Los biólogos lo celebran: descubren que los castores tienen un método natural para combatir el cambio climático

Publicado el: 28 de marzo de 2026 a las 12:41
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Castor europeo en la orilla tras construir presas que transforman ríos en sumideros naturales de carbono.

Los castores llevan años volviendo a muchos ríos de Europa y, con ellos, también regresan sus presas, sus canales y esos humedales que cambian por completo el paisaje. Ahora, un trabajo científico acaba de poner números a algo que hasta hace poco era más intuición que dato: su “ingeniería” puede convertir tramos de río en sumideros de carbono muy potentes. 

La idea es sencilla de entender. Al frenar el agua, retener sedimentos y expandir humedales, los castores hacen que parte del carbono quede “guardado” en el sistema, en vez de acabar en la atmósfera. Y eso, en plena carrera contra el calentamiento global, llama la atención.



Qué midió exactamente el estudio

La investigación se realizó en un corredor fluvial del norte de Suiza con más de una década de actividad de castores. El equipo construyó un “presupuesto de carbono” completo del lugar, incluyendo intercambios con el agua y el aire, además del carbono almacenado en biomasa y sedimentos.

El resultado anual es claro. Ese humedal influido por castores funcionó como sumidero neto de carbono, con una estimación de 98,3 ± 34,4 toneladas de carbono al año, impulsado en buena parte por procesos subterráneos que retienen carbono inorgánico disuelto.



Por qué una presa puede “encerrar” carbono

Cuando un castor levanta una presa, el agua se ralentiza y se reparte por las orillas. Eso aumenta el tiempo que el agua permanece en el sistema, favorece que se depositen sedimentos y hace crecer el humedal.

En la práctica, esto significa más material orgánico y mineral quedándose en el sitio, en vez de viajar río abajo o liberar CO2 rápidamente. El propio equipo lo resume así, con una frase que ayuda a aterrizarlo: “los castores no solo cambian los paisajes, cambian fundamentalmente cómo se mueve el carbono a través de ellos”.

Y hay un detalle importante para no idealizarlo demasiado. El estudio explica que el principal “punto de salida” del carbono fue el CO2 emitido, y que en verano, cuando baja el agua y quedan sedimentos expuestos, el sistema puede pasar temporalmente a ser una fuente neta de carbono. O sea, no es magia, es dinámica natural.

Los números que más sorprenden

Además del balance anual, los investigadores proyectaron el almacenamiento a más largo plazo. Su estimación superior de carbono secuestrado fue de 1.194 toneladas, equivalente a 10,1 toneladas de carbono por hectárea y año, casi un orden de magnitud más que en un corredor similar sin modificación por castores.

Dicho de otra forma, el mismo tipo de paisaje, con castores trabajando, puede guardar mucho más carbono durante años. Según la nota de la Universidad de Birmingham, el almacenamiento observado alcanzó tasas “de hasta diez veces” superiores a las de sistemas comparables sin castores. No es poca cosa.

También miraron un tema que suele preocupar cuando se habla de humedales: el metano. En este caso, las emisiones de CH4 fueron “despreciables” en el presupuesto de carbono, por debajo del 0,1%, algo que reduce uno de los miedos habituales sobre crear o recuperar zonas encharcadas.

Qué significa esto para la acción climática

La lectura rápida podría ser tentadora: traer más castores y listo. Pero el propio artículo científico insiste en que el papel de estos “ingenieros del ecosistema” estaba poco cuantificado y que, precisamente por eso, hacía falta medir con detalle mecanismos, flujos y cambios estacionales. Este estudio es un paso grande, no el último.

Aun así, la idea encaja muy bien con lo que se busca en muchas políticas ambientales europeas: soluciones basadas en la naturaleza que, además, no dependan de construir infraestructuras nuevas con cemento y maquinaria. ¿Qué se traduce esto en la vida real? En que restaurar ríos y cabeceras podría tener un beneficio climático adicional, aparte del ecológico.

El equipo también deja una condición práctica que no se puede ignorar. Parte de estos almacenes de carbono podrían persistir durante décadas, “siempre que sus presas se mantengan intactas”. Es decir, el efecto depende de que el humedal siga funcionando como humedal.

Lo que conviene tener en cuenta como lector

Si alguien busca “una forma natural de combatir el cambio climático”, aquí hay un ejemplo con datos, mediciones y un caso real. Pero conviene leerlo como lo que es: un estudio detallado de un lugar concreto, con resultados muy prometedores y con matices estacionales que importan.

Y, sobre todo, recuerda la foto completa. Los castores no “aspiran” CO2 como una máquina, cambian el paisaje y con eso cambian el ciclo del carbono. Eso implica beneficios, sí, pero también una gestión cuidadosa si se quiere escalar la idea a otros ríos y otros países. 

El estudio científico al que se refiere esta información se ha publicado en Communications Earth & Environment.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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