La organización Oceana ha criticado duramente al Ministerio de Agricultura por la consulta pública para la modificación de la regulación pesquera en el Mediterráneo. Aseguran que el hecho de que el borrador no haya ampliado la restricción a los 800 metros es una oportunidad perdida de proteger a las especies más vulnerables y los ecosistemas marinos.
La ONG ha advertido que la actividad pesquera ha aumentado considerablemente en estas franjas de profundidad, señalando que en cinco años los pesqueros españoles se han duplicado. Lo que sorprende e indigna a la organización es la postura del Ministerio, que resulta totalmente contraria a las iniciativas internacionales y a la normativa atlántica que ya han puesto límites más estrictos para poner freno a la sobreexplotación de los mares.
España mantiene la pesca de arrastre hasta los 1.000 metros
El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha abierto una consulta pública para modificar la normativa que regula la gestión pesquera en el Mediterráneo occidental, en la que se propone incorporar una nueva disposición sobre la prohibición del arrastre de fondo en aguas profundas.
Oceana lamenta que el borrador se limite a recoger la restricción de 1.000 metros de profundidad para la pesca de arrastre de fondo, ya en vigor en el marco normativo español desde 2006, en lugar de aprovechar esta oportunidad para avanzar en la protección de hábitats y especies pesqueras profundas en línea con el proceso de reforma en curso en el ámbito mediterráneo.
En su respuesta a la consulta, Oceana reclama extender la prohibición a los 800 metros. Nuestro análisis de datos de posicionamiento (AIS) muestra el incremento de la actividad aparente de pesca de arrastre de fondo de la flota española en aguas nacionales mediterráneas en la franja de 800 a 1.000 metros de profundidad: el número de buques se ha duplicado en cinco años y el número aparente de horas de pesca se ha quintuplicado —de unos 30 buques y 1.450 horas en 2020 a aproximadamente 67 buques y 7.650 horas en 2025.
Esto demuestra que prohibir el arrastre a partir de 1.000 metros no es suficiente para proteger las profundidades del Mediterráneo, ya que en la franja de 800 a 1.000 m hay hábitats y especies vulnerables especialmente sensibles a la pesca con artes de fondo.
El momento elegido llama especialmente la atención. A dos meses de la sesión anual de la CGPM (Comisión General de Pesca del Mediterráneo, el organismo regional responsable de la gestión pesquera en el Mediterráneo), donde se debatirá una propuesta para extender la prohibición del arrastre de fondo en el Mediterráneo de 1.000 a 800 metros —una medida que cuenta con el respaldo de su propio Comité Científico Asesor por segundo año consecutivo y el apoyo público del Comisario Europeo de Medio Ambiente, Océanos y Pesca, Costas Kadis—, España decide reincorporar una medida que reafirma el límite obsoleto.
La decisión resulta aún más llamativa teniendo en cuenta que España llegó a adoptar temporalmente una medida equivalente en sus aguas mediterráneas en 2024, para luego retirarla poco después. Además, el límite de 800 metros ya se aplica en sus aguas atlánticas. Proyectos piloto realizados en siete países mediterráneos han concluido que extenderlo al Mediterráneo tendría un impacto socioeconómico mínimo sobre el sector pesquero.
De hecho, países como Francia, Egipto y Montenegro ya han prohibido el arrastre de fondo en sus aguas por debajo de 800 m. Según el MAPA, el borrador simplemente incorpora la normativa de la CGPM al ordenamiento jurídico español y no prejuzga futuros debates sobre cambios en los límites para la pesca de arrastre de fondo.
Reafirmar un límite de profundidad que lleva dos décadas en vigor no constituye una nueva medida de protección. Resulta difícil entender por qué España opta por mantener una restricción claramente insuficiente cuando nuestro análisis muestra el considerable incremento de actividad pesquera aparente entre 800 y 1.000 metros, haciendo evidente que el límite actual no es suficiente.
«Esta modificación de la norma ofrecía una oportunidad clara para que España liderara con el ejemplo y apostara por una gestión pesquera responsable y basada en la ciencia. Lamentablemente, el Ministerio ha optado por mantener el statu quo en lugar de reforzar la protección de los ecosistemas y stocks pesqueros de profundidad –varios de ellos en situación de sobreexplotación–», afirma Helena Álvarez, científica marina sénior, Oceana.
Las profundidades marinas albergan una gran biodiversidad, incluyendo especies de interés comercial, y refuerzan la resiliencia del Mediterráneo al cambio climático. Los fondos marinos almacenan grandes cantidades de carbono, que puede liberarse en el agua como consecuencia de actividades pesqueras destructivas, como el arrastre de fondo. Además, los hábitats de profundidad actúan como refugios climáticos, lo cual es crítico ante el aumento de olas de calor marinas. Por todo ello, proteger los ecosistemas mediterráneos de profundidad beneficia a los pescadores a largo plazo.



