El riesgo de incendios por El Niño vuelve a situarse en el centro de las alertas climáticas internacionales tras los últimos análisis de expertos del Imperial College de Londres. Australia, Canadá, Estados Unidos y la Amazonía podrían sufrir una temporada de incendios excepcionalmente destructiva.
Durante los primeros meses de 2026 ya se han quemado más de 150 millones de hectáreas en todo el planeta, una cifra sin precedentes recientes. Científicos advierten de que la combinación entre cambio climático y fenómenos extremos está elevando el riesgo de incendios por El Niño.
El riesgo de incendios por El Niño amenaza a Australia, América y la Amazonía en un año climático crítico
Expertos alertan de una combinación explosiva entre calentamiento global, sequías extremas y aumento récord de incendios forestales.
El panorama ambiental este 2026 es alarmante debido al avance imparable del fuego. Las llamas ya han devorado 150 millones de hectáreas, marcando una tragedia ecológica sin precedentes en la historia reciente.
La crisis golpea con fuerza a África y Asia, donde el calor extremo alimenta los incendios incontrolables. Esta situación supera cualquier registro previo, transformando regiones enteras en terrenos baldíos por la sequía.
El fenómeno de El Niño agrava las condiciones extremas en varias regiones
El avance del fenómeno climático conocido como El Niño preocupa especialmente a la comunidad científica por su capacidad para alterar las lluvias y disparar las temperaturas en amplias zonas del planeta. Los expertos consideran que su posible intensificación hacia mediados y finales de 2026 podría provocar sequías severas y olas de calor persistentes y aumentar el riesgo de incendios por El Niño.
Australia aparece entre los territorios con mayor exposición al aumento del riesgo de incendios por El Niño. Las autoridades australianas llevan meses reforzando protocolos de emergencia ante el temor de repetir escenarios devastadores como los registrados durante los megaincendios del “Black Summer”, cuando millones de hectáreas quedaron arrasadas y miles de personas tuvieron que ser evacuadas.
En Norteamérica, el noroeste de Estados Unidos y Canadá afrontan una situación igualmente delicada por el riesgo de incendios por El Niño. Las temperaturas anormalmente elevadas registradas desde comienzos de año están secando grandes superficies forestales, creando un entorno perfecto para la rápida propagación del fuego. La pérdida de humedad en los bosques aumenta de forma directa la intensidad de los incendios.
La selva amazónica también figura entre las grandes preocupaciones internacionales. La reducción de precipitaciones, unida a la deforestación y al aumento de temperaturas, podría acelerar incendios de enormes dimensiones en uno de los ecosistemas más importantes del planeta. La Amazonía cumple un papel clave en la regulación climática mundial, por lo que cualquier deterioro tiene consecuencias globales.
Los investigadores sostienen que el escenario actual no responde únicamente a un fenómeno natural aislado. El aumento continuado de gases de efecto invernadero está amplificando los efectos de eventos como El Niño, haciendo que los incendios forestales sean más frecuentes, más destructivos y más difíciles de controlar.
Los megaincendios aumentan a niveles nunca vistos desde 2012
Las cifras globales de incendios registradas en 2026 reflejan un deterioro acelerado de la situación climática internacional. Según los datos difundidos por expertos, ya se han quemado más de 150 millones de hectáreas, una superficie superior a la suma de numerosos países europeos.
La superficie global afectada supera en más de un 20 % el récord histórico registrado desde que comenzaron los seguimientos internacionales en 2012. Este incremento evidencia que los incendios forestales están dejando de ser fenómenos regionales para convertirse en una auténtica crisis ambiental global.
África se ha convertido en el continente más castigado durante los primeros meses del año. Países como Gambia, Senegal, Mauritania, Ghana, Mali o Togo han alcanzado cifras históricas de superficie quemada. En total, el continente africano acumula ya 85 millones de hectáreas arrasadas por el fuego.
Asia también vive una situación extremadamente preocupante. India, el sudeste asiático y el noreste de China han sufrido brotes masivos de incendios impulsados por temperaturas récord y sequías intensas. Solo en Asia se han quemado cerca de 44 millones de hectáreas, superando ampliamente anteriores máximos históricos.
En algunas zonas del noroeste de China se han registrado los incendios forestales más graves de la era moderna. Los expertos subrayan que las condiciones extremadamente secas y cálidas han creado un escenario excepcionalmente peligroso, donde pequeños focos terminan convirtiéndose en incendios incontrolables en cuestión de horas.
El cambio climático multiplica el impacto de los incendios forestales
Los científicos insisten en que el verdadero problema estructural no es únicamente El Niño, sino el avance del cambio climático provocado por la actividad humana. El calentamiento global está modificando los patrones meteorológicos y aumentando la duración de las temporadas de incendios en numerosos países.
La profesora Friederike Otto, especialista en ciencia climática, recordó que El Niño es un fenómeno natural cíclico, mientras que el cambio climático continúa agravándose año tras año debido a las emisiones derivadas de combustibles fósiles. Según explicó, la acumulación de calor en la atmósfera intensifica las condiciones extremas.
Uno de los efectos más visibles del calentamiento global es la reducción de humedad en suelos y bosques. Esta situación transforma ecosistemas completos en combustible altamente inflamable. Los incendios actuales son más rápidos, generan más calor y liberan enormes cantidades de carbono a la atmósfera.
Además del impacto ambiental, las consecuencias humanas son cada vez más graves. Miles de familias pierden viviendas, explotaciones agrícolas y recursos básicos durante cada temporada de incendios. El humo procedente de los grandes fuegos también provoca crisis sanitarias relacionadas con enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
Los expertos advierten de que los megaincendios generan un círculo vicioso extremadamente peligroso. A mayor cantidad de incendios, mayores emisiones de CO₂. Y cuanto mayor es la concentración de gases contaminantes, más aumentan las temperaturas globales y el riesgo de incendios por El Niño.
