Andalucía ha pasado en pocos años de intentar evitar extinciones a ampliar poblaciones que parecían condenadas a desaparecer. El balance difundido por la Junta cifra en 115 millones de euros la inversión acumulada entre 2019 y 2025, con más de 16 millones al año destinados a biodiversidad y geodiversidad.
Los datos más visibles son los del lince ibérico, que ha crecido de 457 ejemplares en 2019 a 885 en 2025, y los del águila imperial ibérica, que ha pasado de unas 30 parejas a comienzos de siglo a 176. Pero la historia va más allá de dos especies emblemáticas y alcanza humedales, sierras, campos de cultivo, dunas y fondos marinos.
El lince cambia de escala
El censo ibérico de 2025 registró 2.663 linces en España y Portugal, un 10,9 por ciento más que el año anterior. Andalucía reunió 885, un tercio del total, y fue uno de los dos grandes núcleos de la especie junto con Castilla-La Mancha, que contabilizó 1.051.
El dato actualiza los 836 individuos del censo de 2024 que figuraban en balances anteriores. La recuperación no se explica solo por criar animales en cautividad, ya que también han sido decisivos la protección del monte mediterráneo, la mejora de las poblaciones de conejo, los traslados y los corredores que permiten a los linces moverse sin quedar aislados.
En junio de 2024, la Lista Roja de la UICN rebajó su categoría de “en peligro” a “vulnerable”, lo que significa que el riesgo ha disminuido, pero no ha desaparecido. “Todavía queda mucho por hacer”, advirtió Javier Salcedo, coordinador de LIFE LynxConnect, y el último censo le da contexto, ya que 212 de las 273 muertes detectadas en 2025 se debieron a atropellos.
El águila imperial gana terreno
El salto del águila imperial ibérica es casi igual de llamativo. Andalucía ha pasado de alrededor de 30 parejas reproductoras a principios de siglo a 176 en 2025, con Jaén como la provincia que concentra más territorios.
Detrás hay correcciones de tendidos eléctricos, vigilancia de nidos, alimentación suplementaria, rescates de pollos y medidas contra el veneno. Aun así, la electrocución sigue apareciendo como la principal causa de muerte y representa cerca de la mitad de los incidentes registrados, sobre todo entre ejemplares jóvenes.
El quebrantahuesos ofrece otra señal de recuperación. Las 102 aves liberadas hasta 2025 ascendieron a 108 tras la campaña de 2026, y Andalucía cuenta ya con 15 territorios de cría y 23 pollos que lograron volar en libertad entre 2015 y 2025. Las primeras sueltas en Grazalema están previstas para 2027.
De los humedales a las estepas
En Cádiz, el programa de reintroducción del ibis eremita impulsado por la Junta, el Zoobotánico de Jerez y la Estación Biológica de Doñana del CSIC ha creado una colonia silvestre que ya supera el umbral fijado para considerarse autosuficiente. En 2025 alcanzó 47 parejas reproductoras y la actualización de 2026 informa de 57 nuevas crías.
La cerceta pardilla, un pequeño pato ligado a humedales poco profundos, también marcó un récord. La Junta registró en 2025 unas 200 parejas, 108 puestas y 948 pollos, un resultado favorecido por las lluvias y por la mayor disponibilidad de zonas inundadas.
En las campiñas, la estrategia cambia de herramientas. Los acuerdos con agricultores permiten retrasar cosechas, proteger nidos y reservar pequeños rodales de biodiversidad para aves como el aguilucho cenizo, del que se mantiene una media anual de 528 parejas reproductoras.
Semillas, mar y amenazas
La biodiversidad andaluza no termina en los animales. El Banco de Germoplasma Vegetal conserva más de 11.000 accesiones de unos 3.300 taxones, es decir, miles de muestras concretas de semillas y otros materiales que pueden utilizarse para investigación o para recuperar poblaciones vegetales. La infraestructura trabaja con la Universidad de Córdoba y el Real Jardín Botánico de Córdoba, y recibirá 840.000 euros hasta 2027.
Bajo el agua, las praderas de posidonia ocupan 71,02 kilómetros cuadrados dentro de los 117,70 kilómetros cuadrados de praderas marinas cartografiadas en Andalucía. La posidonia no es un alga, sino una planta con flores que sirve de refugio para peces, fija sedimentos, reduce la erosión costera y almacena carbono. Una red de 33 estaciones vigila su evolución.
Queda una idea incómoda. La recuperación depende de mantener el seguimiento, reducir atropellos, asegurar tendidos eléctricos y perseguir el veneno, una práctica contra la que la Junta ha realizado unas 5.300 inspecciones desde 2004 y a la que atribuye una caída del 70 por ciento en la mortalidad asociada. Los números muestran progreso, no una victoria definitiva.
El balance oficial en el que se basa esta noticia se ha publicado en la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.



