Investigadores españoles no dan crédito a lo que acaban de descubrir: los jabalíes rurales son genéticamente distintos a los que viven núcleos urbanos

Publicado el: 29 de mayo de 2026 a las 15:37
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Grupo de jabalíes urbanos en Barcelona analizados en un estudio genético que los diferencia de los rurales.

Ver un jabalí junto a unos contenedores, cruzando una carretera o entrando en una zona ajardinada ya no parece una escena rara en muchas ciudades europeas. En Barcelona, ese contacto con el entorno urbano lleva años creciendo, pero ahora la ciencia ha encontrado algo más profundo que un simple cambio de costumbres.

Un estudio publicado en Science of the Total Environment confirma que los jabalíes urbanos de Barcelona forman una población genéticamente diferenciada de los jabalíes rurales cercanos. No significa que haya nacido una nueva especie. Significa que la ciudad, con sus parques, residuos, agua y refugios, puede estar actuando como un hábitat propio. Y eso cambia mucho la forma de gestionar el problema.



Qué ha descubierto el ADN

Los investigadores querían saber si los jabalíes urbanos que aparecen en zonas urbanas son visitantes ocasionales del monte o si, por el contrario, han empezado a formar grupos más estables dentro de la ciudad. Para comprobarlo, analizaron marcadores genéticos en ejemplares de Barcelona, Collserola y áreas rurales próximas.

El trabajo partió de un conjunto de 19 marcadores microsatélites y acabó analizando datos genéticos de 407 jabalíes. Los resultados señalaron dos grandes grupos genéticos, uno rural y otro urbano. En la práctica, los animales de ciudad no eran una simple copia de los del campo.



Los datos fueron bastante claros. La mayoría de los jabalíes muestreados en Barcelona y Collserola quedaron dentro del grupo urbano, mientras que casi todos los ejemplares de zonas rurales fueron asignados al grupo rural. Ahí está la clave del estudio.

Una isla dentro de Barcelona

Los autores hablan de una especie de «población isla» urbana. La imagen ayuda a entenderlo. No es que los jabalíes de ciudad estén encerrados entre edificios, pero sí que su vida diaria, sus desplazamientos y parte de su reproducción parecen estar cada vez más ligados al entorno urbano.

Esto no elimina el intercambio con el campo. De hecho, el estudio detecta flujo genético desde zonas rurales hacia la ciudad. Pero ese intercambio no impide que los jabalíes urbanos tengan ya un perfil propio, más cercano al de una población estable que al de unos animales de paso.

¿Qué significa esto para una persona que vive cerca de Collserola o de un barrio con zonas verdes? Que esperar a que los animales «vuelvan al monte» puede ser una idea demasiado simple. Si encuentran comida, refugio y poca presión, algunos grupos se quedan. Y se nota.

Por qué la ciudad les atrae

El jabalí es una especie muy flexible. Come muchos tipos de alimento, se mueve bien por terrenos distintos y aprende rápido. Esa combinación lo convierte en un animal especialmente capaz de aprovechar los bordes entre bosque, urbanización, parques y carreteras.

En una ciudad, además, aparecen oportunidades que en el medio natural no siempre existen. Basura mal cerrada, restos de comida, zonas de césped regadas, jardines, huertos urbanos y personas que les dan alimento sin medir las consecuencias. Para un animal oportunista, ese menú es difícil de ignorar.

El estudio también plantea una duda importante. No está claro si todos los cambios observados en los jabalíes urbanos son genéticos, de comportamiento o una mezcla de ambas cosas. Dicho de otra forma, puede haber adaptación heredada, aprendizaje o costumbre. La ciencia aún tiene que hilar más fino.

No son una nueva especie

Conviene evitar exageraciones. Los jabalíes urbanos y rurales siguen siendo jabalíes. La diferencia genética no convierte a los de ciudad en otro animal, pero sí muestra que sus poblaciones pueden separarse en su forma de vivir y reproducirse.

Los autores clasifican al jabalí como una «especie explotadora urbana». Es una expresión técnica, pero bastante gráfica. En el fondo, significa que no solo tolera la ciudad, sino que puede sacarle partido cuando encuentra los recursos adecuados.

Esto explica por qué algunas medidas aisladas tienen poco recorrido. Retirar un animal conflictivo de una calle puede resolver un susto puntual, pero no cambia las causas que atraen a otros. Si el barrio sigue ofreciendo comida fácil, el problema vuelve a empezar.

Berlín apunta en la misma dirección

El caso de Barcelona no aparece solo. El Instituto Leibniz de Investigación en Zoológicos y Vida Silvestre estudia también poblaciones urbanas de jabalí en Berlín y Barcelona, comparándolas con animales de áreas rurales cercanas. Según sus resultados, en ambas ciudades los jabalíes urbanos forman un grupo genotípico distinguible del rural.

Esto sugiere que el fenómeno no depende únicamente de una ciudad concreta. Puede estar relacionado con una tendencia más amplia de Europa, donde la expansión urbana y los corredores verdes están creando nuevos escenarios para la fauna grande.

El propio instituto advierte de algo muy práctico. Para gestionar bien estas poblaciones hay que saber si se mantienen por sí mismas o si dependen de la llegada constante de animales desde zonas rurales. No es un detalle menor. De esa respuesta depende buena parte de la estrategia.

Qué deben hacer las ciudades

La conclusión no es declarar la guerra al jabalí. La conclusión es gestionar mejor la convivencia. El estudio señala que las poblaciones periurbanas responsables de conflictos deben manejarse reduciendo el atractivo de las zonas urbanas y evitando que la habituación a personas y calles vaya a más.

En la práctica, esto pasa por cosas muy concretas. Contenedores que no puedan abrir, menos restos de comida accesibles, control en áreas de pícnic, avisos en carreteras cercanas a zonas forestales y campañas para que nadie les dé comida. Parece básico, pero es justo lo que rompe el círculo.

También hay una parte ciudadana. Si alguien se cruza con un jabalí, lo prudente es no acercarse, no tocarlo y no alimentarlo. Algunas campañas locales recuerdan además que conviene controlar la comida en zonas de picnic y conducir con precaución cerca de Collserola.

La ciudad también evoluciona

Este hallazgo cuenta una historia que va más allá de los jabalíes. Las ciudades no son espacios separados de la naturaleza. Son ecosistemas nuevos, mezclados, llenos de bordes y oportunidades para los animales que saben adaptarse.

El problema es que la gestión urbana suele ir por detrás. Primero aparecen los vídeos, luego los sustos, después las quejas vecinales y, al final, las medidas. Pero el ADN está mostrando que el proceso puede ser más profundo y duradero de lo que parecía.

El estudio completo ha sido publicado en Science of the Total Environment.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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