El bóvido extinto de Siberia siguió una trayectoria evolutiva independiente durante cientos de miles de años, aunque su clasificación formal todavía requiere más investigaciones.
Unos pequeños fragmentos de hueso han revelado un gran animal que la ciencia no había identificado hasta ahora. Se trata del bóvido extinto de Siberia, emparentado directamente con los yaks de nuestro tiempo, que dejó una huella genética que permite reconstruir parte de su historia pese a la dificultad de reconocer sus restos por su forma tan particular.
Comprender la importancia de este bóvido extinto de Siberia permite descubrir cómo el ADN antiguo puede recuperar capítulos perdidos de la biodiversidad. El artículo explica qué evidencias distinguen este linaje de sus parientes actuales y qué preguntas siguen abiertas sobre su identidad y desaparición.
El estudio, publicado en Current Biology, reúne 20 genomas antiguos obtenidos de los restos procedentes de la cueva de Denisova y otros yacimientos. Según el equipo del Centro de Paleogenética de Estocolmo, los datos abarcan unos 200.000 años y permiten seguir una historia evolutiva que atraviesa distintos ciclos del clima.
A partir de las comparaciones genéticas, abordaremos el parentesco con los yaks y los cambios que experimentó esta población en el pasado.
El bóvido extinto de Siberia
Los análisis de ADN de restos antiguos han revelado una especie de bóvido extinto de Siberia, hasta ahora desconocida, que habitó el sur de la región durante la última glaciación e incluso antes. La especie estaba emparentada con los yaks actuales, pero siguió una trayectoria evolutiva independiente durante cientos de miles de años. Los resultados se han publicado en Current Biology.
«Este es un descubrimiento extraordinario, de una gran especie extinta, a partir de pequeños huesos que no permitían identificarla», afirma Love Dalén, autor principal y profesor de Genómica Evolutiva en el Centro de Paleogenética, una colaboración conjunta entre la Universidad de Estocolmo y el Museo Sueco de Historia Natural.
El descubrimiento del bóvido extinto de Siberia se realizó a partir de restos encontrados en la cueva de Denisova y en otros yacimientos del sur de Siberia. Mediante el análisis de ADN antiguo procedente de fragmentos óseos que no podían identificarse, investigadores del Centro de Paleogenética de Estocolmo, de la Universidad de California en Santa Cruz y de la Universidad de Viena obtuvieron 20 genomas antiguos que abarcan un periodo de 200 000 años.
Las comparaciones con otros genomas de bóvidos demostraron que los fósiles pertenecían a un linaje hasta entonces desconocido. Los investigadores estiman que comenzó a divergir de los yaks modernos hace unos 400.000 años y que quedó completamente separado de ellos hace aproximadamente 250.000 años.
«Una comparación útil para situar el origen de este linaje es la divergencia entre los osos pardos y los osos polares, que también se estima que ocurrió hace unos 400.000 años. Esta fecha coincide con un periodo climático especialmente cálido, que podría haber provocado el aislamiento de las poblaciones y, finalmente, la aparición de una nueva especie», explica Alexandre Gilardet, uno de los autores principales del estudio y estudiante de doctorado del Centro de Paleogenética.
Siberia: una región de descubrimientos extraordinarios
Un estudio anterior, basado en pequeñas cantidades de ADN, ya había sugerido que algunos de los fragmentos óseos encontrados dentro y alrededor de la cueva de Denisova podían pertenecer a un linaje singular. El descubrimiento del bóvido extinto de Siberia también tiene un paralelismo notable en la misma región.
«Estos hallazgos recuerdan al descubrimiento de los denisovanos, un grupo de humanos arcaicos identificado a partir de un único fósil en 2010, y ponen de relieve la región de Altái como un posible punto de gran biodiversidad y refugio durante las glaciaciones», afirma Love Dalén.
Sin embargo, a diferencia de la hibridación observada entre distintos grupos de humanos antiguos, los científicos encontraron pocas evidencias de cruzamiento entre este bóvido extinto de Siberia y otros bóvidos de la zona, como el bisonte de estepa o el uro, el antepasado salvaje extinto del ganado vacuno.
Un periodo más cálido hizo que la población cambiara
Los resultados del descubrimiento del bóvido extinto de Siberia también sugieren que durante el último periodo interglacial cálido se produjo un reemplazo de la población, acompañado de una pérdida de diversidad genética.
«Esto podría reflejar las consecuencias genéticas del calentamiento climático ocurrido hace unos 120 000 años sobre una especie adaptada al frío. La gran extensión temporal de nuestro conjunto de datos es realmente poco frecuente en los estudios de ADN antiguo y nos permite observar ciclos glaciales completos para analizar cómo pudieron haber afectado a la biodiversidad», explica Jonas Oppenheimer, el otro autor principal del estudio e investigador posdoctoral del Centro de Paleogenética.
El ejemplar más joven analizado del bóvido extinto de Siberia tiene unos 27 000 años. La especie se extinguió en algún momento posterior, pero se desconocen tanto el momento exacto como las causas de su extinción.
Clasificar la especie
El linaje extinto emparentado con los yaks actuales fue identificado en la cueva de Denisova y en una zona más amplia de las montañas de Altái-Sayán y del sur de Siberia. En cambio, los yaks salvajes modernos se encuentran actualmente restringidos a las zonas de mayor altitud de la meseta del Tíbet.
La evidencia genética por sí sola no es suficiente para clasificar y denominar formalmente una nueva especie. Por ello, los investigadores planean comparar estos resultados con restos de aspecto similar al de los yaks que ya habían sido descritos anteriormente en la región, con el fin de determinar si pertenecen a la misma especie.











