Por primera vez de forma documentada, un grupo de orcas residentes del norte y delfines de flancos blancos del Pacífico ha sido visto trabajando codo con codo para cazar salmón Chinook frente a la isla de Vancouver, en la costa del Pacífico canadiense. No se trata de una anécdota aislada. Detrás hay horas de vídeo, sensores pegados a los animales y un estudio científico que empieza a cambiar lo que creíamos saber sobre estos grandes depredadores.
Para cualquiera que haya visto documentales de naturaleza, la escena rompe esquemas. Las orcas pertenecen a la misma familia que los delfines, pero en muchas regiones pueden llegar a depredar sobre ellos. Aquí, en cambio, nadan juntas, bucean en paralelo y comparten la mesa en torno a un pez muy concreto, el salmón Chinook, del que dependen buena parte de sus calorías.
Cómo descubrieron la “sociedad de caza”
El equipo dirigido por la oceanógrafa Sarah Fortune, de la Universidad de Dalhousie, trabajó en aguas del norte de la isla de Vancouver en agosto de 2020. Colocaron etiquetas de ventosa en nueve orcas residentes del norte, capaces de registrar en 3D sus movimientos, los sonidos que emiten y vídeo bajo el agua. Al mismo tiempo, operaban drones que seguían desde el aire los grupos mixtos de orcas y delfines.
Cuando revisaron todo ese material, aparecieron los patrones. En 25 ocasiones, las orcas cambiaron de rumbo de forma clara al encontrarse con los delfines y se unieron a sus inmersiones de búsqueda de alimento. En total, registraron 258 eventos en los que los delfines viajaban pegados a la cabeza de las orcas, justo donde estas pueden “escucharles” mejor.
Los datos acústicos añaden otra pieza. En presencia de delfines, las orcas reducían su propio uso de la ecolocalización y parecían seguir los clics de alta frecuencia de los delfines, como si se apoyaran en ellos para “escanear” zonas más amplias del océano en busca de grandes salmones Chinook. Estos peces, de hasta un metro de longitud, son demasiado voluminosos para que un delfín pueda capturarlos y tragarlos enteros, pero son el bocado perfecto para una orca especialista.
Qué gana cada uno en este pacto marino
En la práctica, las orcas parecen usar a los delfines como exploradores equipados con sonar. “Nuestro metraje muestra que orcas y delfines podrían estar cooperando para localizar y compartir presas” resume Sarah Fortune.
Una vez que la orca captura el salmón, lo lleva a la superficie, lo despedaza y comparte los trozos con otros miembros de su grupo familiar. Es un comportamiento bien conocido entre orcas residentes. La novedad llega después. En varios de los lances recogidos en el estudio, los delfines se acercan y aprovechan los restos del pez, ya en porciones manejables para ellos.
Para las orcas, el acuerdo supone ahorrar energía en la búsqueda, en un mar donde cada vez hay que trabajar más para encontrar salmón. Para los delfines, moverse junto a un superdepredador reduce el riesgo de otros ataques y, de vez en cuando, les garantiza un “extra” de comida muy energética. El propio Andrew Trites, coautor del trabajo, lo resume como una alianza sorprendente que puede ser beneficiosa para ambas especies.
Lo llamativo es que en todas estas interacciones no se registró agresividad ni intentos de huida entre orcas y delfines. Algo poco intuitivo si pensamos en la fama de las orcas como cazadoras versátiles y en que, en otros lugares, sí se alimentan de otros cetáceos.
Un océano con menos salmón y más presión
Detrás de esta escena casi “cooperativa” hay un contexto menos idílico. El salmón Chinook se encuentra en una situación delicada en buena parte de su área de distribución. En Canadá, 13 de 15 poblaciones evaluadas se consideran amenazadas o en peligro, afectadas por la sobrepesca, las presas que bloquean los ríos, la degradación del hábitat y el calentamiento del agua asociado al cambio climático.
¿Qué significa que ahora no solo una, sino dos especies de grandes depredadores marinos dependan de este mismo recurso limitado? Algunos expertos señalan que, si estos comportamientos cooperativos se hacen más frecuentes en situaciones de escasez, podrían ser una señal de alarma que empuje a reforzar la protección de los stocks de salmón y de los ecosistemas que los sostienen.
Para quienes viven del mar o disfrutan del avistamiento de cetáceos, estas imágenes son un recordatorio claro. El espectáculo de ver orcas y delfines juntos solo será posible si las poblaciones de salmón se recuperan y si reducimos las múltiples presiones humanas sobre el Pacífico nororiental, desde la contaminación hasta el ruido submarino y el cambio climático.
El estudio abre muchas preguntas y no todas tienen respuesta aún. Los científicos quieren saber si esta cooperación se da en otras zonas, con otras poblaciones y con qué frecuencia. También si cambia en años con menos salmón disponible. En gran medida, de esas respuestas dependerá cómo entendemos y gestionamos las relaciones entre depredadores en un océano cada vez más alterado por la actividad humana.
El estudio científico completo, titulado “Cooperative foraging between dolphins and fish‑eating killer whales”, se ha publicado en la revista Scientific Reports.



















