Los últimos once años son los más calurosos registrados según la OMM

Publicado el: 24 de marzo de 2026 a las 12:02
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Los últimos once años son los más calurosos registrados según datos climáticos

Los últimos once años son los más calurosos registrados, y ese dato, repetido año tras año, deja de ser una anomalía para convertirse en una señal estructural del sistema climático: el planeta no solo se está calentando, está entrando en una fase sostenida de desequilibrio energético sin precedentes en la era moderna.

El último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirma que 2025 se sitúa entre el segundo y el tercer año más cálido en 176 años de registros, con una temperatura global 1,43 °C por encima de los niveles preindustriales, una cifra que acerca peligrosamente al límite de 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París.



Los últimos once años son los más calurosos registrados y confirman un cambio climático acelerado

La ONU advierte de un cambio climático acelerado con récords de calor, océanos desbordados de energía y hielo en retroceso.

Un punto clave que a menudo se pasa por alto es que el aumento de las temperaturas del aire solo refleja una pequeña fracción del calentamiento global real. Alrededor del noventa por ciento del exceso de calor se almacena en los océanos, lo que oculta la magnitud total del problema.

Este calentamiento oculto debilita la capacidad de los océanos para absorber carbono y calor con el tiempo. A medida que disminuye esta capacidad de amortiguación, el sistema climático se acelera, mientras que los niveles de dióxido de carbono continúan aumentando a ritmos sin precedentes.



El mensaje que lanza la OMM no se basa en un récord aislado, sino en una tendencia persistente. Desde 2015, cada año ha quedado entre los más cálidos jamás medidos, lo que elimina cualquier duda estadística. Como resumió el secretario general de la ONU, António Guterres, la repetición deja de ser casualidad para convertirse en evidencia.

Este calentamiento no responde únicamente a variaciones naturales. La ciencia apunta a un fenómeno mucho más profundo: el planeta está acumulando más energía de la que libera. Ese desequilibrio, medido desde la década de 1960, se ha intensificado especialmente en los últimos 20 años, coincidiendo con el aumento de gases de efecto invernadero a niveles no vistos en al menos 800.000 años.

Los últimos once años son los más calurosos registrados, pero lo realmente relevante es que la tendencia no muestra señales de estabilización.

El calor que no vemos: cómo el planeta está acumulando energía sin que lo percibamos

Una de las claves para entender la gravedad del problema es que el aumento de temperatura que percibimos es solo una pequeña parte del fenómeno. Aproximadamente el 91 % del exceso de energía acumulada por el planeta está siendo absorbido por los océanos, mientras que solo un 1 % se traduce directamente en aumento de temperatura del aire.

Esto significa que el calentamiento real del sistema climático es mucho mayor de lo que reflejan los termómetros. Los océanos actúan como un gigantesco amortiguador térmico, pero esa función tiene un límite. A medida que acumulan calor, su capacidad para seguir absorbiendo energía y dióxido de carbono disminuye, lo que acelera el problema en lugar de mitigarlo.

El informe destaca que en 2024 se registró el mayor incremento anual de CO2 desde 1957, impulsado no solo por las emisiones humanas, sino también por la pérdida de capacidad de absorción de los ecosistemas naturales. Es decir, el sistema que ayudaba a equilibrar el clima empieza a fallar.

Océanos más calientes, tormentas más intensas y un equilibrio cada vez más frágil

El calentamiento oceánico no es un dato abstracto, tiene consecuencias directas y medibles. En 2025, el contenido de calor de los océanos alcanzó un nuevo récord, y lo más preocupante es que su ritmo de calentamiento se ha duplicado en las últimas dos décadas respecto al periodo 1960-2005.

Ese exceso de energía se traduce en fenómenos visibles: tormentas tropicales más intensas, cambios en las corrientes marinas y una degradación progresiva de los ecosistemas submarinos. La pérdida de biodiversidad marina no es solo una cuestión ambiental, sino también climática, porque esos ecosistemas desempeñan un papel clave en la regulación del carbono.

Además, el aumento de temperatura afecta al pH del agua, provocando procesos de acidificación que alteran profundamente la vida marina. Según la OMM, estos cambios son irreversibles a escalas de cientos o miles de años, lo que sitúa el problema fuera del margen de acción inmediata.

El hielo desaparece y el nivel del mar acelera su subida global

Mientras los océanos absorben calor, las masas de hielo del planeta responden con un retroceso acelerado. Groenlandia y la Antártida han registrado pérdidas significativas de masa, mientras que regiones como Islandia o la costa pacífica de Norteamérica han experimentado reducciones glaciares calificadas como excepcionales por los científicos.

El hielo marino del Ártico, medido por satélite desde hace décadas, se sitúa ya entre los niveles más bajos jamás registrados. Esta pérdida no solo afecta al ecosistema polar, sino que altera el equilibrio climático global, ya que el hielo actúa como reflector de la radiación solar.

El resultado de este proceso combinado es el aumento del nivel del mar, que ha crecido aproximadamente 11 centímetros desde 1993, una cifra que puede parecer moderada pero que implica una aceleración clara en comparación con décadas anteriores. En zonas costeras, ese incremento se traduce en mayor riesgo de inundaciones, erosión y pérdida de territorio.

Un límite cada vez más cerca y una advertencia que deja de ser teórica

El dato de los 1,43 °C de aumento medio en 2025 no es solo una cifra técnica. Representa la proximidad real al umbral de 1,5 °C, considerado por la comunidad científica como el punto a partir del cual los impactos climáticos se intensifican de forma significativa.

Aunque fenómenos como La Niña pueden introducir variaciones temporales —explicando por qué 2024 sigue siendo el año más cálido con 1,55 °C—, la tendencia de fondo continúa al alza. Esto significa que incluso en años con efectos de enfriamiento natural, el sistema climático sigue acumulando calor.

Los últimos once años son los más calurosos registrados, pero el verdadero mensaje del informe es que el margen para evitar cambios irreversibles se está reduciendo rápidamente.

Los últimos once años son los más calurosos registrados, pero el dato más relevante no está en el pasado reciente, sino en lo que anticipa: un sistema climático que ha dejado de fluctuar para empezar a cambiar de estado. Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no es cuánto va a calentarse el planeta, sino cuánto estamos dispuestos a asumir antes de que ese cambio sea irreversible.

El calentamiento de los océanos ya está provocando tormentas más intensas, cambios en las corrientes marinas y daños en los ecosistemas marinos. La acumulación de calor también alimenta la acidificación, alterando la química oceánica y generando impactos a largo plazo que se extienden mucho más allá de los cambios ambientales inmediatos.

Al mismo tiempo, la pérdida de hielo se está acelerando en todo el mundo, lo que contribuye al aumento del nivel del mar. Incluso los aumentos moderados se traducen en mayores riesgos de inundaciones, erosión costera y una creciente presión sobre las comunidades y los ecosistemas vulnerables.

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