España no necesita plantar más árboles sino cuidar mejor sus bosques. Esa es la conclusión respaldada por la comunidad científica y el motivo por el que los Premios Goya han decidido dar un giro a su estrategia de reducción de emisiones.
En lugar de financiar nuevas plantaciones simbólicas, la Academia del Cine impulsa junto al CREAF la creación de la Academia del Bosque, un programa formativo para propietarios forestales, técnicos y responsables políticos que gestionan millones de hectáreas en plena emergencia climática.
Los expertos subrayan que plantar árboles en lugares inadecuados puede incluso resultar contraproducente. Algunas repoblaciones históricas priorizaron especies de crecimiento rápido o poco adaptadas, reduciendo la biodiversidad y aumentando la vulnerabilidad a sequías, plagas y fuego.
La ciencia forestal moderna apuesta por restaurar ecosistemas completos, favorecer especies autóctonas y mantener paisajes en mosaico que combinen bosque, matorral, pastos y cultivos.
España no necesita plantar más árboles sino cuidar mejor sus bosques frente al cambio climático
Los Premios Goya cambian su estrategia climática y, junto al CREAF, lanzan la Academia del Bosque para formar a gestores y responsables públicos en resiliencia forestal.
España no necesita plantar más árboles. Necesita cuidar mejor los bosques que ya tiene y prepararlos para una nueva realidad climática. Esa es la conclusión que respalda la comunidad científica y que ha motivado un cambio de enfoque en la estrategia climática vinculada a los Premios Goya. La Academia del Cine lleva años trabajando para reducir la huella de carbono del evento que este año se celebra en Barcelona.
Este año, la ceremonia de entrega de los 40 Premios Goya da un giro en su estrategia de reducción de emisiones y, en lugar de financiar nuevas plantaciones, impulsa la creación de la Academia del Bosque, un plan de formación liderado por el centro de investigación CREAF dirigido a propietarios forestales y responsables de la administración pública.
«El objetivo común entre ambas instituciones es claro: no se trata de plantar más, se trata de cuidar mejor. Por ello, si la ciencia sabe cómo fortalecer la salud y resiliencia de nuestros bosques, hay que trasladar este conocimiento a quienes toman decisiones y gestionan el territorio. Al final, unos bosques más fuertes van a secuestrar más carbono», comenta Toni Ulled Nadal, coordinador de los Premios Goya.
La colaboración entre la Academia del Cine y el CREAF espera ser un revulsivo que motive otras entidades del sector audiovisual o de otros sectores a sustituir o combinar las plantaciones con iniciativas que promuevan la gestión forestal.
«Un bosque sano y maduro protege a la sociedad: mantiene el carbono secuestrado, retiene las tierras, regula las crecidas de los ríos y todo el ciclo del agua, conserva la biodiversidad y reduce el riesgo de grandes incendios. Un bosque degradado o muy joven, en cambio, es una diana de plagas, incendios, y difícilmente sobrevivirá a sequías y olas de calor intensas», añade Enrique Doblas, responsable de transferencia del CREAF.
La Academia del Bosque arranca en Cataluña como proyecto piloto
La Academia arrancará con una prueba piloto en Cataluña que incluirá hasta tres cursos dirigidos a públicos complementarios. Por un lado, los propietarios forestales, que gestionan el 80 % del territorio forestal. Se espera formar unos 40 propietarios, con un impacto potencial entre 1.000 y 2.000 hectáreas de bosque privado.
Por otro lado, los técnicos de la administración, responsables de los bosques públicos, que representan aproximadamente el 20 % de la superficie arbolada catalana (unas 480.000 hectáreas). Por último, se va a ofrecer formación a tomadores de decisiones, encargados de diseñar legislación, ayudas y políticas públicas vinculadas al sector forestal.
La Academia nace con vocación de convertirse en una iniciativa de alcance estatal. El éxito de esta experiencia piloto permitirá evaluar su potencial para extender el modelo al conjunto del país.
Uno de los ejes centrales de la formación será el uso del nuevo índice de vulnerabilidad a la sequía desarrollado por el CREAF. Esta herramienta permite evaluar de manera integrada distintos indicadores de riesgo frente a la sequía y diseñar actuaciones específicas para reforzar la resiliencia de cada bosque.
La formación combinará sesiones teóricas con salidas de campo donde se mostrarán aplicaciones prácticas, se debatirá su viabilidad real y se adaptarán las soluciones a las necesidades de los gestores.
En el caso de los responsables políticos, el programa pondrá el foco en evidencias científicas, prioridades estratégicas y experiencias ya testadas, con el objetivo de facilitar decisiones alineadas con la urgencia climática.
19,4 millones de hectáreas que requieren gestión adaptativa
Un bosque sano y maduro protege a la sociedad: mantiene el carbono secuestrado, retiene las tierras, regula las crecidas de los ríos y todo el ciclo del agua, conserva la biodiversidad y reduce el riesgo de grandes incendios.
Con 19,4 millones de hectáreas de superficie forestal, la cifra más alta de los últimos dos siglos y más del triple que a mediados del siglo XIX, España no sufre un déficit de bosques, sino de gestión forestal adaptada al cambio climático.
Desde la década de 1990, los bosques españoles han absorbido más del 10 % de las emisiones totales de CO₂ del país. Sin embargo, esta capacidad está disminuyendo debido al aumento de las temperaturas, las olas de calor, la irregularidad de las precipitaciones, las sequías prolongadas y los grandes incendios.
Actualmente, cerca de 10 millones de hectáreas, aproximadamente la mitad de los bosques del país, no están preparadas para afrontar el cambio climático. La degradación forestal no solo reduce su capacidad de almacenar carbono, sino que incrementa el riesgo de incendios extremos y puede provocar la liberación masiva del carbono acumulado durante décadas.
Un modelo que aspira a extenderse a toda España
Estudios recientes liderados por el CREAF muestran que el carbono almacenado en los bosques europeos se ha reducido en un tercio en apenas una década, principalmente por episodios extremos de sequía y calor.
La ciencia apunta a una solución clara y urgente: aplicar una gestión forestal basada en evidencia científica que aumente la resiliencia de los ecosistemas.
En el contexto de España, donde gran parte del problema forestal está ligado a la despoblación y al cambio en los usos del suelo, la prioridad científica es clara: más que contar árboles, hay que cuidar los bosques. La conservación activa, la diversidad y la gestión a largo plazo son las herramientas que realmente determinan la salud del paisaje forestal y su capacidad para resistir el cambio climático. Seguir leyendo en NATURALEZA.

















