de Aves de la zona de estudio incluye 176 especies citadas en la zona, entre nidificantes e invernantes. Cabe señalar que este número es aproximado ya que varias especies son muy raras u ocasionales y, como dijimos al principio, los límites de la Sierra son algo difusos.  

Buitre leonado. Foto: Juan Carlos del Villar. 

Aves nidificantes en la Sierra de Guadarrama  

Familia PODICIPITIDAE

Tachybaptus ruficollis: Zampullín chico

Podiceps cristatus: Somormujo lavanco

Familia ARDEIDAE

Ardea cinerea: Garza Real

Familia CICONIIDAE

Ciconia ciconia: Cigüeña blanca

Ciconia nigra: Cigüeña negra

Familia ANATIDAE

Anas platyrhynchos: Ánade azulón

Familia ACCIPITRIDAE

Gyps fulvus: Buítre leonado. Aegypius monachus: Buitre Negro. Neophron percnopterus: Alimoche. Accipieter gentilis: Azor común. Accipeter nisus: Gavilán común. Buteo buteo: Busardo Ratonero. Pernis apivorus: Abejero europeo. Circaetus gallicus: Culebrera europea. Aquila chrysaetos: Águila real. Aquila adalberti:Águila Imperial Ibérica. Hieraaetus pennatus: Aguililla calzada. Milvus migrans: Milano Negro. Milvus milvus: Milano Real.  Circus cyaneus: Aguilucho pálido.  Circus pygargus: Aguilucho cenizo.

Familia FALCONIDAE

Falco tinnunculus: Cernícalo vulgar. Falco naumanni: Cernícalo primilla. Falco subbuteo: Alcotán.  Falco peregrinus: Halcón peregrino

Familia PHASIANIDAE

Alectoris rufa: Perdiz roja.  Coturnix coturnix: Codorniz común. Phasianus colchicus: Faisán vulgar

Familia RALLIDAE

Rallus aquaticus: Rascón europeo. Gallinula chloropus: Gallineta común. Fulica atra: Focha común

Familia OTIDIDAE

Tetrax tetras: Sisón común

Familia CHARADRIIDAE

Charadrius dubius: Chorlitejo chico

Familia SCOLOPACIDAE

Actitis hypoleucos: Andarríos chico.  Burhinus oedicnemus: Alcaraván común. Gallinago gallinago: Agachadiza común.

Familia PTEROCLIDAE

Pterocles orientalis: Ganga ortega

Familia COLUMBIDAE

Columba livia: Paloma bravía. Columba oenas: Paloma zurita. Columba palumbus: Paloma torcaz. Streptopelia decaocto: Tórtola turca. Streptopelia turtur: Tórtola europea

Familia CUCULIDAE

Clamator glandarius: Críalo europeo. Cuculus canorus: Cuco común.

Familia TYTONIDAE

Tyto alba: Lechuza común

Familia STRIGIDAE

Otus scops: Autillo europeo. Bubo bubo: Búho real. Athene noctua: Mochuelo europeo. Strix aluco: Cárabo común. Asio otus: Búho chico

Familia CAPRIMULGIDAE

Caprimulgus europaeus: Chotacabras europeo. Caprimulgus ruficollis: Chotacabras cuellirrojo

Familia APODIDAE

Apus apus: Vencejo común

Familia MEROPIDAE

Merops apiaster: Abejaruco europeo

Familia CORACIIDAE

Coracias garrulus: Carraca europea

Familia ALCEDINIDAE

Alcedo atthis: Martín pescador común. Upupa epops: Abubilla

Familia PICIDAE

Jynx torquilla: Torcecuello euroasiático. Picus viridis: Pito real. Dendrocopos major: Pico picapinos. Dendrocopos minor:Pico menor

Familia ALAUDIDAE

Chersophilus duponti: Alondra de Dupont. Melanocorypha calandra: Calandria. Calandrella brachydactyla: Terrera común. Galerida cristata: Cogujada común. Galerida theklae: Cogujada montesina. Lullula arborea: Totovía. Alauda arvensis: Alondra común

Familia HIRUNDINIDAE

Hirundo rustica: Golondrina común. Hirundo daurica: Golondrina dáurica. Riparia riparia: Avión zapador. Ptyonoprogne rupestris: Avión roquero. Delichon urbica: Avión común

Familia MOTACILLIDAE

Anthus campestris: Bisbita campestre. Anthus trivialis: Bisbita arbóreo. Anthus spinoletta: Bisbita alpino. Motacilla flava: Lavandera boyera. Motacilla cinerea: Lavandera cascadeña. Motacilla alba: Lavandera blanca

