Una bandeja con cacahuetes está a punto de llegar y todos lo saben. La comida es limitada, el espacio es pequeño y la tensión puede crecer en segundos. Sin embargo, antes de lanzarse a por ella, algunos chimpancés y bonobos se abrazan, se tocan, se cogen de la mano o buscan el cuerpo de un compañero.
No parece una simple celebración. Un nuevo estudio dirigido por la Universidad de Durham indica que los individuos que intercambian más contacto físico tranquilizador durante la espera pasan después más tiempo alimentándose junto a otros. El tacto podría actuar así como una herramienta preventiva para gestionar la competencia antes de que aparezca una pelea.
Cinco minutos antes de los cacahuetes
El equipo observó cinco grupos de chimpancés y bonobos que vivían en condiciones semisalvajes en dos santuarios africanos. Los bonobos estaban en Lola ya Bonobo, en la República Democrática del Congo, y los chimpancés en Chimfunshi Wildlife Orphanage Trust, en Zambia.
Los investigadores utilizaron una prueba conocida como “peanut swing”. Tras una señal familiar, los animales esperaban cinco minutos antes de que los cacahuetes fueran liberados en una zona compartida, restringida y cada vez con menos alimento. El análisis individual reunió 811 observaciones de 116 animales durante 45 sesiones.
Durante la espera, las cámaras registraron quién tocaba a quién, qué gesto utilizaba y con cuántos compañeros entraba en contacto. Después se midió cuánto tiempo permanecía cada individuo dentro de la zona de alimentación junto al resto del grupo. No era una impresión a simple vista, sino una conducta cuantificada paso a paso.
Más contacto y mayor tolerancia
El patrón apareció en las dos especies. Cuantos más contactos afiliativos realizaba un individuo antes de recibir la comida, mayor era su tolerancia posterior al alimentarse cerca de otros. También importaba el número de compañeros con los que se relacionaba durante esos minutos previos.
En la práctica, los abrazos, las caricias, los besos corporales y otros acercamientos podían funcionar como una señal de intenciones pacíficas. “El tacto social es una poderosa herramienta de comunicación, presente mucho antes que el lenguaje”, explica Jake Brooker, primer autor del trabajo.
Pero el efecto no apareció con la misma fuerza en todos los grupos. Fue más claro en las comunidades que ya mostraban una mayor tolerancia social. Eso importa, porque sugiere que un abrazo no transforma por sí solo una relación difícil, sino que funciona dentro de una red de confianza construida con el tiempo.
Hembras de bonobo y machos de chimpancé
Las diferencias entre especies siguieron la organización social de cada una. Entre los bonobos, las parejas formadas por dos hembras intercambiaron más contacto tranquilizador que otras combinaciones. Sus alianzas femeninas tienen un peso central en la convivencia y en el acceso a los recursos.
En los chimpancés, el patrón más marcado apareció entre los machos. Sus vínculos sirven para cooperar, formar coaliciones y moverse dentro de una jerarquía social compleja. Justo antes de competir por comida, reforzar esas relaciones puede resultar especialmente útil.
Esto no significa que todos los bonobos sean pacíficos ni que todos los chimpancés sean agresivos, y el propio estudio muestra una variación importante entre grupos de la misma especie. A veces, el clima de una comunidad explica más que la etiqueta que solemos colocar al animal. Y eso se nota.
La confianza dentro de una boca
Una de las conductas más llamativas apareció entre los chimpancés. Algunos introducían dedos, manos u otras partes del cuerpo en la boca de un compañero durante los momentos previos a la alimentación. Parece una imprudencia, pero precisamente ahí puede estar el mensaje.
Permitir ese contacto coloca al animal en una posición vulnerable y solo resulta seguro si espera que el otro no muerda. Los autores interpretan estos gestos como posibles señales de confianza, y observaron que eran considerablemente más frecuentes en el grupo de chimpancés más tolerante.
Brooker añade que estas conductas muestran “una disposición a mostrarse vulnerables”. No es poca cosa. En una situación donde todos esperan un recurso valioso, exponer una parte sensible del cuerpo puede comunicar con enorme claridad que no existe intención de atacar.
Una herramienta anterior al lenguaje
Chimpancés y bonobos son nuestros parientes vivos más cercanos. Que ambas especies utilicen repertorios de contacto parecidos antes de una situación competitiva abre una posibilidad sugerente. Esta forma de tranquilizar al grupo podría proceder de un antepasado común compartido con los seres humanos hace al menos seis millones de años.
Es una hipótesis evolutiva, no una fotografía directa del pasado. El estudio no puede demostrar que aquel antepasado abrazara exactamente como lo hacemos hoy, pero la coincidencia entre los dos linajes hace razonable pensar que el tacto social tiene raíces muy antiguas. Para Zanna Clay, autora sénior, el resultado también recuerda que la evolución social no se explica únicamente mediante la agresividad y la competencia.
¿Y qué significa esto para nosotros? Una mano sobre el hombro antes de una conversación difícil, un abrazo cuando sube la tensión o un apretón de manos antes de negociar pueden reducir la incertidumbre y reforzar vínculos. La investigación no estudió a personas, aunque ofrece una pista sobre por qué esos gestos siguen teniendo tanta fuerza.
Lo que todavía falta por demostrar
El trabajo aporta una secuencia clara. Primero se produjo el contacto y después se midió la tolerancia al compartir la comida. Aun así, los investigadores no asignaron abrazos de manera experimental, por lo que la asociación no demuestra por sí sola que el tacto sea la única causa de una convivencia más pacífica.
También puede existir un círculo de refuerzo. Los grupos más tolerantes quizá se toquen más porque ya confían entre sí, mientras que ese contacto ayuda a mantener la tolerancia. Los autores quieren estudiar ahora si estos gestos reducen hormonas relacionadas con el estrés y si el efecto depende de la amistad, el parentesco o la relación concreta entre dos individuos.
La conclusión, por ahora, es sencilla y también interesante. Chimpancés y bonobos no esperan necesariamente a que una pelea dañe sus relaciones para buscar calma, pues en muchos casos se acercan antes y preparan así un clima más tolerante.
El estudio ha sido publicado en Proceedings of the Royal Society B.



