En Fairfax, cerca de Cedar Rapids, una planta industrial está dando otra salida a las palas de aerogeneradores retiradas. REGEN Fiber las tritura y convierte el material en fibras y partículas para hormigón, mortero, asfalto y otros compuestos.
La producción comenzó en junio de 2024 y, con un turno, la instalación está diseñada para procesar más de 30.000 toneladas anuales. El tratamiento es mecánico y no utiliza calor ni productos químicos, aunque su éxito también depende del transporte y del rendimiento del material reciclado.
Por qué las palas son tan difíciles
Una pala eólica debe resistir durante unos 20 o 25 años el viento, la lluvia, el hielo y los cambios de temperatura. Para lograrlo, suele fabricarse con fibra de vidrio unida mediante una resina termoestable, un plástico que queda endurecido y no puede volver a fundirse como una botella corriente.
El acero de la torre, el cobre y parte del hormigón entran en cadenas de recuperación conocidas, pero separar los componentes de una pala resulta mucho más complicado. Su tamaño también obliga a cortarla y moverla con equipos especiales antes de reciclarla.
Cómo funciona la planta
Las palas llegan enteras o divididas en grandes secciones y pasan por máquinas que reducen progresivamente su tamaño. Después, el material se clasifica desde partículas finas hasta fibras más largas, sin hornos ni tratamientos químicos.
REGEN Fiber comercializa esos productos como refuerzos para mezclas de construcción. La empresa sostiene que pueden reducir grietas y mejorar determinadas aplicaciones de hormigón y asfalto, pero el resultado depende de la dosis y del uso.
La compañía pertenece a Travero, filial de Alliant Energy, y aprovecha su red logística para recoger las palas y distribuir el producto acabado. “Nuestro proceso recicla el 100 por ciento de la pala”, afirmó Jeff Woods, director de desarrollo empresarial de Travero.
El hormigón marca límites
No toda fibra procedente de una pala mejora automáticamente el hormigón. Un estudio publicado en 2025 por Waldemar Kępys, Barbara Tora, Vojtěch Václavík y Justyna Jaskowska-Lemańska probó material triturado como sustituto parcial de los áridos y detectó pérdidas de resistencia al aumentar su proporción.
En las mezclas ensayadas, la resistencia a compresión bajó entre un 7 y un 25 por ciento y la porosidad creció con las cantidades más altas. El trabajo no evaluó los productos comerciales de REGEN Fiber, ya que el tratamiento, el tamaño de las fibras y la formulación pueden variar.
Los investigadores de la Universidad AGH de Cracovia y la Universidad Técnica VSB de Ostrava señalaron que las dosis moderadas podrían servir en elementos prefabricados no estructurales. En la práctica, reciclar la pala es solo la mitad del trabajo. También hay que demostrar dónde funciona con seguridad y durante cuánto tiempo.
Una solución con costes reales
El transporte sigue siendo uno de los principales obstáculos. Llevar una pala hasta Fairfax, cortarla y procesarla puede costar más que enviarla a un vertedero, sobre todo cuando el parque eólico está lejos.
Aun así, disponer de una salida comercial cambia el escenario. Si la empresa mantiene una calidad constante, consigue compradores y aporta ensayos independientes, una pala que pasó décadas sobre los campos de Iowa podría terminar reforzando una carretera cercana. Una segunda vida, pero con controles.
La nota de prensa oficial sobre la puesta en marcha de la planta se publicó en Miles de palas de aerogeneradores acababan en el vertedero hasta que una planta de Iowa descubrió que las podía triturar sin calor ni químicos y convertirlas en fibra de vidrio apta para la construcción
En Fairfax, cerca de Cedar Rapids, una planta industrial está dando otra salida a las palas de aerogeneradores retiradas. REGEN Fiber las tritura y convierte el material en fibras y partículas para hormigón, mortero, asfalto y otros compuestos.
La producción comenzó en junio de 2024 y, con un turno, la instalación está diseñada para procesar más de 30.000 toneladas anuales. El tratamiento es mecánico y no utiliza calor ni productos químicos, aunque su éxito también depende del transporte y del rendimiento del material reciclado.
Por qué las palas son tan difíciles
Una pala eólica debe resistir durante unos 20 o 25 años el viento, la lluvia, el hielo y los cambios de temperatura. Para lograrlo, suele fabricarse con fibra de vidrio unida mediante una resina termoestable, un plástico que queda endurecido y no puede volver a fundirse como una botella corriente.
El acero de la torre, el cobre y parte del hormigón entran en cadenas de recuperación conocidas, pero separar los componentes de una pala resulta mucho más complicado. Su tamaño también obliga a cortarla y moverla con equipos especiales antes de reciclarla.
Cómo funciona la planta
Las palas llegan enteras o divididas en grandes secciones y pasan por máquinas que reducen progresivamente su tamaño. Después, el material se clasifica desde partículas finas hasta fibras más largas, sin hornos ni tratamientos químicos.
REGEN Fiber comercializa esos productos como refuerzos para mezclas de construcción. La empresa sostiene que pueden reducir grietas y mejorar determinadas aplicaciones de hormigón y asfalto, pero el resultado depende de la dosis y del uso.
La compañía pertenece a Travero, filial de Alliant Energy, y aprovecha su red logística para recoger las palas y distribuir el producto acabado. “Nuestro proceso recicla el 100 por ciento de la pala”, afirmó Jeff Woods, director de desarrollo empresarial de Travero.
El hormigón marca límites
No toda fibra procedente de una pala mejora automáticamente el hormigón. Un estudio publicado en 2025 por Waldemar Kępys, Barbara Tora, Vojtěch Václavík y Justyna Jaskowska-Lemańska probó material triturado como sustituto parcial de los áridos y detectó pérdidas de resistencia al aumentar su proporción.
En las mezclas ensayadas, la resistencia a compresión bajó entre un 7 y un 25 por ciento y la porosidad creció con las cantidades más altas. El trabajo no evaluó los productos comerciales de REGEN Fiber, ya que el tratamiento, el tamaño de las fibras y la formulación pueden variar.
Los investigadores de la Universidad AGH de Cracovia y la Universidad Técnica VSB de Ostrava señalaron que las dosis moderadas podrían servir en elementos prefabricados no estructurales. En la práctica, reciclar la pala es solo la mitad del trabajo. También hay que demostrar dónde funciona con seguridad y durante cuánto tiempo.
Una solución con costes reales
El transporte sigue siendo uno de los principales obstáculos. Llevar una pala hasta Fairfax, cortarla y procesarla puede costar más que enviarla a un vertedero, sobre todo cuando el parque eólico está lejos.
Aun así, disponer de una salida comercial cambia el escenario. Si la empresa mantiene una calidad constante, consigue compradores y aporta ensayos independientes, una pala que pasó décadas sobre los campos de Iowa podría terminar reforzando una carretera cercana. Una segunda vida, pero con controles.
La nota de prensa oficial sobre la puesta en marcha de la planta se publicó en REGEN Fiber.











