Ola de incendios forestales en Cantabria y Asturias reabre el debate estructural

Publicado el: 27 de febrero de 2026 a las 14:35
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Ola de incendios forestales en Cantabria y Asturias en febrero

Ola de incendios forestales en Cantabria y Asturias. En pleno mes de febrero, más de 60 focos registrados en menos de 24 horas han puesto en tensión los dispositivos de extinción y devuelto al noroeste ibérico al centro del mapa del riesgo.

Las altas temperaturas anómalas, el viento sur y la baja humedad confirman que el calendario tradicional del fuego ha cambiado y que el problema es estructural, no estacional.



Aunque muchos incendios se atribuyen a causas humanas —ya sea por negligencias o intencionalidad—, expertos señalan que el problema va más allá de los episodios puntuales. El abandono progresivo del medio rural, la reducción de la actividad ganadera extensiva y la falta de gestión forestal continuada han incrementado la carga de combustible en montes y laderas.

A ello se suma el impacto del cambio climático, que prolonga los periodos de riesgo y favorece incendios más intensos y difíciles de controlar.



Ola de incendios forestales en Cantabria y Asturias en pleno invierno

Más de 60 focos en menos de 24 horas confirman que el riesgo ya no entiende de estaciones y exige prevención estructural.

El invierno ya no es garantía de tregua. La ola de incendios forestales en Cantabria y Asturias ha dejado más de 60 focos en menos de 24 horas, una cifra que evidencia hasta qué punto el riesgo se ha desestacionalizado. Lo que antes era excepcional en febrero empieza a convertirse en síntoma de un problema más profundo.

Las condiciones meteorológicas —temperaturas anómalamente altas, viento sur y baja humedad— han creado el escenario perfecto. Pero el clima, por sí solo, no explica todo.

Un patrón recurrente en el noroeste ibérico

El noroeste ibérico arrastra vulnerabilidades estructurales desde hace décadas. Ya en 2018, diversos informes alertaban de que la región funcionaba como un auténtico polvorín: abandono rural, acumulación de combustible vegetal, masas forestales homogéneas y pérdida del mosaico agroforestal tradicional que actuaba como cortafuego natural.

Aunque muchos de los incendios actuales no alcanzan grandes dimensiones individualmente, su simultaneidad tensiona los medios de extinción, multiplica el riesgo sobre infraestructuras, masas forestales y fauna, y deteriora la calidad del aire en amplias zonas.

España dispone de uno de los sistemas de extinción más avanzados de Europa. Sin embargo, centrar la estrategia exclusivamente en apagar incendios es un error repetido. Cuando confluyen múltiples focos y condiciones adversas, la capacidad de respuesta se ve superada.

Abandono rural y acumulación de combustible vegetal

Las altas temperaturas anómalas, el viento sur y la baja humedad confirman que el calendario tradicional del fuego ha cambiado y que el problema es estructural, no estacional.

El origen humano sigue siendo predominante en la mayoría de los incendios del país. En el noroeste persiste un patrón vinculado al uso del fuego para la gestión de pastos, conflictos rurales y prácticas ilegales. Los problemas estructurales no justifican estos delitos, que ponen en riesgo vidas y biodiversidad.

Pasa por recuperar el mosaico agroforestal, impulsar el pastoreo extensivo como herramienta preventiva, fomentar una gestión forestal planificada, reforzar la investigación de causas y orientar los fondos públicos hacia la adaptación real del territorio al cambio climático.

La prevención estructural cuesta menos que la reconstrucción tras cada crisis. Si no se actúa sobre el modelo territorial, cada episodio de viento cálido volverá a encender el mismo escenario.

El fuego no entiende de estaciones. Y el territorio tampoco puede seguir esperando.

La repetición de grandes incendios cada temporada evidencia que el desafío no es solo climático, sino también territorial y socioeconómico, y exige respuestas integrales y sostenidas en el tiempo. Seguir leyendo en SOSTENIBILIDAD.

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