Investigan bioestimulantes de algas para mejorar fresas ante cambio climático en España

Publicado el: 24 de marzo de 2026 a las 07:44
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Investigan bioestimulantes de algas para mejorar fresas ante cambio climático en cultivo

Investigan bioestimulantes de algas para mejorar fresas ante cambio climático, y lo hacen en uno de los cultivos más estratégicos y vulnerables de España, donde el aumento de temperaturas, la irregularidad hídrica y la presión de patógenos están redefiniendo las condiciones de producción.

El proyecto, liderado por la Universidad de Huelva, no busca fertilizar ni forzar el crecimiento. Busca algo mucho más complejo y relevante: activar los propios mecanismos de defensa de la planta mediante compuestos naturales presentes en las macroalgas. Esto es en un intento de adaptar la agricultura a un escenario climático cada vez más exigente.



Investigan bioestimulantes de algas para mejorar fresas ante cambio climático en agricultura

Un proyecto científico analiza cómo extractos de macroalgas pueden ayudar al cultivo de la fresa a resistir sequías, calor extremo y enfermedades.

Las macroalgas marinas contienen compuestos bioactivos complejos, moldeados por las cambiantes condiciones oceánicas a lo largo de millones de años. Al aplicarse a los cultivos, estas moléculas desencadenan respuestas específicas en las plantas, potenciando los procesos naturales en lugar de forzar un crecimiento artificial.

En las fresas, estas sustancias actúan como reguladores que fortalecen la tolerancia al estrés. En lugar de acelerar el desarrollo, ayudan a las plantas a mantener la estabilidad ante la sequía, el calor u otras condiciones ambientales adversas que afectan la productividad.



El cultivo de la fresa, especialmente en zonas como Huelva —que concentra alrededor del 90 % de la producción española y es uno de los principales exportadores europeos—, se enfrenta a una presión creciente. Episodios de calor extremo, sequías prolongadas y suelos cada vez más exigidos están obligando al sector a buscar soluciones que no dependan únicamente de insumos tradicionales.

En este contexto, los bioestimulantes de algas derivados de macroalgas emergen como una alternativa con base científica. A diferencia de los fertilizantes convencionales, que aportan nutrientes, estos compuestos actúan sobre la fisiología de la planta, modulando procesos internos que determinan su capacidad de adaptación al estrés.

Investigan bioestimulantes de algas para mejorar fresas ante cambio climático, porque el reto ya no es solo producir más, sino resistir mejor.

Las algas como laboratorio natural: compuestos que activan defensas invisibles en la planta

Las macroalgas marinas contienen una combinación compleja de moléculas bioactivas que han evolucionado durante millones de años en entornos altamente cambiantes. Entre ellas destacan los polisacáridos y otras sustancias señal, que, cuando se aplican a cultivos terrestres, pueden desencadenar respuestas fisiológicas específicas en las plantas.

En el caso de la fresa, estos compuestos no actúan como un impulso artificial del crecimiento, sino como moduladores que activan rutas metabólicas relacionadas con la tolerancia al estrés. Esto significa que la planta no crece más rápido por sí misma, sino que mejora su capacidad para mantener su funcionamiento bajo condiciones adversas, como déficit hídrico o temperaturas elevadas.

Este enfoque representa un cambio importante en la agronomía moderna: en lugar de corregir los efectos del estrés una vez que aparecen, se busca preparar a la planta para afrontarlos antes de que se produzcan, gracias a los bioestimulantes de algas.

Sequía, calor y patógenos: el triple desafío que amenaza al cultivo de la fresa

El proyecto se centra especialmente en dos tipos de estrés que están marcando el futuro del cultivo. Por un lado, el estrés abiótico, que incluye factores como la falta de agua o el aumento de temperaturas, cada vez más frecuentes en el sur de Europa. Por otro, el estrés biótico, asociado a patógenos del suelo como Macrophomina phaseolina, un hongo que puede provocar pérdidas significativas en la producción.