Los gobiernos reducen compromisos climáticos en pleno aumento del riesgo
La preocupación científica también se dirige hacia la evolución política internacional. Diversos especialistas consideran alarmante el retroceso de algunos gobiernos en sus compromisos de reducción de emisiones y adaptación climática.
Friederike Otto lamentó que numerosos países estén relegando las políticas ambientales a un segundo plano en medio de tensiones geopolíticas y desaceleraciones económicas. Según explicó, se está produciendo una pérdida de impulso en medidas relacionadas con la neutralidad climática y la transición energética.
Este cambio de prioridades podría agravar aún más el riesgo de incendios por El Niño durante los próximos años. La falta de inversión en prevención forestal, infraestructuras resilientes y adaptación climática reduce la capacidad de respuesta ante fenómenos extremos cada vez más frecuentes.
En regiones vulnerables como la Amazonía o algunas áreas de África, la ausencia de recursos suficientes dificulta la vigilancia temprana y el control rápido de incendios, lo que eleva el riesgo de incendios por El Niño. Los científicos advierten de que, sin cooperación internacional, será imposible contener una crisis ambiental de escala global.
Organismos internacionales llevan años insistiendo en la necesidad de actuar de forma coordinada. Naciones Unidas y distintos centros climáticos recuerdan que limitar el aumento de temperaturas globales sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir el riesgo de incendios por El Niño.
La temporada de incendios de 2026 podría marcar un punto crítico mundial
Los expertos consideran que la temporada actual podría convertirse en una de las más graves registradas en décadas recientes por el riesgo de incendios por El Niño. El rápido aumento de incendios desde comienzos de año preocupa especialmente porque en muchas regiones la época de mayor intensidad aún no ha comenzado.
La combinación de temperaturas récord, sequías persistentes y fuertes vientos crea condiciones extremadamente peligrosas para los ecosistemas forestales, elevando el riesgo de incendios por El Niño. En algunos países, las autoridades ya han comenzado campañas de evacuación preventiva y restricciones de acceso a áreas naturales.
El impacto económico de los megaincendios también amenaza con dispararse. Los daños sobre infraestructuras, agricultura, turismo y suministro energético podrían alcanzar cifras multimillonarias. Además, las aseguradoras internacionales empiezan a considerar muchas zonas como áreas de alto riesgo de incendios por El Niño.
La biodiversidad es otra de las grandes víctimas invisibles. Millones de animales mueren cada año atrapados por incendios forestales de gran magnitud. La destrucción de hábitats naturales acelera además la desaparición de especies ya amenazadas por la presión humana y el calentamiento global.
Los investigadores coinciden en que la situación actual debe entenderse como una señal clara del nuevo escenario climático global, ante el riesgo de incendios por El Niño.
Los incendios extremos ya no son episodios aislados, sino fenómenos cada vez más frecuentes que transforman ecosistemas completos y afectan directamente a millones de personas.
El cambio climático, potenciado por la actividad humana, es el motor de estos desastres. Los bosques, ahora secos, actúan como combustible, liberando toneladas de carbono que agravan todavía más el calentamiento global y el riesgo de incendios por El Niño.
Pese al peligro, la respuesta política internacional parece debilitarse peligrosamente. Sin una inversión real en la prevención y cooperación global, estos megaincendios seguirán destruyendo vidas, economías y ecosistemas vitales para todos.
Conclusiones sobre el riesgo de incendios por El Niño
El avance del riesgo de incendios por El Niño confirma que el planeta entra en una etapa climática marcada por fenómenos extremos más frecuentes y destructivos. La combinación entre calor récord, sequías intensas y pérdida de humedad forestal está elevando la vulnerabilidad de regiones enteras.
Los expertos subrayan que limitar el impacto futuro dependerá de decisiones inmediatas sobre emisiones, protección ambiental y adaptación climática. Mientras continúan aumentando las temperaturas globales, el riesgo de incendios por El Niño seguirá aumentando y afectando a todo el planeta.
¿Por qué El Niño aumenta el riesgo de incendios forestales?
El fenómeno El Niño altera los patrones climáticos y reduce las precipitaciones en distintas regiones del planeta. Esto provoca sequías prolongadas, altas temperaturas y vegetación seca, creando más riesgo de incendios por El Niño.
¿Qué regiones podrían sufrir más incendios en 2026?
Los expertos señalan especialmente a Australia, Canadá, el noroeste de Estados Unidos y la Amazonía como zonas en riesgo de incendios por El Niño. También existen alertas importantes en África y Asia debido al aumento extremo de temperaturas y a la falta de lluvias.
¿Cuál es la relación entre cambio climático y megaincendios?
El cambio climático incrementa la frecuencia e intensidad de olas de calor y sequías. Estas condiciones reducen la humedad en bosques y suelos, facilitando incendios más rápidos y difíciles de extinguir. Además, los megaincendios liberan grandes cantidades de CO₂, agravando todavía más el calentamiento global.
¿Cuántas hectáreas se han quemado en 2026?
Según los datos difundidos por expertos climáticos, en los primeros meses de 2026 ya se han quemado más de 150 millones de hectáreas en todo el mundo, una cifra récord desde que comenzaron los registros globales modernos.
¿Qué consecuencias tienen los incendios extremos sobre la población?
Además de destruir viviendas y ecosistemas, los incendios generan problemas respiratorios por el humo, pérdidas económicas millonarias y desplazamientos de población. También afectan gravemente a la biodiversidad y al acceso a recursos básicos como agua y alimentos.













