Henry Ford quiso asegurarse el caucho de sus coches construyendo una ciudad en plena Amazonia. El proyecto arrancó en 1927 junto al río Tapajós, en Brasil, pero las enfermedades de los árboles, las dificultades del terreno y los problemas de gestión acabaron frustrándolo.
Fordlandia tenía viviendas, hospital y electricidad, pero no consiguió convertirse en la fuente de suministro que esperaba el fabricante. La compañía terminó saliendo de la región en 1945, después de probar suerte también en Belterra. Detrás de aquel fracaso hay una lección sobre los riesgos de transformar una selva en una plantación.
Las cifras de Fordlandia
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Concesión (1927) | Alrededor de 1 millón de hectáreas (casi la Región de Murcia) |
| Inicio de las obras | 1928 |
| Fichaje del especialista James Weir | 1933 |
| Primera extracción comercial en Belterra | 1942 |
| Látex producido | 750 toneladas |
| Inversión total | 20 millones de dólares |
| Venta a Brasil (1945) | Unos 250.000 dólares (el 1,25 % de lo invertido) |
Un millón de hectáreas junto al Tapajós
A comienzos del siglo XX, el crecimiento del automóvil disparó la demanda de caucho para fabricar neumáticos. Las plantaciones asiáticas habían ganado terreno a la extracción amazónica y las políticas comerciales británicas preocupaban a los industriales estadounidenses.
Ford buscó en Brasil una manera de controlar su propio abastecimiento. En 1927 obtuvo una concesión de alrededor de un millón de hectáreas junto al Tapajós. Sobre el papel, cultivar la materia prima permitiría reducir su dependencia de otros proveedores. Un millón de hectáreas son 10.000 kilómetros cuadrados, casi la superficie de la Región de Murcia.
Hospital, escuela y luz eléctrica en plena selva
En 1928 comenzaron los trabajos para levantar Fordlandia, con la tala de selva para abrir espacio a las instalaciones. Llegaron máquinas y se construyeron viviendas, servicios sanitarios y una infraestructura que pretendía sostener tanto la actividad agrícola como la vida cotidiana.

La ciudad ofrecía hospital, escuela, agua corriente y luz eléctrica, según la reconstrucción histórica publicada en Cadernos de História da Ciência. Pero disponer de edificios y maquinaria no resolvía las dificultades agrícolas. El terreno accidentado y los suelos arenosos complicaban el cultivo mecanizado.
Un hongo que arrasaba las hojas
El árbol del caucho, Hevea brasiliensis, es originario de la Amazonia. Eso no significaba que pudiera cultivarse allí de cualquier manera. Al concentrar muchos ejemplares susceptibles en una misma plantación, las enfermedades encontraban condiciones muy distintas a las del bosque.
Una de las más destructivas es el mal suramericano de las hojas, causado por el hongo Pseudocercospora ulei. Ataca el follaje y puede provocar pérdidas repetidas de hojas y, en casos graves, la muerte del árbol. Sin árboles sanos, el suministro de látex se vuelve mucho más difícil.
¿Dónde estuvo el error? La proximidad entre plantas favorecía la propagación de un enemigo que ya estaba presente en la región. Un estudio publicado en PLOS ONE en 2014 recoge el fracaso de Fordlandia como un ejemplo histórico del impacto de esta enfermedad.
Arroz integral, melocotones y una revuelta
Las dificultades también llegaron al comedor y a las viviendas. Ford pretendía trasladar a Brasil parte de las costumbres de sus comunidades estadounidenses, con una alimentación y una disciplina que chocaban con la vida local.
El historiador Greg Grandin explicó a NPR en 2009 que se intentaron imponer alimentos como arroz integral, avena y melocotones en conserva. Un cambio del servicio de mesa al autoservicio desencadenó una revuelta que acabó con destrozos en el comedor. Las decisiones sobre cómo vivir y comer habían agravado el conflicto.
Grandin resumió el choque ambiental con una frase que ayuda a entender todo el proyecto. “Ford intentó básicamente imponer la producción industrial en masa a la diversidad de la selva”, señaló. Allí, repetir una fórmula de fábrica tenía límites.
750 toneladas de látex en Belterra
La empresa impulsó un segundo asentamiento, Belterra, después de contratar al especialista en enfermedades vegetales James Weir en 1933. Allí estableció un vivero y un laboratorio para buscar árboles productivos y resistentes.
El archivo de The Henry Ford sitúa el inicio de la extracción comercial en 1942 y recoge una producción de 750 toneladas de látex. Belterra sí produjo, pero siguió sufriendo problemas con el hongo. La compañía no consiguió el abastecimiento fiable que perseguía.
La inversión acumulada alcanzó los 20 millones de dólares de la época. En 1945, Ford vendió sus intereses amazónicos al Gobierno brasileño por unos 250.000 dólares. La reapertura del suministro asiático tras la guerra y el desarrollo del caucho sintético contribuyeron al abandono. Ford recuperó, por tanto, apenas un 1,25 % de lo que había gastado.
20 millones invertidos y vendida por 250.000
El problema fitosanitario tampoco terminó con la marcha de Ford. Prevenir la entrada del hongo en otras regiones productoras requiere controlar el material vegetal y los objetos que puedan transportar restos contaminados.
Un análisis de riesgo publicado por la FAO en 2007 recomendaba incluso limpiar con vapor maquinaria forestal usada en plantaciones de caucho. Las medidas se dirigían a cargas procedentes de zonas afectadas. El objetivo era evitar que restos vegetales contaminados llevaran la enfermedad a otras plantaciones.
Fordlandia permite entender por qué conocer el suelo, las enfermedades y las prácticas locales resulta decisivo antes de ampliar un cultivo. La reconstrucción histórica del proyecto está publicada en The Henry Ford, en una ficha fechada el 16 de diciembre de 2025.
Imagen: The Henry Ford













