Reciclaje y residuos

Dos residuos industriales de Huelva se convierten en un suelo capaz de sustituir materiales naturales en las obras

Científicos de la Universidad de Huelva logran transformar los desechos de áridos y las fundiciones de cobre en un material seguro y resistente para carreteras.

Dos residuos industriales de Huelva se convierten en un suelo capaz de sustituir materiales naturales en las obras

Los científicos del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Huelva han validado un nuevo suelo artificial. Lo han elaborado a partir de residuos industriales no peligrosos que se generan en la provincia.

Este material reciclado abre caminos inexplorados para la ingeniería; permitirá la construcción de rellenos y terraplenes muy resistentes. El trabajo ha sido publicado por la Revista de la Sociedad Geológica de España.

La fórmula combina arcillas de lavado de la planta Áridos de La Luz con escorias de la fundición Atlantic Copper. Al unirlas, las arcillas contrarrestan la poca cohesión del metal y este a su vez combate la alta plasticidad que estas poseen.

Las normas técnicas PG-3 para carreteras son muy exigentes; aun así, la mezcla obtuvo la clasificación de «suelo tolerable», destacando la variedad con un 75% de escoria de cobre y un 25% de arcillas.

Dos residuos industriales de Huelva se convierten en un suelo

Un equipo del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Huelva (UHU) ha dado un paso decisivo hacia la ingeniería sostenible. Juntando dos tipos de residuos industriales que se generan en la propia provincia, han creado un “tecnosuelo” cuya viabilidad geotérmica y seguridad ambiental están más que demostradas.

Publicado en la revista de la Sociedad Geológica de España, este hallazgo supone un respiro para la construcción civil al utilizar materiales reciclados y no depender de los recursos naturales que se extraen directamente de la tierra. Esperan que el material se pueda implementar en la construcción de rellenos de obra y terraplenes.

Las arcillas sobrantes del lavado de áridos en la planta de San Juan del Puerto y las escorias de cobre (compuestas por silicato de hierro) procedentes de la fundición de Atlantic Copper en la capital onubense son los protagonistas de este nuevo material. De manera individual, cada material tiene sus pros y contras, pero juntos se complementan a la perfección; por ejemplo, las escorias presentaban una nula afinidad por el agua y falta de cohesión, mientras que la arcilla es todo lo contrario. Al unirlos, comprobaron que las escorias contrarrestan la alta elasticidad de las arcillas y estas a su vez aportan la adhesión que le falta a las escorias.

Las pruebas que se le realizaron al nuevo material

Para poder validar las propiedades mecánicas del nuevo material, había que someterlo a los criterios del Pliego de Prescripciones Técnicas Generales para Obras de Carreteras y Puentes (PG-3). Los científicos comprobaron que todas las muestras analizadas cumplían con los estándares mínimos para ser consideradas “suelos tolerables”, pero la sorpresa llegó de la mano del material que poseía un 75% de escoria y un 25% de arcilla por sus índices de compactación y resistencia.

En el plano ambiental, las conclusiones del estudio son muy claras respecto a la tranquilidad, ya que después de los ensayos de lixiviación se reflejaron concentraciones de metales pesados en soluciones acuosas (cobre, con pequeñas trazas de arsénico, bario, níquel y plomo) muy por debajo de los topes fijados por la Instrucción Técnica de Residuos. También comprobaron que los niveles de estos elementos eran tan bajos que cumplían los estándares de aguas de superficie y de consumo humano.

Hay que sumarle además la baja permeabilidad del compuesto, lo que lo hace ideal para combatir las posibles filtraciones de aguas contaminadas a las capas subterráneas.

Finalizada la investigación, el equipo sostiene que la utilización de estos recursos no solo es un paso más en economía circular, sino que se protegen los terrenos naturales al evitar las extracciones innecesarias. Combinando rigor científico, integración ambiental y beneficio económico, otra forma de reciclado es posible.

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