Familia PRUNELLIDAE

Prunella modularis: Acentor común. Prunella collaris: Acentor alpino

Familia TURDIDAE

Erithacus rubecula: Petirrojo. Luscinia megarhynchos: Ruiseñor común. Luscinia svecica: Pechiazul. Phoenicurus ochruros: Colirrojo tizón. Phoenicurus phoenicurus: Colirrojo real. Saxicola rubetra: Tarabilla norteña. Saxicola torquita: Tarabilla común. Oenanthe oenanthe: Collalba gris. Oenanthe hispanica: Collalba rubia. Oenanthe leucura: Collalba negra. Monticola saxatilis: Roquero rojo. Monticola solitarius: Roquero solitario. Turdus merula: Mirlo común. Turdus philomelos: Zorzal común. Turdus viscivorus: Zorzal charlo. Cettia cetti: Ruiseñor bastardo

Familia SYLVIIDAE

Cisticola juncidis: Buitrón. Acrocephalus scirpaceus: Carricero común. Acrocephalus arundinaceus: Carricero tordal. Hippolais polyglotta: Zarcero común. Sylvia undata: Curruca rabilarga. Sylvia conspicillata: Curruca tomillera. Sylvia cantillans: Curruca Carrasqueña. Sylvia melanocephala: Curruca cabecinegra. Sylvia hortensis: Curruca mirlona. Sylvia communis: Curruca zarcera. Sylvia borin: Curruca mosquitera. Sylvia atricapilla: Curruca capirotada. Phylloscopus bonelli: Mosquitero papialbo .Phylloscopus collybita: Mosquitero común. Phylloscopus ibericus: Mosquitero ibérico. Regulus regulus: Reyezuelo sencillo. Regulus ignicapilla: Reyezuelo listado

Familia MUSCICAPIDAE

Muscicapa striata: Papamoscas gris. Ficedula hypoleuca: Papamoscas cerrojillo

Familia TIMALIIDAE

Aegithalos caudatus: Mito

Familia PARIDAE

Parus ater: Carbonero garrapinos. Parus major: Carbonero común. Parus caeruleus: Herrerillo común. Parus cristatus: Herrerillo capuchino

Familia SITTIDAE

Sitta europaea: Trepador azul. Certhia brachydactyla: Agateador común. Cinclus cinclus: Mirlo acuático. Troglodytes troglodytes: Chochín

Familia LANIIDAE

Lanius collurio: Alcaudón dorsirrojo. Lanius meridionalis: Alcaudón real. Lanius senator: Alcaudón común

Familia CORVIDAE

Garrulus glandarius: Arrendajo. Cyanopica cyana: Rabilargo. Pica pica: Urraca. Pyrrhocorax pyrrhocorax: Chova piquirroja. Corvus monedula: Grajilla. Corvus corone: Corneja Corvus corax: Cuervo

Familia STURNIDAE

Sturnus unicolor: Estornino negro

Familia ORIOLIDAE

Oriolus oriolus: Oropéndola

Familia PASERIDAE

Passer domesticus: Gorrión común. Passer hispaniolensis: Gorrión moruno. Passer montanus: Gorrión molinero. Petronia petronia: Gorrión chillón

Familia FRINGILLIDAE

Fringilla coelebs: Pinzón vulgar. Serinus serinus: Verdecillo. Serinus citrinella: Verderón serrano. Carduelis chloris: Verderón común. Carduelis carduelis: Jilguero. Carduelis spinus: Lúgano. Carduelis cannabina: Pardillo. Loxia curvirostra: Piquituerto común. Coccothraustes coccothraustes Picogordo

Familia EMBERIZIDAE

Emberiza cirlus: Escribano soteño. Emberiza cia: Escribano montesino. Emberiza hortulana: Escribano hortelano. Miliaria calandra: Triguero

 

Aves no nidificantes presentes en la zona

Familia PODICIPEDIDAE

Podiceps nigricollis: Zampullín cuellinegro

Familia PHALACROCORACIDAE

Phalacrocorax carbo: Cormorán grande

Familia ANATIDAE

Anser anser Ansar común. Aix galericulata: Pato mandarín. Anas penelope: Ánade silbón. Anas strepera: Ánade friso. Anas acuta: Ánade rabudo. Anas clypeata: Pato cuchara. Anas crecca: Cerceta común. Anas querquedula: Cerceta carretota. Aythya ferina: Porrón común

Familia GRUIDAE

Grus grus: Grulla común

Familia RALLIDAE

Recurvirostra aboceta: Avoceta

Familia CHARADRIIDAE

Vanellus vanellus: Avefría

Familia SCOLOPACIDAE

Tringa ochropus: Andarrios grande. Tringa totanus: Archibebe común. Tringa erythropus: Archibebe claro. Limosa limosa: Aguja colinegra

