Un trabajo con marcadores genéticos en Barcelona detecta una población urbana diferenciada y sugiere que los parques actúan como “islas” que favorecen esa separación, un dato con consecuencias para la gestión de conflictos y riesgos sanitarios
La expansión del jabalí por Europa ya no se mide sólo en daños agrícolas o accidentes en carretera, también se lee en su ADN. Estudios genéticos realizados en Barcelona muestran que los ejemplares que se han asentado en el entorno urbano forman un grupo distinguible de los jabalíes rurales cercanos, pese a que sigue existiendo intercambio de animales desde el exterior. El hallazgo refuerza la idea de que la ciudad no es únicamente un lugar de paso, sino un hábitat que puede consolidar poblaciones estables con dinámica propia.
En España, donde la población de jabalí se ha disparado en las dos últimas décadas, la discusión sobre cómo contener su presencia en áreas pobladas se ha vuelto más áspera. Las estimaciones varían según las fuentes y metodologías, con horquillas que se mueven entre los dos millones y los 2,4 millones de ejemplares.
Parques como “islas” y entradas desde el exterior
El trabajo centrado en Barcelona (Sus scrofa) analizó la estructura genética con 19 marcadores microsatélite para responder a una pregunta clave, si los jabalíes urbanos dependen de la llegada constante de individuos rurales o si han constituido ya una población diferenciada. La respuesta es matizada. Los autores describen un flujo genético principalmente del campo a la ciudad, pero señalan que, aun así, los jabalíes urbanos se comportan como una “población isla” genéticamente diferenciada respecto a las zonas rurales circundantes.
La interpretación va más allá del caso barcelonés. Los investigadores apuntan a que los fragmentos forestales y las zonas verdes periurbanas pueden funcionar como “islas” ecológicas que favorecen esa diferenciación, en un contexto donde la comida fácil, la menor persecución directa y la habituación a la presencia humana actúan como imán. La conclusión práctica es clara, reducir el atractivo de las áreas urbanas se convierte en una pieza central de la gestión.
Berlín y la lógica de “fuente” y “sumidero”
La pregunta sobre la autonomía de las poblaciones urbanas no es exclusiva del Mediterráneo. En el área de Berlín, una investigación publicada en Journal of Applied Ecology examinó si la ciudad actuaba como fuente, sumidero o una combinación de ambas para las poblaciones de jabalí, un enfoque que conecta directamente con la planificación de controles y con el diseño de medidas preventivas.
En paralelo, el Leibniz Institute for Zoo and Wildlife Research (Leibniz IZW) mantiene un proyecto colaborativo que plantea, precisamente, la comparación genética entre jabalíes urbanos y rurales en Berlín y Barcelona, con muestras del orden de 400 animales por ciudad, para entender parentesco, dispersión y conectividad.
Qué cambia en la gestión
El mensaje de fondo para las administraciones es incómodo por simple. Si el jabalí urbano tiende a consolidarse y, al mismo tiempo, recibe entradas desde el exterior, las medidas aisladas dentro del término municipal pueden quedarse cortas. La literatura científica insiste en dos líneas de actuación complementarias, limitar la atracción (basuras accesibles, alimentación intencionada, puntos de agua y refugio) y reducir la probabilidad de entrada desde zonas periurbanas, con coordinación supramunicipal cuando el problema se desborda.
Ese debate se cruza además con el riesgo sanitario. El crecimiento de las poblaciones silvestres y su mayor presencia en áreas habitadas se ha vinculado en España a preocupaciones por enfermedades como la peste porcina africana, con episodios recientes que han reactivado el foco público sobre los jabalíes y su manejo en el entorno metropolitano de Barcelona

















