El deshielo en Noruega deja al descubierto una trampa gigante para renos de hace 1.500 años y sorprende a los arqueólogos

Publicado el: 18 de enero de 2026 a las 15:30
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Montones de astas de reno sobre rocas en una meseta de Aurland, Noruega, hallazgo arqueológico tras el deshielo

En lo alto de las montañas de Aurland, en el oeste de Noruega, el hielo que se derrite ha dejado al descubierto algo más que roca desnuda. Arqueólogos del Museo Universitario de Bergen y del condado de Vestland han localizado una enorme instalación de caza de renos de unos 1.500 años de antigüedad, construida íntegramente en madera y conservada gracias al frío hasta ahora.

Es una escena que mezcla fascinación y preocupación. Fascinación porque el lugar abre una ventana excepcional a la vida en la Edad del Hierro Temprana. Preocupación porque solo ha salido a la luz debido al calentamiento actual que acelera el deshielo en las montañas noruegas.



Un corral de caza que aparece bajo el hielo

Todo empezó con un excursonista local, Helge Titland. Durante una ruta por el Aurlandsfjellet vio troncos trabajados asomando junto a una mancha de nieve persistente y avisó a las autoridades. Cuando los arqueólogos subieron al lugar encontraron cientos de troncos y ramas de abedul formando una gran estructura de captura.

La instalación se organiza en dos largas vallas de madera que se estrechan hasta desembocar en un gran corral. La idea era sencilla y muy eficaz. Los renos salvajes eran guiados por los cazadores entre esos muros de troncos, cada vez más juntos, hasta quedar concentrados en una zona reducida donde podían ser abatidos con lanzas y flechas. Cerca del corral aparecieron montones de astas de reno, todas con marcas de corte, lo que confirma que allí se practicaba una caza masiva y que los animales se despiezaban en el mismo lugar.



El conjunto se data en torno a mediados del siglo sexto de nuestra era, antes de la época vikinga. Los investigadores sospechan que la prosperidad de los valles cercanos, como Aurland y Lærdal, pudo depender en buena medida de esta caza organizada de renos salvajes.

Un almacén de madera, astas y objetos únicos

Además de las vallas y del corral, el deshielo ha dejado al descubierto un pequeño tesoro de objetos. Se han recuperado puntas de lanza de hierro, astas de flecha y partes de al menos tres arcos de madera, todo ello ligado directamente a la actividad de caza.

Entre los hallazgos más llamativos está un alfiler de ropa tallado en asta con forma de pequeña hacha. Los arqueólogos creen que probablemente se le cayó a un cazador en plena faena. Leif Inge Åstveit, del Museo Universitario de Bergen, lo describió como un objeto «excepcionalmente bien conservado» y reconoció que son piezas «que jamás aparecerían en una excavación normal a nivel de suelo».

Todavía más desconcertante es un remo de pino con decoración grabada que apareció junto a los troncos. A 1.400 metros de altitud, muy lejos del fiordo, su presencia sigue siendo un misterio para el equipo. El arqueólogo Øystein Skår admite que no saben por qué alguien subió un remo tan ornamentado a la montaña ni qué función exacta tuvo.

Para los investigadores, el mensaje de fondo es claro. La gente que utilizaba estas trampas no solo cazaba para sobrevivir, también se rodeaba de objetos cuidados y con valor simbólico. No era una actividad improvisada, era una auténtica “industria” de caza de alta montaña, con logística, técnicas pulidas y cierto estatus social asociado.

Del frío extremo al calentamiento actual

La conservación excepcional del yacimiento se explica, en parte, por un giro climático antiguo. El sistema se utilizó justo al inicio de un periodo de enfriamiento en el siglo sexto. Las temperaturas más bajas hicieron que la nieve cubriera el área todo el año y el lugar dejó de ser útil para la caza. Con el tiempo quedó totalmente atrapado en el hielo.

Durante más de quince siglos, el corral y las astas permanecieron en un ambiente perfecto para su preservación, frío, oscuro y húmedo. El calentamiento global está adelgazando las lenguas de hielo y dejando al aire estructuras de madera que, en cuanto se secan y se exponen al sol, empiezan a deteriorarse con rapidez.

Los propios arqueólogos hablan de una instalación que «se está derritiendo literalmente ante nuestros ojos», algo que consideran único en Noruega y probablemente también en Europa. Por eso el material recogido se ha trasladado a los congeladores del museo en Bergen, donde se irá secando de manera controlada y las piezas de hierro recibirán tratamientos contra la corrosión.

Una oportunidad científica que también es una señal de alarma

El hallazgo se suma a una larga lista de descubrimientos que el retroceso de glaciares y neveros está dejando al descubierto en Noruega, desde esquís de madera hasta sandalias romanas o utensilios vikingos. Cada campaña de verano ofrece nuevas “ventanas” al pasado pero, a la vez, confirma que ese hielo que parecía eterno ya no lo es.

Para la fauna de alta montaña el cambio no es solo arqueológico. Los renos salvajes noruegos se encuentran hoy bajo presión por la fragmentación del hábitat, la presencia humana y la propia alteración del clima. Las autoridades han endurecido las normas para evitar molestias a las manadas que quedan y este tipo de hallazgos ayuda a entender hasta qué punto la relación entre las comunidades humanas y los renos ha sido intensa durante siglos.

En la práctica, la escena es paradójica. Lo que el frío extremo de hace 1.500 años protegió, el calentamiento actual lo saca a la luz pero también lo pone en riesgo. Y obliga a los equipos científicos a correr contra reloj para documentar y conservar lo que aparece en la línea de nieve antes de que se deshaga o desaparezca en una mochila de algún senderista despistado.

La nota de prensa oficial sobre este hallazgo ha sido publicada en la página de Vestland fylkeskommune.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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