Familia TURDIDAE

Turdus torquatus: Mirlo capiblanco

Familia FRINGILLIDAE

Pyrrhula pyrrhula: Camachuelo común

Familia LARIDAE

Larus ridibundus: Gaviota reidora

Familia FALCONIDAE

Falco columbarius: Esmerejón

 

MAMÍFEROS

Como en otros vertebrados, los datos de los mamíferos proceden de Lizana en CABERO DEL RÍO et al. (2006); además del Atlas y Libro rojo de los Mamíferos Terrestres de España (PALOMO Y GISBERT, 2002). El catálogo de Mamíferos de la Sierra está integrado por 64 especies (63 autóctonas y 1 invasora) que incluyen 3 Erinaceomorfos, 5 Soricomorfos, 26 Quirópteros, 10 Carnívoros (9 autóctonos y 1 invasor), 5 Artiodáctilos, 13 Roedores y 2 Lagomorfos. Catálogo de los Mamíferos:

Orden ERINACEMORFOS

Familia ERINACEIDAE  

Erinaceus europaeus: Erizo común

Familia TALPIDAE

Talpa occidentalis: Topo ibérico Galemys pyrenaicus: Desmán ibérico

Orden SORICOMORFOS

Familia SORICIDAE

Sorex granarius: Musaraña ibérica. Sorex minutus: Musaraña enana. Neomys anomalus: Musgaño de Cabrera. Crocidura russula: Musaraña común Suncus etruscus: Musgaño enano

Orden QUIRÓPTEROS

Familia RHINOLOPHIDAE

Rhinolophus ferrumequinum: Murciélago grande de herradura. Rhinolophus hipposideros: Murciélago pequeño de herradura. Rhinolophus euryale: Murciélago mediterráneo de herradura. Rhinolophus mehelyi: Murciélago mediano de herradura

Familia VESPERTILIONIDAE

Myotis bechsteinii: Murciélago ratonero forestal. Myotis blythii: Murciélago ratonero mediano. Myotis daubentoni: Murciélago ratonero ribereño. Myotis emarginata: Murciélago ratonero pardo. Myotis myotis: Murciélago ratonero grande. Myotis mystacina: Murciélago ratonero bigotudo. Myotis nattereri: Murciélago ratero gris o de Natterer. Myotis capaccinii: Murciélago ratonero patudo. Pipistrellus kuhlii: Murciélago de borde claro. Pipistrellus pipistrellus: Murciélago común. Pipistrellus pygmaeus:  Murciélago de Cabrera. Hypsugo savii: Murciélago montañero. Eptesicus serotinus: Murciélago hortelano. Barbastella barbastellus: Murciélago de bosque. Plecotus auritus: Murciélago orejudo común. Nyctalus leisleri: Nóctulo pequeño. Nyctalys noctula: Nóctulo mediano. Nyctalus lasiopterus: Nóctulo grande. Plecotus auritus: Orejudo dorado. Plecotus austriacus: Orejudo gris. Miniopterus schreibersii: Murciélago de cueva. Tadarida teniotis: Murciélago rabudo

Orden CARNÍVOROS

Familia CANIDAE

Canis lupus: Lobo Vulpes vulpes: Zorro rojo

Familia MUSTELIDAE

Mustela nivalis: Comadreja. Mustela putorius: Turón. Mustela vison: Visón americano (especie invasora). Martes foina: Garduña. Meles meles: Tejón. Lutra lutra: Nutria  

Familia VIVERRIDAE

El catálogo de mamíferos de la Sierra está integrado por 64 especies (63 autóctonas y 1 invasora).  Nutria. Foto Juan Carlos del Villar.

Genetta genetta: Gineta  

Familia FELIDAE

Felis silvestris: Gato montés

Orden ARTIODÁCTILOS

Familia SUIDAE

Sus scrofa: Jabalí

Familia CAPREOLIDAE

Capreolus capreolus: Corzo

Familia CERVIDAE

Dama dama: Gamo. Cervus elaphus: Ciervo. Capra pyrenaica: Cabra montés  

Orden ROEDORES

Familia SCIURIDAE  

Sciurus vulgaris: Ardilla  

Familia MURIDAE

Arvicola sapidus: Rata de agua. Chionomys nivalis: Topillo nival. Microtus lusitanicus: Topillo lusitánico. Microtus arvalis: Topillo campesino. Microtus duodecimcostatus: Topillo mediterráneo. Microtus cabrerae: Topillo de Cabrera. Apodemus sylvaticus: Ratón de campo. Mus domesticus: Ratón casero. Mus spretus: Ratón moruno. Rattus rattus: Rata negra. Rattus norvegicus: Rata parda

Familia GLIRIDAE  

Eliomys quercinus: Lirón Careto

Orden LAGOMORFOS

Familia LEPORIDAE

Oryctolagus cuniculus: Conejo

Lepus granatensis: Liebre ibérica  

Podríamos añadir también el muflón (Ovis gmelini), aunque es una especie introducida.

