El lince ibérico acaba de firmar una de esas noticias que invitan a celebrar. El censo oficial de 2025 eleva su población a 2.663 ejemplares en España y Portugal, el dato más alto desde que existe seguimiento coordinado. Hace apenas dos décadas, este felino estaba contra las cuerdas.
Pero la fotografía completa tiene una sombra difícil de ignorar. En el mismo año en el que la especie vuelve a crecer, se han registrado 273 muertes y 212 fueron atropellos en carreteras, pistas y otras infraestructuras. ¿De qué sirve abrir nuevos territorios si el camino está lleno de trampas?
Un récord con matices
El nuevo censo confirma 2.269 linces en España y 394 en Portugal. Del total, 1.711 son adultos o subadultos y 952 son cachorros nacidos durante 2025. Es una cifra histórica, sí, pero también una cifra que necesita leerse con calma.
El aumento frente a 2024 es del 10,9 %, cuando se habían contabilizado 2.401 ejemplares. Si se mira más atrás, el salto impresiona todavía más, porque en 2002 quedaban menos de 100 linces censados. La recuperación existe. Y se ve.
El informe también señala que la población prácticamente se ha duplicado desde 2021, cuando había 1.365 ejemplares. Esto demuestra que las sueltas, la cría en cautividad y el trabajo en el campo han funcionado en buena parte. Aun así, el crecimiento ya no avanza con la misma velocidad que en otros años.
El mapa del lince
La mayor parte de los ejemplares sigue concentrada en dos comunidades. Castilla-La Mancha suma 1.051 linces y Andalucía registra 885, mientras que Sierra Morena aparece como la gran área de referencia, con 1.145 individuos repartidos entre núcleos andaluces y castellanomanchegos.
El mapa ya no termina ahí. Extremadura cuenta con 302 linces, Murcia con 19, Castilla y León con 11 y Madrid con un ejemplar asentado en el este de la región. Además, el informe avisa de algo importante, las cifras deben considerarse como un número mínimo, porque cada vez es más difícil identificar a todos los animales uno por uno.
En total, la presencia del lince se ha constatado en 26 núcleos geográficos y en 18 de ellos hubo reproducción durante 2025. Es una señal positiva, porque no basta con tener linces sueltos. Hace falta que formen territorios, encuentren pareja y críen.
La carretera, el punto negro
El dato que enfría la celebración está en la mortalidad. En 2025 se detectaron 273 linces muertos en la Península Ibérica y 212 murieron por atropello, casi el 78 % del total. Para un conductor puede ser un segundo de oscuridad en una carretera secundaria. Para la especie, es una pérdida acumulada año tras año.
El propio Ministerio considera que las tasas de mortalidad no natural siguen siendo «preocupantes». WWF también ha alertado de que la mortalidad por atropello alcanzó la cifra más alta hasta ahora, con una tasa cercana al 7,96 % respecto a la población total. No es poca cosa.
El problema crece precisamente porque hay más linces moviéndose. Los jóvenes se dispersan para buscar territorio y atraviesan pistas, autovías o carreteras comarcales. Ahí es donde un éxito de conservación puede convertirse, de golpe, en una zona de riesgo.
Más hembras, más futuro
La otra buena noticia está en las hembras reproductoras. El censo recoge 542 hembras territoriales, 72 más que el año anterior, y el objetivo técnico se sitúa en 750 para considerar que el lince se encuentra en un estado de conservación favorable. Aquí no cuenta solo cuántos linces hay, sino cuántos pueden sostener nuevas generaciones.
Esas hembras sacaron adelante 952 cachorros, con una fecundidad media de 1,75 crías por hembra territorial. En la práctica, esto significa que el motor biológico de la especie sigue funcionando. Pero si los jóvenes se dispersan y se encuentran con carreteras peligrosas, parte de ese esfuerzo se pierde.
WWF insiste en que ampliar el territorio es clave para evitar que las poblaciones más asentadas se queden sin espacio. Ramón Pérez de Ayala, experto en lince ibérico de la organización, lo resume así, «la estrategia de crear nuevas poblaciones es clave para aumentar el número de linces y que la especie salga de peligro».
No está salvado
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza rebajó en 2024 al lince ibérico de «en peligro» a «vulnerable» en su Lista Roja, un paso enorme para una especie que estuvo al borde de desaparecer. Aun así, vulnerable no significa fuera de peligro.
La propia UICN recuerda que siguen existiendo amenazas importantes, como las oscilaciones del conejo europeo, las enfermedades transmitidas por gatos domésticos, el furtivismo, los atropellos y los cambios en el hábitat relacionados con el clima. El problema es que la recuperación no se protege sola.
Nuevos territorios
Los programas de cría en cautividad y reintroducción han sido una pieza clave. Desde que comenzaron las primeras liberaciones en 2011, se han reintroducido 424 ejemplares en áreas con condiciones adecuadas. En 2025 arrancó la liberación en el Cerrato palentino y en 2026 llegaron los primeros linces al Valle del Ebro, en la zona del río Huerva.
Ahora el reto es que esos nuevos núcleos no sean islas separadas por asfalto. Pasos seguros, menos puntos negros, más conejo, vigilancia contra el furtivismo y corredores ecológicos pueden marcar la diferencia. El lince ha vuelto, pero todavía necesita que el paisaje le deje vivir.
El informe oficial del Censo de Lince Ibérico de España y Portugal 2025 ha sido publicado en la página web del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.










