Europa vuelve a aparecer en el centro del mapa climático mundial. El informe Estado del Clima Europeo 2025, publicado el 29 de abril de 2026 por Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial, confirma que el continente se calienta más del doble de rápido que la media global y que 2025 dejó señales muy claras en tierra, mar, ríos, glaciares e incendios.
No hablamos solo de un año caluroso, sino de una fotografía bastante completa de lo que ya está pasando. Olas de calor desde el Mediterráneo hasta el Ártico, incendios históricos, ríos con menos agua y mares en récord vuelven a colocar una pregunta incómoda sobre la mesa. ¿Está Europa preparada para vivir con este nuevo clima?
Un continente acelerado
Europa es ya el continente que se calienta más rápido. Según Copernicus, la temperatura europea ha subido alrededor de 2,5 °C respecto a los niveles preindustriales, mientras que el calentamiento global se sitúa en torno a 1,4 °C tomando los últimos promedios de cinco años.
La diferencia no es pequeña. En los últimos 30 años, el calentamiento mundial ha avanzado a unos 0,27 °C por década, pero Europa lo ha hecho a unos 0,56 °C por década. En la práctica, esto significa veranos más duros, menos frío en invierno y más presión sobre la salud, el campo y la energía.
El propio informe apunta a varias razones. La tierra se calienta más rápido que el océano, la nieve refleja cada vez menos radiación porque hay menos cubierta blanca y los cambios en la circulación atmosférica favorecen olas de calor más frecuentes e intensas. La geografía también pesa, porque una parte de Europa mira directamente al Ártico.
El calor llegó al Ártico
En 2025, al menos el 95 % de Europa tuvo temperaturas anuales por encima de la media. Varios países del norte vivieron su año más cálido o el segundo más cálido registrado, entre ellos Reino Unido, Noruega, Islandia, Irlanda, Suecia y Finlandia.
La imagen más llamativa llegó en julio, en la Fennoscandia subártica. Allí se registró una ola de calor de tres semanas, la más larga de su serie, con temperaturas que alcanzaron o superaron los 30 °C cerca del Círculo Polar Ártico y dentro de él. En Frosta, Noruega, se llegó a 34,9 °C.
España también aparece en el informe por algo muy reconocible para cualquiera que haya pasado un verano sofocante. En el sur y el este del país se registraron hasta 50 días más de lo habitual con estrés térmico fuerte, con una sensación térmica superior a 32 °C. Ese calor pegajoso que impide dormir ya no es una rareza.
Menos nieve, menos hielo
El frío europeo también está cambiando. En marzo de 2025, la superficie cubierta por nieve en Europa estuvo un 31 % por debajo de la media, con unos 1,32 millones de kilómetros cuadrados menos de lo habitual. Es una extensión equivalente a juntar Francia, Italia, Alemania, Suiza y Austria.
Los glaciares tampoco escaparon a esta tendencia. Todas las regiones glaciares europeas registraron pérdida neta de masa, e Islandia sufrió su segunda mayor pérdida desde que hay registros. La capa de hielo de Groenlandia perdió 139 gigatoneladas de hielo, una cifra que cuesta imaginar porque equivale a 139 000 millones de toneladas.
Esto importa por algo muy sencillo. Menos nieve y menos hielo no solo cambian el paisaje de montaña o el turismo de invierno, también reducen el efecto espejo que devuelve parte de la radiación solar al espacio. Y cuando ese espejo se apaga, el calentamiento gana terreno.
El mar también se calentó
El océano europeo alcanzó en 2025 su temperatura media anual de superficie más alta registrada, por cuarto año consecutivo. La media fue de 10,94 °C, unos 0,65 °C por encima de lo normal, mientras que el Mediterráneo llegó a 21,35 °C, su segunda cifra más alta tras 2024.
Además, el 86 % de la región oceánica europea sufrió al menos un día con olas de calor marinas fuertes. Para las categorías severa o extrema, la proporción fue del 36 %, también un récord. No es poca cosa para ecosistemas que dependen de equilibrios muy finos.
En el Mediterráneo, todo el mar ha vivido al menos un día con ola de calor marina fuerte en cada uno de los tres últimos años. Esto puede afectar a especies, pesca, hábitats costeros y hasta al bochorno en tierra, porque un mar más cálido aporta más humedad al ambiente.
Incendios y ríos bajo presión
Los incendios forestales dejaron otra señal dura. Europa registró en 2025 un nuevo récord de superficie quemada, con 1 034 552 hectáreas, superando el anterior máximo de 2017. España y Portugal fueron los países más afectados y sumaron el 65 % del total quemado en Europa.
El caso de Zamora resume la gravedad del verano. Allí ardieron alrededor de 40 081 hectáreas en el mayor incendio registrado en España desde 1968. Además, las emisiones anuales por incendios en Europa fueron las más altas del registro de CAMS, que comienza en 2003, y España marcó un nuevo récord anual.
El agua contó otra parte de la historia. Los caudales de los ríos europeos estuvieron por debajo de la media durante 11 meses del año y el 70 % de los ríos presentó un caudal anual inferior al promedio. Aun así, hubo inundaciones importantes en zonas concretas, incluidas España y Portugal en marzo y noviembre.
La buena noticia no tapa el reto
Entre tanto dato preocupante, hay una señal positiva. Las energías renovables aportaron el 46,4 % de la electricidad europea en 2025, casi la mitad del total, y la solar alcanzó un nuevo récord con el 12,5 %. El viento aportó el 18 % y la hidroeléctrica, el 15,9 %.
La transición avanza, pero el clima no espera. Samantha Burgess, responsable estratégica de clima en el ECMWF, lo resumió con una frase directa. «El cambio climático no es una amenaza futura, es nuestra realidad presente».
En el fondo, el informe no solo habla de récords. Habla de salud, de agricultura, de biodiversidad, de agua disponible, de factura eléctrica y de cómo se prepara cada ciudad para el próximo verano extremo.
El informe completo ha sido publicado en el European State of the Climate 2025 de Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial.












