En los arrecifes poco profundos del sureste de Papúa Nueva Guinea se mueve un pequeño tiburón nocturno que avanza apoyando sus aletas sobre el fondo, casi como si caminara. Los análisis han confirmado que se trata de una especie nueva para la ciencia, bautizada como Hemiscyllium dudgeonae.
El hallazgo eleva a diez el número de especies conocidas de tiburones caminantes, pero llega con una advertencia. Su distribución aparente ocupa unos 7000 kilómetros cuadrados en la provincia de Milne Bay, la menor conocida dentro del género. Cuando un animal tiene un hogar tan pequeño, cualquier daño al arrecife puede alcanzar a buena parte de su población. Y ahí está el problema.
Un hallazgo durante una inmersión nocturna
El equipo dirigido desde la University of the Sunshine Coast estudiaba la distribución de los tiburones caminantes del este de Papúa Nueva Guinea. Durante una campaña realizada en marzo de 2025, Christine Dudgeon capturó cuidadosamente un ejemplar cerca de las islas Amphlett para examinarlo en la embarcación.
Jessica-Anne Blakeway, autora principal del estudio, detectó enseguida algo extraño. “Reconocí que el patrón de color era diferente”, explicó. En lugar de las marcas parecidas a las de un leopardo que esperaban encontrar, el cuerpo marrón mostraba puntos claros y pequeñas rayas blancas.
Durante las dos noches siguientes aparecieron otros once ejemplares con el mismo dibujo. Los doce tiburones analizados medían entre 39,2 y 78,1 centímetros, con una media de 62,3 centímetros. La mayoría fue liberada viva después de tomar fotografías y muestras de sangre y tejido.
Nuevo para la ciencia, conocido en las islas
La especie ya era conocida por las comunidades locales. En la zona del hallazgo recibe el nombre de “kadedekedewa”, traducido de forma aproximada como “tiburón perro” o “tiburón perezoso” por su marcha lenta. En las islas Trobriand también se conoce como “botabota”.
No apareció de repente un animal que nadie hubiera visto. La ciencia consiguió distinguir y describir formalmente una especie que los habitantes de la región ya reconocían. El nombre científico honra a Christine Dudgeon, genetista y ecóloga que lleva más de dos décadas investigando el género Hemiscyllium.
Por qué parece que camina
¿Camina de verdad? No como un animal terrestre, pero utiliza las aletas pectorales y pélvicas como apoyos para avanzar por el fondo. Esta marcha le permite moverse entre hierbas marinas, rocas y corales en arrecifes muy poco profundos, aunque también puede nadar.
Los investigadores lo encontraron entre 0,5 y 12 metros de profundidad. Por la noche aparecía en zonas más someras, mientras que durante el día se refugiaba bajo salientes rocosos y corales tabulares. Se alimenta de invertebrados del fondo y no se considera peligroso para las personas.
Su movimiento puede parecer torpe, pero encaja con un entorno lleno de huecos y obstáculos. A cambio, esa vida tan pegada al arrecife limita su capacidad para escapar cuando el hábitat cambia.
Las manchas fueron la primera pista
Los tiburones caminantes son muy parecidos entre sí. Para separarlos, los especialistas combinan el patrón de color, el lugar donde viven y la información genética. En este caso, las rayas blancas y una gran marca oscura parecida a un ojo detrás de la cabeza abrieron la investigación.
Pero el color no bastaba. Un marcador mitocondrial llamado ND4 situó al nuevo tiburón muy cerca de Hemiscyllium michaeli y no resolvió bien la separación. El equipo analizó entonces miles de variaciones repartidas por el genoma, conocidas como SNP, y los doce ejemplares formaron un grupo claramente diferenciado.
En palabras sencillas, no se declaró una especie nueva solo porque pareciera distinta. Su aspecto dio la primera señal y la genética aportó la prueba más sólida. No es poca cosa.
Un hogar de apenas 7000 kilómetros cuadrados
Por ahora, Hemiscyllium dudgeonae se ha confirmado en tres puntos de las islas Amphlett y en dos de las islas Trobriand. Su área aparente ronda los 7000 kilómetros cuadrados, la extensión más pequeña documentada para un tiburón caminante.
Los autores creen que también podría vivir en las islas D’Entrecasteaux y quizá llegar hasta Woodlark, pero todavía no está demostrado. Las aguas relativamente poco profundas que conectan estas zonas ofrecen una ruta posible. Hacen falta más expediciones para dibujar el mapa real.
Una distribución reducida no significa automáticamente que queden pocos ejemplares. Pero sí aumenta el riesgo de que una amenaza local afecte a una parte grande de la especie. Una obra costera, una pesca intensa o un episodio grave de blanqueamiento coralino pueden cerrar muchas salidas a la vez.
La conservación no puede esperar
El estudio señala la degradación de los arrecifes, el desarrollo costero, la expansión de plantaciones de palma aceitera, la pesca y el cambio climático entre las presiones que afectan a estos tiburones. Cinco de las nueve especies conocidas antes del hallazgo ya estaban clasificadas como amenazadas en la Lista Roja de la UICN, principalmente por sus áreas pequeñas y su escasa dispersión.
Los autores también recogen testimonios sobre presión de la pesca de subsistencia y explican que no localizaron tiburones caminantes en lugares de D’Entrecasteaux donde las comunidades recordaban que antes era fácil verlos. Esto no demuestra una desaparición local, pero el equipo considera que es una posibilidad plausible.
Papúa Nueva Guinea no cuenta con protecciones específicas para estos tiburones. Por eso, los investigadores recomiendan incluir a las especies presentes en sus aguas en la Ley de Protección y Control de la Fauna y trabajar con los propietarios tradicionales de las tierras y del mar.
Lo que falta por descubrir
El siguiente paso será confirmar hasta dónde llega la especie, estimar su abundancia y comprobar qué amenazas pesan más en cada isla. Blakeway espera reunir nuevos datos en una expedición prevista para octubre, con el objetivo de ayudar a la UICN a decidir si debe considerarse vulnerable o en peligro.
El hallazgo deja una idea sencilla. Incluso en arrecifes utilizados desde hace generaciones todavía puede haber especies sin describir formalmente. Ponerles nombre no es el final del trabajo, sino el principio de su protección.
El estudio ha sido publicado en el Journal of the Ocean Science Foundation.



