A mil metros de profundidad, la presión del océano supera las cien atmósferas y aplasta casi todo lo que encuentra. Ahora varios equipos de investigación plantean aprovechar ese peso del agua para convertir el fondo marino en una especie de batería recargable para la energía eólica y solar. El concepto se conoce como almacenamiento subacuático de energía con aire comprimido, o UWCAES por sus siglas en inglés, y se está probando como complemento a las baterías de litio en sistemas eléctricos con mucha renovable.
En la práctica el esquema se parece mucho a un sistema de aire comprimido clásico. Cuando sobra electricidad de un parque solar o eólico, esa energía alimenta compresores que envían aire a depósitos o bolsas flexibles en el fondo del mar. Más tarde, el aire vuelve a la superficie y atraviesa turbinas que generan de nuevo electricidad.
Cada diez metros de profundidad aproximadamente la presión aumenta una atmósfera, así que a entre quinientos y mil metros el agua ejerce más de cien atmósferas sobre los tanques. Esa presión permite almacenar mucha energía en poco volumen y mantener el aire casi a presión constante, lo que mejora el rendimiento de compresores y turbinas frente a los sistemas en cavernas terrestres.
Un equipo de la Harbin Engineering University ha diseñado un dispositivo con bolsas de aire flexibles y lo ha probado a escala reducida en un tanque profundo para comprobar que el llenado y el vaciado se pueden controlar con seguridad. Un estudio sobre la región de Sicilia, en Italia, estimó que, combinando este almacenamiento con eólica y solar, la isla podría cubrir su demanda eléctrica íntegra con renovables. ¿Suena ambicioso? Lo es.
A diferencia de una batería de litio, aquí el «material activo» es aire y la propia columna de agua. No hace falta extraer litio, cobalto o níquel y el sistema se orienta a ciclos largos, de horas o días. Para quienes miran la factura de la luz cada mes, esto podría traducirse en una red capaz de absorber mucho más viento y sol sin apagones. No es poca cosa.
Los retos, eso sí, son importantes. Los depósitos y tuberías deben soportar corrosión, corrientes y presiones durante años y la gestión del calor al comprimir y expandir el aire sigue siendo crítica para no perder demasiada energía. También hay incógnitas sobre el impacto en los ecosistemas de fondo, que habrá que estudiar antes de desplegar granjas de tanques. Por ahora UWCAES sigue en fase experimental, pero apunta a que los océanos pueden ser aliados de la transición energética.
El diseño del dispositivo con bolsas flexibles y las primeras pruebas se recogen en un estudio publicado en la revista Energies.



















