Energías Renovables

España se prepara para poner un enchufe en el fondo del mar que genere energía aprovechando el calor del fondo marino para cargar sensores sin cables ni barcos

España impulsa un innovador sistema para generar energía en el fondo del mar y alimentar sensores sin cables ni baterías.

España se prepara para poner un enchufe en el fondo del mar que genere energía aprovechando el calor del fondo marino para cargar sensores sin cables ni barcos

La idea parece sencilla, pero llevarla al fondo del océano cambia por completo la dificultad. La empresa gironina PLOATECH trabaja en LUCY, un proyecto que busca transformar en electricidad el calor natural de las fuentes hidrotermales submarinas, esas grietas del fondo marino por donde sale agua a temperaturas muy elevadas.

No se trata de levantar una central eléctrica bajo el mar ni de alimentar ciudades desde las profundidades. El objetivo es más concreto y, en buena parte, más realista. Crear una especie de “enchufe” submarino capaz de dar energía continua a sensores, robots e instrumentos científicos que hoy dependen de baterías, cables caros o misiones en barco. Y eso, en el océano profundo, no es poca cosa.

Energía donde fallan las baterías

El problema que intenta resolver LUCY es muy conocido por quienes estudian el mar profundo. Instalar un sensor a gran profundidad ya es difícil, pero mantenerlo funcionando durante meses o años lo complica todo mucho más.

Cada batería tiene un límite. Cuando se agota, hay que enviar un barco, planificar una operación y asumir costes altos. En la práctica, esto hace que muchos equipos trabajen menos tiempo del que podrían o que se tomen menos datos de los necesarios.

Según Manuel Vial, cofundador de PLOATECH, la falta de “una fuente de energía estable” obliga a muchos sensores submarinos a racionar su funcionamiento o a depender de misiones costosas. La ambición del proyecto es disponer de “un enchufe en el fondo marino” para alimentar instrumentos, sensores y robots de manera continuada.

Cómo funciona LUCY

La base del sistema está en una diferencia muy clara. Por un lado, el agua extremadamente caliente que sale de las fuentes hidrotermales. Por otro, el agua fría que rodea esas zonas en las profundidades del océano.

Ese contraste térmico puede convertirse en electricidad mediante tecnología termoeléctrica. Dicho de forma sencilla, el sistema intenta aprovechar la diferencia de temperatura para generar energía sin tener que llevar combustible ni depender solo de baterías.

PLOATECH coordina el proyecto y se encarga del diseño de la maquinaria submarina, del sistema de intercambio de calor, de la conversión de energía y del desarrollo de prototipos. La colaboración con ViCOROB, el grupo de visión por computador y robótica de la Universitat de Girona, se centra en integrar esta tecnología con equipos de robótica submarina y estaciones de acoplamiento.

Qué son las fuentes hidrotermales

Las fuentes hidrotermales se forman cuando el agua del mar se filtra por grietas de la corteza oceánica en zonas con actividad geológica. Esa agua se calienta por el contacto con el magma y vuelve a salir al océano cargada de calor y minerales.

La NOAA explica que estas fuentes se descubrieron en 1977 cerca de las islas Galápagos y que alrededor de ellas aparecieron comunidades de organismos nunca vistas hasta entonces. No viven gracias a la luz solar, como ocurre en la superficie, sino a procesos químicos ligados a esa mezcla de agua, calor y actividad volcánica.

Por eso estas zonas son tan valiosas para la ciencia. Sirven para estudiar ecosistemas únicos, la geología del planeta y también procesos relacionados con el cambio climático. El problema es que observarlas de forma continua exige energía estable en lugares donde casi nada es sencillo.

No es una central eléctrica marina

Conviene poner el proyecto en su sitio. LUCY no promete resolver la factura de la luz ni enviar electricidad desde el fondo del mar a los hogares. Su campo está en la energía de pequeña escala para la investigación submarina.

Ahí es donde la idea gana sentido. Un sensor, una estación de observación o un robot submarino no necesitan la misma potencia que una industria. Necesitan una alimentación fiable, cercana y capaz de trabajar durante mucho tiempo sin que un barco tenga que bajar cada poco a cambiar baterías.

La tecnología no parte de cero. Un estudio publicado en Applied Energy ya probó un convertidor termoeléctrico en una fuente hidrotermal a 2765 metros de profundidad, en el Dragon Flag Field, en la dorsal suroeste del Índico. El sistema obtuvo una potencia sostenida de entre 2,6 y 3,9 vatios, suficiente para alimentar un registrador de datos y una lámpara LED durante la prueba.

El reto está en bajar al océano real

Una cosa es validar un prototipo en laboratorio y otra muy distinta es hacerlo funcionar en un entorno submarino real. Allí hay presión, corrosión, temperaturas extremas, minerales que pueden depositarse sobre los equipos y una topografía difícil.

PLOATECH ya ha completado una prueba de concepto con un prototipo funcional validado en laboratorio. Ahora busca financiación para desarrollar un prototipo que pueda probarse en condiciones submarinas reales. Según ACCIÓ, la empresa estima que, una vez desarrollado ese prototipo, podría disponer de un sistema operativo con potencial comercial en aproximadamente un año y medio.

El proyecto cuenta con 182 000 euros de apoyo público de ACCIÓ, la agencia para la competitividad de la empresa de la Generalitat de Catalunya, dentro de la línea de ayudas de I+D empresarial Green en el ámbito del cambio climático. Es una cantidad importante para avanzar, aunque el verdadero examen llegará cuando el sistema tenga que trabajar bajo el agua, lejos del laboratorio.

Menos barcos y más datos

Si LUCY funciona como se espera, su impacto no estaría solo en la energía generada. También podría reducir la dependencia de campañas científicas con barcos, que son caras, complejas y tienen emisiones asociadas.

En el fondo, lo que busca esta tecnología es que los científicos puedan obtener más datos durante más tiempo y con menos interrupciones. Eso ayudaría a estudiar mejor los ecosistemas profundos, la actividad geológica y los cambios que se producen en zonas que todavía conocemos muy poco.

También hay una lectura ambiental clara. Menos viajes para cambiar baterías significa menos costes y, en gran medida, menos huella de carbono en determinadas misiones científicas. No elimina todos los impactos de la investigación marina, pero puede rebajarlos en una parte concreta y muy sensible.

Próximo paso para LUCY

El proyecto se mueve ahora en una fase decisiva. Ya no basta con demostrar que la idea tiene lógica sobre el papel. El siguiente paso es comprobar si puede resistir el entorno real del océano profundo.

Si lo consigue, LUCY podría abrir una vía interesante para la observación marina de larga duración. No sería una revolución energética para las ciudades, pero sí una herramienta muy útil para entender mejor el planeta desde uno de sus lugares más inaccesibles.

El comunicado oficial sobre el proyecto LUCY ha sido publicado por ACCIÓ.

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