Un tarro vacío de pepinillos puede tener otra vida bastante lejos de la cocina. En Duvall, en el estado estadounidense de Washington, Axton Burton reunió 4516 envases de vidrio para construir un invernadero en la finca de sus padres, con ayuda familiar y donaciones de la comunidad.
La estructura nació de una necesidad concreta, encontrar espacio para una colección de plantas tropicales. Aunque Hunker ha recuperado la historia en septiembre de 2026, las entrevistas originales documentan una construcción iniciada en enero de 2020 y prácticamente terminada en septiembre de 2021, un detalle importante para situar este llamativo ejemplo de reutilización.
Las cifras del invernadero de tarros de vidrio
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Envases utilizados | 4516 |
| Inicio de la obra | Enero de 2020 |
| Casi terminado | Septiembre de 2021 (unos 20 meses después) |
| Medidas aproximadas | 2,44 × 3,66 × 3,66 m (unos 9 m² de planta) |
| Coste declarado (2021) | Unos 3500 dólares |
| Cobertizo comparado | 6500 dólares (un 46 % más caro) |
Una platanera que no cabía en el apartamento
El apartamento de Burton se había quedado pequeño para albergar las plantas. Además, muchos invernaderos domésticos tampoco ofrecían la altura necesaria para su platanera, por lo que el diseño debía adaptarse a lo que realmente quería cultivar.
La primera opción fue aprovechar ventanas usadas, pero reunir piezas con las medidas adecuadas complicaba el trabajo. Los tarros permitían otro planteamiento, rellenar los huecos de una estructura de madera con recipientes de formas y tamaños diferentes.
El proyecto avanzó durante los meses de aislamiento de la pandemia. “No sé cuándo estará realmente terminado”, reconocía Burton a Le Jardinet en octubre de 2021, cuando la mayor parte del invernadero ya estaba construida.
4516 tarros sobre un armazón de madera
El padre de Burton construyó el armazón de madera y los envases se fueron colocando y pegando dentro de sus marcos. Había recipientes grandes de conservas y otros mucho más pequeños, incluidos frascos de esmalte de uñas.
La variedad daba a las paredes un aspecto de mosaico, pero también dejaba huecos. Burton empezó a rellenarlos con musgo, una solución artesanal cuya capacidad aislante no aparece cuantificada en los reportajes consultados.

El conjunto llevaba una cubierta de plástico y medía aproximadamente 2,44 por 3,66 por 3,66 metros, según las dimensiones publicadas por Seattle Daily Journal of Commerce. La madera, el techo y el adhesivo formaban parte de los materiales que hubo que comprar.
Tarros donados por vecinos y redes sociales
¿Cómo se consiguen más de 4500 envases sin llenar antes la despensa? Burton pidió colaboración en grupos de Facebook y en Nextdoor, y recibió aportaciones de amistades, vecinos y otras personas interesadas en el proyecto.
La reutilización también se extendió a los detalles decorativos. Los corchos rodeaban la entrada y las latas de comida para gatos servían como pequeños portavelas, mientras algunas tapas se convertían en soportes para dibujos y mensajes de las visitas.
Así, los materiales donados dejaron una huella visible más allá de las paredes. Las tapas colgadas recordaban la participación de quienes habían contribuido, un detalle que daba al invernadero el carácter de una obra compartida.
Agua de lluvia en un barril de vino
El interior se preparó con luces de cultivo, ventiladores y un sistema de nebulización para atender a plantas como plataneras, limas dedo y carambolas. Un antiguo barril de vino se convirtió en depósito para recoger agua de lluvia.
El sistema aprovechaba esa agua para aportar humedad, y una fuente conseguida gratis completaba el ambiente interior. El resultado combinaba objetos recuperados con equipos destinados al cuidado de las plantas, más allá del efecto visual de las paredes.
3500 dólares frente a 6500 de un cobertizo
Burton declaró al Snoqualmie Valley Record que el conjunto había costado unos 3500 dólares en 2021. En aquella entrevista comparaba esa cantidad con los 6500 dólares que habría costado comprar un cobertizo más pequeño. Según esas cifras, su invernadero le salió aproximadamente un 46 % más barato.
La comparación refleja su experiencia, pero no constituye un presupuesto entre dos invernaderos equivalentes. Las donaciones y el trabajo familiar fueron parte esencial del proyecto, de modo que esa cifra tampoco permite calcular cuánto costaría repetirlo hoy en España.
Lo que no dicen las cifras ambientales
El valor ambiental más evidente está en prolongar la vida de materiales que ya existían. La Agencia de Protección Ambiental estadounidense explica que reducir y reutilizar ayuda a ahorrar materias primas y energía, aunque esos beneficios generales no equivalen a un cálculo de emisiones evitadas por este invernadero.
Para quien quiera inspirarse en la idea, también importa lo que ocurre después de construir las paredes. La Universidad de Georgia recuerda que un invernadero necesita una ubicación adecuada y control de temperatura, humedad y ventilación, aspectos que influyen en el cuidado de las plantas y en el gasto de funcionamiento.
El caso de Burton ofrece una forma concreta de mirar de nuevo los envases que dejamos vacíos en casa. El reportaje con imágenes y declaraciones sobre el proyecto fue publicado en KING 5.
Imagen: Le Jardinet Designs












