Naturaleza

Unos pequeños caracoles marinos recorren enormes distancias utilizando las corrientes de la superficie para colonizar volcanes submarinos

Unos diminutos caracoles marinos utilizan las corrientes de la superficie para recorrer enormes distancias bajo el océano.

Unos pequeños caracoles marinos recorren enormes distancias utilizando las corrientes de la superficie para colonizar volcanes submarinos

Las fuentes hidrotermales parecen pequeñas islas de vida perdidas en la oscuridad del fondo oceánico. Sin embargo, un nuevo estudio ha encontrado una conexión inesperada con la superficie iluminada por el Sol. Las larvas de tres especies de lapas abandonan las profundidades, ascienden hasta la zona superior del océano y después regresan a una fuente hidrotermal para completar su vida adulta.

La prueba no procede de una observación directa, algo casi imposible con animales microscópicos en mar abierto. Quedó escrita en sus propias conchas mediante señales químicas que revelan la temperatura y el tipo de agua en el que crecieron. Todos los ejemplares analizados mostraron la misma huella de aguas superficiales.

Un misterio bajo miles de metros

Las fuentes hidrotermales se forman cuando el agua del mar entra en la corteza terrestre, se calienta y vuelve a salir cargada de minerales. A su alrededor prosperan ecosistemas que no dependen principalmente de la luz solar, sino de bacterias capaces de obtener energía de sustancias químicas.

Estos oasis pueden estar separados por cientos o miles de kilómetros, pero en lugares muy alejados aparecen las mismas especies. La explicación más probable siempre estuvo en sus larvas, que pueden flotar y dejarse transportar por las corrientes. El problema era demostrarlo cuando miden menos de un milímetro.

La concha guardó el recorrido

El trabajo fue dirigido por Takuya Yahagi y Yasunori Kano, del Instituto de Investigación de la Atmósfera y el Océano de la Universidad de Tokio. El equipo estudió 39 lapas de tres especies, seis procedentes de Tu’i Malila, en el Pacífico Sudoccidental, y 33 del monte submarino Kaikata, en el Pacífico Noroccidental.

Algunas lapas adultas conservan pegada la pequeña concha que formaron cuando eran larvas. Esa pieza tiene menos de un milímetro y apenas unos 10 micrómetros de grosor, pero funciona como un diminuto cuaderno de viaje. «Como los anillos de un árbol, estas conchas conservan pistas químicas sobre el entorno en el que crecieron», explicó Yahagi.

La temperatura delató la subida

Los investigadores analizaron la proporción de distintos isótopos de oxígeno. Como esa relación cambia con la temperatura, permite estimar en qué tipo de agua se formó la concha. Los resultados apuntaron a valores de entre 16 y 22 grados, con una media cercana a 19 grados.

Es una temperatura demasiado elevada para el océano profundo normal y mucho más parecida a la de la zona eufótica, la franja de hasta unos 200 metros donde llega suficiente luz para que crezca el fitoplancton. Pero quedaba una duda. ¿Podía el calor proceder simplemente del agua caliente de las chimeneas?

El bario y el manganeso ayudaron a descartarlo. Estos elementos, abundantes en los fluidos hidrotermales, aparecieron en concentraciones bajas en la concha larvaria y más altas en la parte formada después de la metamorfosis. La combinación indica que las larvas crecieron lejos de la influencia directa de las fuentes.

Comer arriba y vivir abajo

La superficie ofrece dos ventajas enormes. Allí las larvas encuentran fitoplancton para alimentarse y corrientes más fuertes capaces de transportarlas a grandes distancias. En el fondo reina la oscuridad y hay mucho menos alimento disponible para una larva planctónica.

El recorrido probable comienza con una subida desde la fuente hasta las capas iluminadas. Después llega una etapa de alimentación y dispersión, seguida de un descenso hacia el lugar de nacimiento o hacia otro campo hidrotermal. Así podrían mantenerse conectadas poblaciones separadas por enormes distancias.

Aun así, el estudio no muestra cómo localizan su destino ni demuestra que cada larva vuelva exactamente al punto del que salió. Esa parte del viaje continúa escondida en el océano.

Una lotería biológica

Las probabilidades de completar el recorrido son muy bajas. Según Yahagi, probablemente casi todas las larvas son devoradas o se pierden antes de encontrar una fuente adecuada. Incluso si sobreviven, deben coincidir con una zona activa y muy pequeña en la inmensidad del fondo.

Los animales parecen compensar ese riesgo produciendo grandes cantidades de huevos. Es una lotería biológica. Muchos no llegarán, pero unos pocos pueden mantener el intercambio entre poblaciones y colonizar nuevos hábitats.

Por qué importa este hallazgo

El descubrimiento cambia la imagen de las fuentes hidrotermales como mundos completamente aislados. Aunque su energía básica procede de procesos químicos del fondo, parte de su fauna depende durante la juventud de la luz, el fitoplancton, la temperatura y las corrientes superficiales.

Esta conexión también importa para la conservación. Conocer la dispersión de las larvas ayuda a calcular si una población dañada podría recuperarse gracias a individuos llegados desde otra fuente y puede orientar el diseño de áreas marinas protegidas ante actividades como la minería submarina.

Pero conviene no ir demasiado lejos. Las tres especies estudiadas producen muchas crías y parecen buenas viajeras, por lo que podrían ser más resistentes que otros habitantes de las fuentes. El resultado no demuestra que todos los moluscos, camarones o gusanos sigan la misma ruta.

El clima también entra en juego

Las corrientes dependen en parte de las diferencias de temperatura entre regiones y capas del océano. Por eso, los investigadores plantean que el cambio climático podría alterar la dispersión de las larvas y la conexión entre las fuentes. De momento es una posibilidad, no una conclusión demostrada.

Y eso importa. Lo que ocurre cerca de la superficie puede terminar afectando a comunidades situadas a casi 2.000 metros de profundidad. El océano funciona como un solo sistema, aunque sus piezas parezcan muy alejadas.

Lo que todavía falta saber

El estudio examinó especies que viven a profundidades de hasta unos 2.000 metros, pero existen fuentes hidrotermales cercanas a los 5.000 metros. El siguiente paso será comprobar si las larvas de esos lugares también alcanzan la zona iluminada.

El equipo quiere analizar cada concha con mayor resolución. Eso podría reconstruir no solo la subida, sino también el descenso y la búsqueda final de una fuente donde asentarse, alimentarse y reproducirse. La concha ya ha revelado una parte del viaje. Ahora falta leer el resto.

El estudio completo ha sido publicado en Science Advances.

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