 

ARTRÓPODOS

La Sierra de Guadarrama tiene una superficie aproximada de 2000 km2, lo que representa alrededor del 0,4 % del territorio español peninsular, sin embargo la posición geográfica y, sobre todo, el relieve de este territorio le confieren una particular heterogeneidad y riqueza ambiental, lo que se refleja en la considerable diversidad de paisajes, ecosistemas y especies. Según algunos cálculos relativamente fiables, en el planeta se han identificado de 1,5 a 1,8 millones de especies. Pero ¿cuántas realmente existen? Esta pregunta es motivo de una amplia controversia. Las conjeturas van desde los 3 millones, de las hipótesis más conservadoras, hasta los 30 millones, de las más aventuradas. En cualquier caso los biólogos están de acuerdo en que la proporción de artrópodos entre las especies conocidas es inferior a la que debe haber entre las especies existentes. En otras palabras, los artrópodos constituyen aproximadamente el 80 % de las especies de organismos vivientes, y cerca del 90 % de los animales.

La lista completa de las especies de artrópodos que pueden encontrarse en la Sierra de Guadarrama dista mucho de estar completa, por tanto muchas de las cifras relativas a este aspecto de la biodiversidad serán aproximaciones, cuando no inferencias, lo que merma (aunque no invalida) precisión a los datos que aquí aportamos y comentamos. Según una reciente revisión de la diversidad biológica de España (VIEJO MONTESINOS, 2011) se estima que en el ámbito ibero balear español se han citado alrededor de 40 000 especies de artrópodos, de los que aproximadamente 36 000 son hexápodos (fundamentalmente insectos) (ORTUÑO & MARTÍNEZ PÉREZ, 2011).

Para establecer una cifra de riqueza taxonómica entomológica del territorio serrano podemos recurrir a las mariposas diurnas (ropalóceros), primero porque es un grupo taxonómicamente bien conocido, y segundo porque es un buen bioindicador; sabemos que en la Península Ibérica se hallan 224 especies de lepidópteros Papilionoidea y Hesperioidea, y que en la Sierra se pueden encontrar aproximadamente 124, es decir algo más del 55%; si asumimos que la proporción de especies de insectos ibéricos es más o menos la misma en los demás grupos, estaríamos hablando de alrededor de 20 000 especies de insectos de Guadarrama; otra inferencia podemos hacerla a partir del número de especies conocidas en el mundo, unas 900.000 para todos los insectos, y de los inventarios más o menos fiables de la Sierra; con estos datos podemos establecer un porcentaje medio (el 1,64%), con el que obtendríamos una estimación de unas 15.000 especies (900.000 x 0,0164). Por tanto podemos establecer la diversidad específica de insectos de la Sierra de Guadarrama en la horquilla de 15 000 a 20 000 especies (tabla 1). Para el resto de grupos artropodianos las inferencias serían aún más imprecisas.  

 

Tabla 1. Número aproximado de especies conocidas en el mundo, Península Ibérica y Sierra de Guadarrama, con el porcentaje de las de Guadarrama con relación al total mundial y al total ibérico. Datos referidos a 11 grupos de insectos relativamente bien conocidos en Guadarrama.
GRUPO MUNDO P.IBÉRICA GUADARRAMA % MUNDO % IBÉRICO
Apoidea  20 000 900 298 1,49 33,1
Cynipidae   1369 140 86 6,28 61,4
Tricópteros   7000 316 84 1,2 26,6
Ropalóceros 16 000 224 124 0,78 55,4
Neurópteros    5500 168 91 1,65 54,2
Tisanópteros    4500 249 96 2,13 38,6
Hormigas    8800 240 102 1,16 42,5
Carabidae  30 000 975 229 0,76 23,5
Staphylinidae  30 000 2000 343 1,27 17,5
Chrysomelidae  36 500 1036 167 0,55 15,9
Curculionoidea  56 600 1700 377 0,75 22,2
Porcentaje medio        1,64   35,54

 

