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En 2018, científicos vertieron 30 camiones de pulpa de café sobre un pastizal degradado en Costa Rica: dos años después, los árboles cubrían el 80% del terreno frente al 20% de la parcela sin tratar

Científicos cubrieron un pastizal de Costa Rica con pulpa de café y dos años después los árboles ocupaban más del 80 % del terreno.

En 2018, científicos vertieron 30 camiones de pulpa de café sobre un pastizal degradado en Costa Rica: dos años después, los árboles cubrían el 80% del terreno frente al 20% de la parcela sin tratar

¿Puede un residuo de café ayudar a revivir un bosque destruido? En una antigua finca del sur de Costa Rica, un terreno cubierto con 30 camiones de pulpa, pasó de ser un pastizal seco a tener una cubierta de árboles superior al 80% en solo dos años.

El experimento dio comienzo en marzo de 2018 comparando esa parcela con otra idéntica a la que no le echaron nada. Estos resultados no son una prueba científica de que hacer esto, funcione en cualquier rincón del planeta, pero evidencia que existe una vía muy económica para poner fin a las malas hierbas y dejar hueco a las especies nativas.

Treinta camiones sobre un pastizal

Los investigadores Rebecca Cole y Rakan Zahawi llevaron a cabo la prueba en la Reserva Biológica Sabalito. La zona había sido una finca cafetera usada durante décadas para la ganadería y la agricultura, dejando el suelo bastante castigado.

El equipo delimitó dos zonas de 35 por 40 metros. En una soltaron unos 360 metros cúbicos de pulpa de café hasta formar un colchón de medio metro de grosor. La otra parcela se quedó tal cual para ver la diferencia.

Cómo actuó la pulpa de café

La pulpa es la cáscara jugosa que se le quita al fruto para sacar el grano, algo que habitualmente se tira a la basura, pero lo que muchos no saben es que acumula un montón de nutrientes y se fermenta sola de forma rápida.

Zahawi explicó que esa capa tan gruesa empezó a soltar calor, asfixió los pastos y coció las raíces hasta matarlas. Dos años después, la hierba invasora había desaparecido de la zona gracias al café, mientras que en la parcela donde no se vertió, seguía tapando el 80% del terreno.

Además, el suelo cambió por completo, así lo evidencian los análisis, que mostraron picos de carbono, nitrógeno y fósforo, sumado a una capa de hojarasca, que era perfecta para retener la humedad y agarrar nuevas semillas.

Un dosel por encima del 80%

Cumplido el plazo de dos años, los árboles de más de dos metros de alto cubrían el 82,5% de la parcela tratada. En el terreno pelado, en cambio, apenas llegaban al 22%. La altura media del follaje pasó de 1,37 metros en la zona de control a más de 4 metros donde se echó el residuo.

Se contaron 20 veces más tallos leñosos y el grosor de los troncos fue casi 30 veces mayor. De hecho, aparecieron cinco especies distintas de árboles en el trozo con pulpa, frente a una sola especie en la otra parte.

Una promesa que aún tiene límites

El invento ya se de forma similar, ya que hace años tiraron miles de toneladas de cáscaras de naranja en una zona degradada, y a los 16 años, la masa de árboles se había multiplicado casi por tres.

Aun así, este ensayo con café ha sido una prueba piloto en un punto muy concreto y durante poco tiempo. Falta medir si genera gases al descomponerse, si la lluvia arrastra los restos o si afecta a los arroyos cercanos.

Por temas de logística, el sistema solo sirve para terrenos llanos donde puedan entrar camiones pesados. Toca ver ahora si da el mismo resultado en otros tipos de suelo y con otros desechos agrícolas.

El estudio se publicó en Ecological Solutions and Evidence.

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