Estos factores no actúan de forma aislada. La sequía, por ejemplo, debilita la planta y la hace más susceptible a enfermedades, creando un efecto combinado que multiplica el riesgo productivo. En este contexto, la capacidad de una planta para mantener su equilibrio fisiológico se convierte en un factor decisivo.

Investigan bioestimulantes de algas para mejorar fresas ante cambio climático, precisamente para intervenir en ese punto crítico donde los factores de estrés se acumulan.

Medir la resistencia: cómo la ciencia analiza lo que no se ve

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto de los bioestimulantes de algas es su enfoque metodológico. La resistencia de la planta no se evalúa mediante observaciones superficiales, sino a través de parámetros fisiológicos precisos que permiten cuantificar su respuesta al estrés.

El equipo analiza variables como el estado hídrico de la planta, el intercambio gaseoso —clave para la fotosíntesis—, el desarrollo del sistema radicular y su interacción con la rizosfera, un entorno microbiano fundamental para la absorción de nutrientes y la salud del cultivo.

Además, se estudian cambios en el metabolismo celular que reflejan cómo la planta ajusta su funcionamiento interno para adaptarse a condiciones adversas. Estos procesos, invisibles a simple vista, son los que determinan si un cultivo mantiene su productividad o sufre pérdidas.

Del laboratorio al campo: cómo se valida una solución antes de llegar al agricultor

El desarrollo del proyecto de la aplicación de bioestimulantes de algas sigue una lógica progresiva que busca garantizar resultados fiables. En una primera fase, los ensayos se realizan en condiciones controladas, como invernaderos o sistemas de cultivo sin suelo, donde es posible aislar variables y analizar con precisión el efecto de los bioestimulantes.

Posteriormente, los tratamientos en base a los bioestimulantes de algas se trasladan a entornos más cercanos a la realidad productiva, como túneles de cultivo, donde entran en juego factores adicionales como variabilidad climática o condiciones del suelo. Este paso es clave para asegurar que los resultados no se queden en el ámbito experimental, sino que puedan aplicarse de forma efectiva en el sector agrícola.

Una solución en evaluación que podría redefinir la agricultura sostenible

Aunque los resultados preliminares de los bioestimulantes de algas apuntan a un alto potencial, los investigadores insisten en que el proyecto se encuentra en fase de evaluación científica. La prioridad no es generar expectativas, sino evidencia sólida que permita tomar decisiones fundamentadas.

El interés del sector es evidente. En un contexto donde el cambio climático está aumentando la incertidumbre productiva, contar con herramientas que mejoren la resiliencia sin aumentar el impacto ambiental es una necesidad real. El respaldo del Plan Estatal de Investigación 2024-2027 refleja precisamente esa prioridad estratégica.

Investigan bioestimulantes de algas para mejorar fresas ante cambio climático, pero el objetivo final va más allá de un cultivo concreto: adaptar la agricultura a un nuevo escenario donde producir ya no depende solo de recursos, sino de resiliencia.

La investigación se centra en la presión combinada del clima y las enfermedades. La escasez de agua, el aumento de las temperaturas y los patógenos del suelo interactúan, debilitando las plantas y aumentando su vulnerabilidad, lo que convierte la resiliencia en un factor clave para mantener rendimientos constantes.

Los científicos miden esta resistencia mediante análisis fisiológicos detallados, desde el equilibrio hídrico hasta la actividad radicular. Las pruebas comienzan en entornos controlados antes de trasladarse a condiciones agrícolas reales, lo que garantiza que los resultados de los bioestimulantes de algas sean fiables y aplicables en la práctica.

Imagen autor

Sandra M.G.

Redactora de ECOticias.com desde hace más de 10 años, especializada en temas como medio ambiente, cambio climático, energías renovables, sostenibilidad y ecología. Ganadora de varios premios literarios.

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