 ARÁCNIDOS

Como sucede en otros grupos, los arácnidos de la Comunidad de Madrid están aún insuficientemente estudiados. En lo que respecta a las arañas (Araneae), según el Catálogo de FERRÁNDEZ et al. (2006), en la Comunidad de Madrid se conocen 261 especies de 132 géneros, agrupados en 36 familias diferentes, aunque estos autores estiman que al menos quedan por descubrir un centenar de especies en el territorio madrileño, lo que elevaría el censo hasta 350 o 400 especies. Las familias más diversas son los Thomisidae, con 43 especies, y los Araneidae, con 30 (JIMÉNEZ-VALVERDE et al., 2006). Merece destacarse que en la fauna madrileña de arañas se encuentran al menos 25 especies endémicas de la Península Ibérica, lo que representa casi el 10%; esta endemicidad alcanza el 50% en los Dysderidae, ya que de las ocho especies citadas en Madrid, cuatro son endémicas: Dysdera edumifera, Dysdera gamarrae, Harpactea fageli y Parachtes teruelis (FERRÁNDEZ et al. 2006). No disponemos de datos concretos de la Sierra de Guadarrama.

Los ácaros probablemente sean el grupo de arácnidos taxonómica y ecológicamente más diverso. Se conocen alrededor de 39 000 especies en el mundo (ORTUÑO & MARTÍNEZ PÉREZ, 2011), aunque las que quedan por conocer seguramente sean al menos diez veces más. En este terreno de la incertidumbre no es sensato siquiera aventurar un número de especies para la Sierra de Guadarrama; como aproximación, podemos citar las cifras que ofrecen VALDECASAS & CAMACHO (2006) para los acuáticos (Hidrachnidia): 110 especies; y la de los oribátidos (SUBÍAS, 1977): 214.

De otros arácnidos la información es aún más imprecisa, y en muchos casos inexistente. Solifugae sólo debe haber uno, ya que Gluvia dorsalis es la única especie ibérica, y desde luego está presente en la Sierra de Guadarrama. Algo parecido sucede con los Scorpiones, de los que de las seis especies ibéricas sólo debe haber una en Guadarrama (Buthus occitanus). No tenemos datos de los Pseudoscorpiones ni de los Opiliones; de los primeros en el ámbito íbero-balear hay citadas 146 especies, y de los segundos 127 (ORTUÑO & MARTÍNEZ PÉREZ, 2011), por lo que en Guadarrama debe haber varias decenas de cada uno.

CRUSTÁCEOS

Al tratarse de un grupo fundamentalmente acuático, cuya diversidad se concentra en el medio marino, los crustáceos no son un constituyente relevante de la fauna madrileña. No obstante en las aguas dulces de la comunidad se han citado algunas especies de copépodos (12 en aguas subterráneas, según CAMACHO & VALDECASAS, 2006; y al menos 7 en charcas temporales, además de cladóceros, anostráceos (7 y 2 respectivamente, en charcas de Morcuera, según BALTANÁS, 1985), e incluso un decápodo (en el alto Lozoya, CASADO et al., 1990). Poco se sabe de las cochinillas de humedad (Isopoda, Oniscoidea), pero en la Comunidad de Madrid debe haber varias especies, entre ellas Armadillidium assimile (CRUZ-SUÁREZ, 1993) y Oniscus asellus (CRUZ, 1990). CAMACHO & VALDECASAS (2006) citan un anfípodo de las aguas subterráneas, y cuatro batineláceos.  

MIRIÁPODOS

Conocemos pocos datos acerca de los miriápodos de la Comunidad de Madrid, de manera que los datos que podemos ofrecer son meramente especulativos. SANTIBÁÑEZ (1990) cita en Villalba 16 especies de quilópodos; según ORTUÑO & MARTÍNEZ PÉREZ (2011), el número de especies de quilópodos ibero-baleares es de 91, de modo que no es una estimación descabellada que en el territorio madrileño haya aproximadamente medio centenar de quilópodos; según la misma fuente, se conocen 188 especies de diplópodos ibero-baleares, por lo que el número de especies de la comunidad debe estar rondando el centenar. De sínfilos y paurópodos aún sabemos menos; los datos para la Península Ibérica son de 21 y 29 especies respectivamente.

HEXÁPODOS

En el pasado, hexápodos e insectos eran términos sinónimos. Sin embargo actualmente se distingue entre Hexapoda, término más amplio con categoría de subfilo o de superclase (según autores), e Insecta, como una de las clases de los primeros; otras clases de hexápodos serían Collembola, Protura y Diplura. De largo, los hexápodos son el grupo animal con mayor número de especies conocidas y, probablemente, con más especies por conocer. La citada revisión de ORTUÑO & MARTÍNEZ PÉREZ (2011) recoge cerca de un millón de especies descritas en el mundo, pero algunas estimaciones hablan de hasta cinco millones (GRIMALDI & ENGEL, 2005).

