Conmoción agrícola en España tras el descubrimiento del CISC que consigue por primera vez silenciar los genes del insecto invasor que lleva años amenazando los cítricos

Publicado el: 7 de junio de 2026 a las 09:42
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Frutos cítricos afectados por el cotonet de Sudáfrica, la plaga cuyo control mediante silenciamiento genético estudia el CSIC.

El cotonet de Sudáfrica se ha convertido en uno de esos enemigos pequeños que pueden causar un problema enorme en el campo. Este insecto, llamado Delottococcus aberiae, deforma los frutos, reduce su tamaño y puede dejar una parte de la cosecha sin valor comercial, justo cuando el agricultor ya ha invertido tiempo, agua, tratamientos y trabajo.

Ahora, un estudio del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) y del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP-CSIC-UPV) abre una vía distinta para combatirlo. La clave está en la interferencia por ARN, una tecnología que no actúa como un insecticida convencional, sino que intenta bloquear genes esenciales de la plaga para reducir su supervivencia. No es poca cosa.



Una plaga pequeña, un daño enorme

El cotonet de Sudáfrica forma parte del grupo de las cochinillas algodonosas. A simple vista puede parecer un problema más de los muchos que aparecen en un cultivo, pero en cítricos su impacto es especialmente delicado porque afecta directamente al fruto, que es lo que llega al mercado.

Según el Ministerio de Agricultura, en España se detectó por primera vez en 2009 en Benifairó de les Valls, en Valencia, sobre naranjo dulce y clementino. Actualmente se encuentra presente en la Comunidad Valenciana, Cataluña y la Región de Murcia.



El daño no siempre se entiende bien desde fuera del campo. No se trata solo de ver un insecto sobre una planta. El problema es que puede provocar deformaciones y reducción del tamaño del fruto hasta hacerlo inviable para su venta. Y eso, para una explotación citrícola, se nota en la caja.

Cómo se apagan sus genes

La tecnología que han probado los investigadores se llama RNAi, por sus siglas en inglés. En español se conoce como interferencia por ARN. Dicho de forma sencilla, consiste en introducir una especie de mensaje molecular que impide que el insecto use correctamente algunos genes que necesita para vivir.

Para lograrlo, el equipo diseñó moléculas de ARN de doble cadena, conocidas como dsRNA. Estas moléculas se dirigieron contra genes relacionados con funciones vitales del cotonet, como el metabolismo energético y el transporte celular. En la práctica, se busca tocar piezas básicas de su funcionamiento interno.

El estudio seleccionó seis genes conservados para probar el silenciamiento. Entre ellos estaban Actin-alpha, ATP synthase-beta, V-ATPase subunit A, Ribosomal protein like S13, Krüppel homologue-1 y ADP/ATP translocase. Suena técnico, sí, pero la idea de fondo es sencilla: si se bloquean genes importantes, el insecto pierde capacidad de sobrevivir.

Lo que probaron en el laboratorio

Los ensayos se hicieron por dos vías. Una fue la microinyección directa del ARN de doble cadena. La otra, más interesante pensando en el futuro, fue la ingestión oral, es decir, que las ninfas del cotonet recibieran esas moléculas al alimentarse.

Los análisis confirmaron que cinco de los seis genes probados se redujeron de forma eficaz, especialmente V-ATPase subunit A y ATP synthase-beta. Además, los dos métodos redujeron de forma significativa la supervivencia de los insectos tratados con la mayoría de los dsRNA.

Aquí está el punto que más interesa al campo. Los ensayos de alimentación demostraron que la ingestión de dsRNA recombinante producido en Escherichia coli también provoca silenciamiento génico y efectos letales. Es decir, no solo funciona en una prueba muy controlada con inyección, también muestra potencial por vía oral.

Por qué importa al agricultor

El sector citrícola lleva años buscando herramientas más finas contra esta plaga. No es solo una cuestión de eficacia, también de encaje con la gestión integrada de plagas, que intenta combinar distintas soluciones para depender menos de los tratamientos químicos convencionales.

El propio estudio recuerda que, tras la retirada de insecticidas clave, hacen falta estrategias nuevas y específicas para el control del cotonet. ¿Qué significa esto en la práctica? Que el agricultor necesita soluciones que funcionen, pero que también puedan convivir con enemigos naturales, feromonas, vigilancia y otras herramientas de manejo.

Alejandro Tena, director del IVIA, lo resumió con una idea clara al señalar que «es urgente avanzar en métodos de control más selectivos». Esa frase explica bien el fondo del asunto: el campo necesita defender la cosecha, pero cada vez con menos margen para usar productos de amplio espectro.

Más selectivo no significa inmediato

Conviene no vender este avance como una solución lista para aplicar mañana en cualquier parcela. El trabajo es una prueba de concepto muy importante, pero todavía queda camino para convertirlo en un bioinsecticida utilizable en condiciones reales de cultivo.

Hay preguntas que deberán resolverse antes de llegar al agricultor. Cómo proteger las moléculas de ARN en el ambiente, cómo aplicarlas de forma estable, cuánto costaría producirlas y qué comportamiento tendrían en campo abierto. El laboratorio marca el camino, pero el campo siempre exige una segunda prueba.

La ventaja potencial es clara. La RNAi puede diseñarse para actuar de forma específica sobre una especie concreta, reduciendo el impacto sobre organismos no objetivo. Si esa promesa se confirma en las siguientes fases, estaríamos ante una herramienta con mucho sentido dentro de una agricultura más precisa y sostenible.

Una colaboración clave

El avance también muestra algo que a veces pasa desapercibido: las plagas complejas no se resuelven desde una sola disciplina. En este caso se han unido el conocimiento del IVIA en sanidad vegetal y protección de cultivos con la experiencia del IBMCP-CSIC-UPV en biología molecular.

Alberto Urbaneja, profesor de investigación del Centro de Protección Vegetal del IVIA, destacó que esta colaboración ha sido clave para integrar capacidades y avanzar frente a una plaga de gran impacto para la citricultura mediterránea. Y ahí está buena parte del valor del estudio. No solo identifica un posible camino, también demuestra que la biotecnología puede entrar en la gestión de plagas con una lógica más precisa.

El siguiente paso será comprobar cómo se puede trasladar esta tecnología desde el laboratorio a condiciones reales de cultivo. Si funciona fuera del entorno experimental, podría convertirse en una herramienta más dentro de los programas de gestión integrada del cotonet de Sudáfrica.

El estudio completo ha sido publicado en Pest Management Science.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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