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No es plantar más árboles: científicos descubren una intervención sencilla que hace crecer tres veces más rápido los bosques degradados

Cortar lianas acelera la recuperación de los bosques degradados y multiplica su crecimiento, según un estudio científico.

No es plantar más árboles: científicos descubren una intervención sencilla que hace crecer tres veces más rápido los bosques degradados

Un bosque tropical talado no siempre necesita empezar de cero para recuperar altura, carbono y estabilidad. Un experimento desarrollado en la parte malasia de Borneo ha comprobado que cortar las lianas que dominan los árboles supervivientes puede acelerar de forma notable la reconstrucción del dosel.

La poda de estas enredaderas leñosas añadió 3,7 metros a la altura media del dosel en nueve años, redujo aproximadamente a la mitad la mortalidad de los árboles y costó cerca de diez veces menos que la plantación de enriquecimiento. Pero no es una receta para eliminar todas las lianas. La clave está en liberar a los árboles sin empobrecer la biodiversidad.

Qué son las lianas

Las lianas son plantas trepadoras de tallo leñoso que utilizan troncos y ramas como un andamio para alcanzar la luz. Forman parte de los bosques tropicales sanos y ofrecen flores, frutos, refugio y caminos elevados para numerosos animales.

El problema aparece después de una tala. Los claros dejan entrar más luz y estas plantas pueden crecer con rapidez, cubrir las copas y competir por el agua y los nutrientes. Como no necesitan construir un tronco rígido, llegan arriba antes.

En un bosque alterado, esa ventaja puede frenar a los árboles que deberían cerrar los huecos del dosel. Crecen menos, quedan más expuestos y pueden morir antes. Ahí entra en juego la poda.

Un experimento de 500 hectáreas

El trabajo se realizó en el Experimento de Biodiversidad de Sabah, cerca del valle de Danum. Este proyecto comenzó en 2002 sobre unas 500 hectáreas de bosque de dipterocarpáceas que habían sido taladas selectivamente décadas antes.

Los investigadores compararon parcelas sin intervención con otras donde se plantaron árboles nativos. En parte de las zonas plantadas también se cortaron las lianas, lo que permitió separar el efecto de ambas medidas y comprobar cuál impulsaba la recuperación.

Para observar el bosque utilizaron escaneos LiDAR aéreos. Esta tecnología lanza pulsos láser y construye una imagen tridimensional muy precisa de las copas. Los vuelos de 2013 y 2020 permitieron medir cambios en la altura, los huecos y la estructura del dosel.

El dosel ganó 3,7 metros

La plantación de enriquecimiento elevó la altura media del dosel en 1,6 metros respecto a las parcelas no plantadas durante 18 años. La tala de lianas produjo un aumento de 3,7 metros en solo nueve años.

Al comparar la velocidad anual, la recuperación vertical fue más de cuatro veces más rápida con la eliminación de las trepadoras. El equipo también observó que la mortalidad de los árboles cayó alrededor de un 50 %. No solo crecieron más los ejemplares que ya estaban allí, también sobrevivieron muchos más.

¿Por qué importa la altura del dosel? Una cubierta más alta y cerrada indica que el bosque está recuperando estructura, acumulando biomasa y almacenando más carbono sobre el suelo. Además, cerrar los claros cambia la luz, la temperatura y la humedad de las capas inferiores. Y eso se nota.

Mucho más barato que plantar

La diferencia económica puede ser tan importante como la ecológica. Según los cálculos del equipo, cortar lianas cuesta aproximadamente una décima parte de lo que supone producir, transportar y plantar árboles jóvenes, además de mantenerlos durante sus primeros años.

Los autores calcularon un coste cercano a 2 dólares por tonelada de CO₂ adicional capturada mediante la poda, frente a unos 58 dólares con la plantación de enriquecimiento. Son cifras ligadas a este experimento y no deben trasladarse automáticamente a cualquier selva, pero la diferencia es considerable.

En la práctica, la intervención aprovecha árboles que ya tienen raíces, troncos y copas capaces de responder cuando disminuye la competencia. Plantar sigue siendo útil, pero sus efectos estructurales tardan más en llegar.

No sustituye siempre a la reforestación

La técnica parece especialmente útil en bosques talados de forma selectiva que aún conservan suficientes árboles vivos. Una cuadrilla puede cortar los tallos de las lianas cerca del suelo sin derribar los árboles que las sostienen. Después, la parte superior de la trepadora muere y deja de presionar la copa.

En zonas muy degradadas, quemadas repetidamente o con pocos árboles semilleros, la poda probablemente no bastará. Harán falta plantaciones, protección frente a incendios y talas, recuperación del suelo y seguimiento. No hay un botón rápido para reconstruir una selva.

Toby Jackson, investigador de la Universidad de Bristol y primer autor del estudio, considera que esta medida puede ser una forma «razonablemente rentable» de restaurar bosques talados selectivamente. Se trata de sumar una herramienta, no de sustituir todas las demás.

La biodiversidad pone el límite

El estudio midió la estructura del bosque y su recuperación de carbono, pero no analizó directamente cómo respondieron las distintas especies. El LiDAR muestra si el dosel crece, aunque no identifica por sí solo qué plantas, insectos, aves o mamíferos ganan o pierden.

Las lianas no son plantas sin valor. Sus frutos alimentan a la fauna y sus tallos conectan las copas, algo útil para animales arborícolas como los orangutanes. Eliminarlas por completo podría acelerar el crecimiento de los árboles y reducir, a la vez, recursos importantes para otras especies.

Por eso, una poda parcial y selectiva puede ser más prudente. Se podría actuar sobre las lianas más grandes, proteger las riberas o conservarlas en zonas sensibles. Encontrar ese equilibrio será el siguiente paso.

Una herramienta sencilla con un gran efecto

La principal enseñanza no es que plantar árboles haya dejado de servir. Es que muchos bosques degradados todavía conservan una capacidad de recuperación enorme y, en ciertos lugares, retirar una presión concreta puede ser más rápido y barato que añadir miles de plántulas.

Esto puede ayudar a aprovechar mejor unos presupuestos de restauración casi siempre limitados. Antes de actuar habría que evaluar cuánto bosque queda, cuántas lianas existen, qué especies dependen de ellas y qué nivel de intervención resulta seguro.

La solución parece sencilla, pero detrás hay más de dos décadas de seguimiento. A veces, restaurar un bosque no consiste solo en poner algo nuevo, sino en permitir que lo que sobrevivió vuelva a crecer.

El estudio ha sido publicado en Current Biology.

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