Los colémbolos son un importante grupo de hexápodos edáficos de tamaño normalmente entre 0,5 y 2 mm, sin metamorfosis y “primitivamente” ápteros. Como en otros casos, no existen inventarios precisos de la fauna serrana y, por tanto, es aventurado ofrecer el número de especies, JORDANA et al. (1997) citan 50 especies pero una estimación nos permitiría hablar de entre 150 y 200. En el caso de los proturos y los dipluros (los otros dos órdenes, o clases, de hexápodos endognatos) el desconocimiento es aún mayor, y su diversidad es ampliamente ignorada, aunque es probable que entre ambos grupos haya alrededor de medio centenar de especies en el territorio serrano. Los arqueognatos y los tisanuros son ya genuinamente insectos, bien que primitivamente ápteros y de apenas 1 cm de longitud; los primeros se alimentan de materia orgánica en descomposición y prefieren lugares secos y soleados; los tisanuros son conocidos como pececillos de plata, y en general también viven de restos orgánicos diversos; algunos son frecuentes en las viviendas humanas, donde corretean por cuartos de baño o cocinas, como Lepisma saccharina. No conocemos datos de diversidad en la Comunidad de Madrid; en la Península Ibérica se han catalogado 74 especies de Archaeognatha (también llamados Microcoryphia) y 29 de Thysanura (o Zygentoma), según datos de ORTUÑO & MARTÍNEZ PÉREZ (2011), por lo que en la Sierra apenas habrá dos o tres docenas de especies entre ambos grupos.

Los efemerópteros, conocidos como cachipollas o efémeras, son un orden de insectos alados que no pueden plegar las alas (paleópteros) y que son evolutivamente muy antiguos. Estos insectos poseen ninfas acuáticas (también conocidas como náyades) y tienen fases aladas subadulta y adulta separadas; presentan dos pares de alas que se mantienen verticalmente sobre el cuerpo en reposo, los adultos son de corta vida y no se alimentan; a veces se ven enjambres de apareamiento sobre el agua, y son un componente imprescindible de las cadenas tróficas de agua dulce, además de excelentes bioindicadores de la calidad del agua. Existen pocos datos sobre el número de especies presentes en la Comunidad de Madrid, aunque algunos trabajos sí que nos ofrecen inventarios de algunos ríos serranos; así, CASADO & al. (1990) encontraron 24 especies en el río Lozoya, algunas de ellas están incluidas en el Catálogo Regional de Espacies Amenazadas de la Comunidad de Madrid, como Serratella hispanica y Drunella paradinasi (Ephemerellidae), catalogadas como Sensibles a la alteración de su hábitat.

Los odonatos son las populares libélulas y caballitos del diablo. Se trata también de insectos paleópteros ligados al agua, ya que poseen ninfas acuáticas (náyades); los adultos tienen el cuerpo alargado y dos pares de alas largas de igual tamaño, a menudo de colores brillantes o metálicos, con un vuelo especialmente rápido, en suspensión o lanzado, y que normalmente se ven cerca o sobre el agua. En la Península Ibérica se han citado 78 especies, y existen algunos trabajos faunísticos de la Comunidad de Madrid, aunque tienen ya más de 25 años y el estado de los ríos y masas de agua madrileños ha empeorado sensiblemente desde los años ochenta, con la consiguiente pérdida de biodiversidad; de los trabajos de MARTÍN (1983) y PIZARRO (1986) obtenemos una lista de al menos 41 especies para Madrid, lo que representa más de la mitad de las conocidas para toda la Península.

Los ortópteros son los populares saltamontes y chicharras; en el mundo se conocen poco más de 20 000 especies; en la Península Ibérica se han encontrado 329 especies (ORTUÑO & MARTÍNEZ PÉREZ, 2011), pero no tenemos datos precisos de la Sierra, si bien PRESA (1977) catalogó 49 especies de acrídidos en la Sierra de Guadarrama y PEINADO & MATEOS (1985) 12 de efipigéridos en la Comunidad de Madrid. En este territorio están protegidas las especies Steropleurus obsoletus (Tettigonidae), Dociostaurus crassiusculus (Acrididae), Dociostaurus hispanicus (Acrididae), Arcyptera tornosi (Acrididae) y Sciobia lusitanica (Gryllidae); todas ellas catalogadas como Sensibles a la alteración de su hábitat; o la escasa Saga pedo (XX). La fauna de psocópteros, dermápteros, isópteros, blatodeos y mantodeos de Guadarrama es ampliamente desconocida.

