Las rocas que hoy forman parte de una montaña pueden guardar pistas de un continente que se fragmentó hace millones de años. Un equipo internacional ha utilizado datos de 25 346 rocas para reconstruir Gondwana y calcula que llegó a reunir cerca del 80 % de la superficie continental del planeta, frente al 64 % estimado anteriormente.
La investigación, publicada el 9 de septiembre de 2026 en Science Advances, identifica fragmentos antiguos ocultos bajo cordilleras de Asia, Europa y Norteamérica. Sus autores proponen un «Gran Gondwana» y plantean que su formación pudo favorecer los cambios ambientales relacionados con la diversificación de los animales.
Qué significa ese 80 %
La cifra necesita contexto. Se refiere a la proporción de los continentes que habría quedado reunida en Gondwana, sin contar los océanos como parte de esa superficie.
La reconstrucción se centra en hace unos 550 a 500 millones de años. Amplía el territorio tradicionalmente asociado con África, Sudamérica, la Antártida, Australia y la India, incorporando piezas cuya historia había quedado escondida bajo rocas posteriores.

El cambio supone añadir unos 16 puntos porcentuales a la estimación anterior. Dicho de forma sencilla, la propuesta reúne en una sola masa aproximadamente cuatro quintas partes de la superficie continental de aquella época.
Una memoria dentro del granito
La clave está en los isótopos del samario y el neodimio, variantes de estos elementos que permiten investigar el origen de las rocas. Sus proporciones conservan información sobre materiales antiguos, incluso después de que parte de esa corteza se funda y dé lugar a nuevas rocas.
Esto permite distinguir dos momentos de una misma historia. Uno corresponde a la formación del granito que observamos y otro a la antigüedad estimada de los materiales de los que procede.
Es parecido a reformar una casa aprovechando sus viejos ladrillos. La construcción puede ser reciente, pero parte del material conserva una historia anterior, y esa diferencia ayuda a reconocer fragmentos continentales que ya no resultan evidentes a simple vista.
La ayuda de la IA
El trabajo reunió análisis previamente realizados por numerosos investigadores. Según explicó William Collins, coautor del estudio, a ConnectSci, una herramienta llamada GeoChatGPT ayudó a recopilar datos de muestras ya estudiadas y sus localizaciones en una gran base de datos.
La aportación de la inteligencia artificial estuvo en reunir esa información para poder trabajar a gran escala. La reconstrucción geológica se apoyó después en las señales isotópicas y en la comparación con los mapas de la Tierra antigua.
«Es un poco como una máquina del tiempo de la historia de la Tierra», explicó Collins al describir la recopilación global. La imagen ayuda a entender el método, aunque lo que obtienen los científicos es una reconstrucción basada en indicios químicos y geológicos.
El pasado oculto bajo Asia
Uno de los ejemplos más claros aparece en el Himalaya. Collins describe granitos formados hace 20, 50 o 120 millones de años cuyos materiales de origen apuntan a un bloque continental mucho más antiguo, relacionado con Gondwana.
El equipo siguió esas señales desde la India y el sudeste asiático, a través de buena parte de China, hasta Kazajistán. Algunas zonas interpretadas anteriormente como antiguos fondos oceánicos con cadenas de islas volcánicas pasarían a incluir fragmentos de corteza continental.
Por eso, una cordillera joven puede ocultar una historia muchísimo más larga. Las montañas que vemos al viajar cuentan solo una parte de lo que ha ocurrido bajo nuestros pies.
Volcanes, clima y animales
Los autores también plantean una conexión entre la unión de Gondwana y los grandes cambios ambientales de aquella época. Su propuesta incluye la formación de un extenso cinturón volcánico alrededor del supercontinente, asociado al hundimiento de unas placas tectónicas bajo otras.
Esos volcanes habrían liberado gases como el CO₂ durante millones de años, contribuyendo a modificar el clima. Según la hipótesis del equipo, esa transformación pudo ayudar a crear condiciones favorables para la gran diversificación animal del Cámbrico.
Conviene distinguir esa propuesta de una causa demostrada y exclusiva. Ya existían organismos complejos antes del Cámbrico, durante el Ediacárico, por lo que aquella diversificación amplió una historia de la vida que había comenzado mucho antes.
Un mapa todavía abierto
La principal aportación del estudio es ampliar la reconstrucción de Gondwana mediante señales conservadas en las rocas. Su posible influencia sobre el clima y la evolución abre otra línea de investigación, que requiere contrastar los tiempos y los mecanismos de esos cambios.
El resultado invita a mirar las montañas como archivos de la historia ambiental del planeta. El estudio original ha sido publicado en Science Advances, con el título «Buried fragments reveal a “Greater Gondwana” supercontinent».
Imagen: Tao Wang et al. / Science Advances (CC BY-NC 4.0)










