Un estudio de las universidades de País Vasco, La Rioja, Baleares y La Laguna alerta de que la violeta del Teide se encuentra en riesgo de extinción por el calentamiento global, al no tener un hábitat de altura hacia el cual migrar y evitar la catástrofe.
Los resultados del estudio prueban que la violeta mantiene un buen rendimiento a gran altitud con un 50% más de clorofila, mientras que el del rosalillo fue más bajo. Proteger la flora autóctona se ha convertido en todo un reto con las consecuencias del cambio climático a las puertas.
La violeta del Teide ante el cambio climático llega al límite
La emblemática violeta del Teide, que fue descrita por primera vez hace ya dos siglos por el naturalista Alexander von Humboldt, podría estar acercándose a sus límites ecológicos y sumarse a la larga lista de especies en peligro de extinción debido a la falta de hábitats donde migrar, consecuencia del calentamiento global.
Es una de las conclusiones de un estudio realizado por un equipo de investigadores de las universidades del País Vasco, La Rioja, Baleares y La Laguna que se publicará en su número de octubre en la Revista de Fisiología Vegetal, y para el que se ha realizado la comparación fisiológica de dos plantas endémicas de cumbre en la cima del Teide.
Se estudiaron y compararon la violeta ‘Viola cheiranthifolia’, una especie tolerante que sobrevive muy bien en el entorno extremo de la cumbre del Teide, y ‘Pterocephalus lasiospermus’, el rosalillo de cumbre, un colonizador de las alturas más reciente que muestra mayor plasticidad, pero un rendimiento más bajo en los entornos adversos.
Ambas especies están expuestas a factores de estrés ambiental similares —luz intensa y radiación ultravioleta, sequía y bajas temperaturas— y parecen depender de estrategias distintas para resistir estos desafíos, se indica en el artículo.
Así, los resultados de la investigación reflejaron que, si bien los indicadores fisiológicos analizados sostienen que la violeta se desarrolla de manera óptima cerca de la cumbre, el rosalillo no comparte esa facilidad de supervivencia en las condiciones de la cumbre.
Como metodología de estudio, los investigadores caracterizaron y compararon las respuestas fisiológicas de ambas especies a lo largo de un gradiente altitudinal: cerca de la cima del Teide (La Rambleta, 3.550 metros) y, a una altitud mucho menor, en Montaña Blanca (2.300 metros).
Los mecanismos de protección de la especie
En particular, el estudio se centró en los mecanismos de protección contra la intensa radiación (UV-B y PAR) que se exacerba en altitudes elevadas. Para el estudio se seleccionaron dos poblaciones de crecimiento natural de ambas especies y se analizaron cuatro individuos por especie en cada ubicación.
Las mediciones de fluorescencia de clorofila y la recolección de muestras para los análisis bioquímicos se realizaron durante dos días soleados consecutivos (19 y 20 de junio de 2021 en Montaña Blanca y La Rambleta, respectivamente) en dos momentos diferentes: al amanecer y al mediodía.
El análisis comparativo de algunos rasgos funcionales básicos (contenido de clorofila, eficiencia fotoquímica, asimilación neta) sugiere que la violeta es fotosintéticamente mucho más eficiente que el rosalillo, mostrando un rendimiento óptimo en la cumbre.
Además, el contenido de clorofila de las plantas fue mucho mayor en base al área en comparación con el rosalillo y este parámetro incluso aumentó en un 50% en el sitio de la cumbre, lo que respalda que la violeta responde a las condiciones ambientales mediante el desarrollo de un síndrome típico de aclimatación fotosintética al sol.
Sorprendentemente, el contenido de antioxidantes lipofílicos disminuyó con la elevación en ambas especies, lo que sugiere que no están relacionados con la gran demanda de fotoprotección que se espera en elevaciones altas.
Esto podría indicar que las condiciones ambientales son más favorables a la aparición de estrés oxidativo en el sitio más bajo, lo que podría estar relacionado con un estrés hídrico más intenso.
A más de 3.000 metros viven las violetas
Los investigadores recuerdan que fue en 1799 cuando el naturalista Alexander von Humboldt y el botánico Aimé Bonpland lideraron una expedición a la cima del Teide y la única especie hallada por encima de los 3.000 metros fue una nueva especie de violeta, la Viola cheiranthifolia.
Se supone que su población original se dividió en dos aisladas debido al colapso de la caldera volcánica y la intensa actividad eruptiva, y una de ellas fue el origen de V. cheiranthifolia hace 30 000 años, una vez que cesó la intensa actividad volcánica y el Teide se consolidó.
En 1815, los datos se enriquecieron con las expediciones de otros dos botánicos, Leopold von Buch y Christen Smith, y sus estudios pueden compararse con los registros botánicos actuales.
Esta comparación muestra un desplazamiento ascendente promedio de 36 metros por década con un valor máximo de 69 metros, esto es, 1.400 metros desde la expedición de Humboldt en el caso del arbusto endémico Pterocephalus lasiospermus. Los efectos del cambio climático ya están aquí; actuar para evitar la extinción es una tarea del presente.