Los hemípteros son las conocidas chinches, pulgones, cigarras y cochinillas. Se estima en 88 000 las especies conocidas en el mundo. En la Península Ibérica se han citado alrededor de 2700 especies, pero de la Sierra no conocemos datos globales; NIETO (1974) cita 156 especies de pulgones de la Sierra de Guadarrama; el número de especies de hemípteros de Guadarrama debe alcanzar varios centenares. Los tisanópteros son pequeños insectos fitófagos conocidos como trips. En el mundo se conocen más de seis mil especies. En la Península Ibérica se han citado cerca de 300 especies; BERZOSA (1981 y 1982 a y b) da el dato de 96 especies de tisanópteros en la Sierra de Guadarrama. De Plecoptera se estima que hay 139 especies citadas en la Península Ibérica (ORTUÑO & MARTÍNEZ PÉREZ, 2011), 14 de las cuales se han encontrado en el río Lozoya (CASADO et al., 1990). Los neurópteros son las hormigas león, las crisopas e insectos afines. El número de especies conocidas en el mundo es de 5000, de las que unas 170 se han citado en la Península Ibérica. MONSERRAT (1977) y MARÍN (1993) citan 91 especies en la Sierra de Guadarrama. De los órdenes afines Megaloptera y Raphidioptera apenas tenemos datos; del primero se conocen 270 especies en el mundo, y 4 en la Península; del segundo 175 y 12, respectivamente.

 

Lucanus cervus. Foto:Juan Carlos del Villar. 

Los coleópteros constituyen el orden de insectos (y de cualquier otro grupo de organismos) taxonómicamente más diverso, ya que se han descrito más de 350 000 especies en el mundo (en alrededor de 166 familias). A este enorme grupo pertenecen los escarabajos, los gorgojos y otros muchos insectos. En la Península Ibérica se conocen más de 10 000 especies; de Guadarrama no podemos dar cifras precisas, sin embargo tenemos datos de algunas familias: Carabidae, 229, Staphylinidae, 343, Chrysomelidae, 165, Curculionoidea, 377. Entre los carábidos del piso supramediterráneo podemos destacar Oreocarabus guadarramus, Metallina lampros, Philochtus biguttatus, Ocydromus geniculatus, Amara aenea, Badister bipustulatus, Harpalus dimidiatus, Microlestes minutulus, Badister bullatus, Syntomus obscuroguttatus y Brachinus variventris; y en el piso oromediterráneo, Oreocarabus ghilianii, Harpalus decipiens, Leistus constrictus, Trechus pandellei, Philochtus guadarramus y Platyderus varians; dentro de este piso encontramos también los interesantes Ceratophyus martinezi (Geotrupidae), y el cantarín Iberodorcadion hispanicum (Cerambycidae). En los robledales aún hallamos el ciervo volante (Lucanus cervus, Lucanidae), y en los pinares Polyphylla fullo (Scarabaeidae). Especial interés merece la fauna saproxílica, es decir ligada a la madera podrida. Guadarrama cuenta con tres especies protegidas y ligadas a bosques maduros dado que sus larvas viven en árboles viejos o muertos y se alimentan de madera: Lucanus cervus, Brachyleptura stragulata y Nustera distigma. El adulto del ciervo volante se alimenta de la savia de los árboles mientras que los adultos de las otras especies son florícolas. (SANZ BENITO & GURREA, 1998).  

Los dípteros constituyen uno de los mayores y más importantes órdenes de insectos. Se trata de las moscas, mosquitos, etc., con unas 150 000 especies conocidas en el mundo, unas 6500 en la Península. No tenemos datos de diversidad de dípteros en la Sierra de Guadarrama, pero el número de especies puede ser de varios miles. Sólo de la familia de los quironómidos, y en la Comunidad de Madrid, se han citado 218 especies, de las 486 ibéricas, es decir cerca del 50% (SORIANO & COBO, 2006). Los himenópteros son un grupo medianamente conocido en España, con 9400 especies citadas en el área ibero-balear, de las 116 451 descritas en el mundo. En Guadarrama puede que haya cerca de 2000; los grupos mejor conocidos son las abejas, las hormigas y algunos productores de agallas. Así, MARTÍNEZ (1987) cita 102 especies de hormigas en la Sierra de Guadarrama; PÉREZ ÍÑIGO (1982, 1983 y 1984) encuentra 298 especies de abejas (Apoidea) en la Sierra de Guadarrama; NIEVES ALDREY et al.(2006) citan 107 especies en Madrid (el 73%) de las ibéricas); este autor menciona el eje Guadalix-Venturada-Torrelaguna como el de mayor riqueza taxonómica, lo que parece estar correlacionado con la mayor diversidad y mejor conservación de las plantas huéspedes de estos himenópteros formadores de agallas en Quercus y otras plantas. También se dispone de datos de los Chalcidoidea asociados con agallas de Cynipidae: 26 especies de Eurytomidae, 27 de Torymidae, 9 de Ormyridae, 33 de Pteromalidae, 9 de Eupelmidae y 17 Eulophidae; en total 121 especies, de las 133 citadas para la Península Ibérica (GÓMEZ et al., 2006). En el ámbito ibero-balear se conocen 389 especies de Trichoptera, y en el río Lozoya CASADO et al. (1990) citan 84 especies, pertenecientes a 46 géneros, entre las que hay 9 especies endémicas de la Península Ibérica, además de 1 de la Sierra de Guadarrama (Allogamus laureatus). En general, la fauna fluvial del Lozoya es muy rica y singular.

Lycaena bleusei. Foto: Juan Carlos del Villar

Los lepidópteros son uno de los órdenes de insectos con mayor número de especies, ya que se conocen alrededor de 165 000, con algo más de 4200 en la Península Ibérica. Se trata de las conocidas mariposas y polillas. En la Sierra de Guadarrama podría haber unas 2000 especies (según nuestras estimaciones entre 1500 y 2600). El grupo mejor conocido es el de los Papilionoidea y Hesperioidea (ropalóceros o mariposas diurnas), con 124 especies; entre las mariposas cómo no destacar el magnífico Parnassius apollo (Papilonidae), de los canchales del piso oromediterráneo, o los Nymphalidae Nymphalis antiopa, de las riberas de los ríos serranos, las Brethis, Boloria, las siete especies de Meliteini, o las dos Erebia (del oromediterráneo); entre los Lycaenidae merecen mención el endemismo carpetano Lycaena bleusei, de las praderas supramediterráneas, o la rareza de Maculinea nausithous, solo hallada en el Valle del Lozoya. La Sierra de Guadarrama alberga casi las dos terceras partes de las especies de ropalóceros de la Península Ibérica. Entre otros grupos de lepidópteros la riqueza y singularidad de la fauna no es menor; a la ya mencionada Graellsia isabelae, se unen Saturnia pyri y Eudia pavonia (Saturniidae), Dendrolimus pini o las cuatro Phylodesma (Lasiocampidae); entre los Sphingidae destacamos Marumba quercus, Hyloicus pinastri, o la migradora Hyles euphorbiae; y entre los Notodontidae el endemismo ibérico Cerura iberica. En las formaciones de cuercíneas se han encontrado al menos 85 especies de Noctuidae (ROMERA et al., 1999), y 82 de Geometridae (ROMERA et al., 2001a y b).  

 

OTROS INVERTEBRADOS

La mayoría de la fauna de la Sierra de Guadarrama está constituida por vertebrados y por artrópodos, pero no por ello debemos dejar de mencionar algunas especies interesantes y, con frecuencia, amenazadas, pertenecientes a grupos de invertebrados, como los anélidos o los moluscos, si bien insuficientemente conocidos. En el caso de los anélidos, podemos mencionar los hirudíneos (sanguijuelas) Glossiphonia complanata, Helobdella stagnalis, Batracobdella paludosa, Haemopis sanguisuga y Erpobdella monostriata, o los oligoquetos enquitreidos Henlea nasuta, Fridericia perrieri, Cognettia glandulosa y Achaeta camerani, propias de aguas limpias como las del alto Lozoya (CASADO et al., 1990). CASTILLEJO (1997) cita algunas especies de limacos (Mollusca, Gastropoda, Pulmonata) de la Sierra de Guadarrama; y CASADO et al. (1990) tres prosobranquios de la cuenca del Lozoya: Theodoxus fluviatilis, Hydrobia acuta y Bithynia tentaculata y un bivalvo del género Pisidium. VELASCO (2006) cita 52 especies de rotíferos en aguas de la Sierra de Guadarrama. Conocemos 26 especies de nematodos citadas de la Sierra (JIMÉNEZ GUIRADO, 2007; PEÑA et al., 2003), pero seguramente haya muchísimas más.

 

bibliografía

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BERZOSA, J., 1982 a. Tisanópteros de la Sierra de Guadarrama (Ins. Thysanoptera) I: Aelothripidae Uzel, 1895. Bol. Asoc. Esp. Entomol. 6(1):33-39.

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José Luis Viejo Montesinos
Departamento de Biología. Facultad de Ciencias
Universidad Autónoma de Madrid

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