Australia desafía el dominio chino de las tierras raras con una estrategia centrada en refinar minerales y fabricar materiales de alto valor antes de exportarlos.
A China le ha salido un posible competidor en tema de tierras raras ya que un país como Australia quiere reducir la dependencia del gigante asiático en este mercado; todo en forma de una estrategia que no solo se queda en la mera extracción de minerales. La idea que tiene el país australiano en este sentido es dar un empuje a la capacidad que tiene a la hora de refinar estos recursos y transformarlos en materiales de mayor valor añadido antes de ser exportados de fronteras para afuera.
Dicho de otro modo, su meta es fortalecer una cadena de suministro propia y ganar peso en un sector que es clave y estratégico en sectores como la industria electrónica, las energías renovables, la defensa y la automoción.
Competencia internacional por las tierras raras
Australia es una país con un potencial importante gracias a las reservas de minerales críticos y tierras raras que tiene en un valor considerable y es por ello que su idea es incrementar el procesamiento y la transformación local para ir ganando peso en unas cadenas de suministro que en la actualidad están dominadas por China. El país asiático lidera el refinado de estos recursos tan codiciados.
El país australiano, que dispone de más de una treintena de minerales considerados críticos, cuenta además con destacadas reservas de materias primas que se usan para baterías, imanes, electrónica, defensa y otras tecnologías estratégicas. Sin embargo, expertos de la agencia científica australiana CSIRO -dependiente del Gobierno- advirtieron este martes que extraer y exportar los minerales sin procesar limitaría considerablemente su potencial económico y estratégico.
«No podemos competir con China en esos términos. Lo que podemos hacer es fabricar productos de mayor valor y más especializados», afirmó el investigador de CSIRO Chris Vernon durante un encuentro con corresponsales extranjeros en el país australiano sobre este tema.
Australia ya aporta aproximadamente entre el 10 % y el 20 % de las tierras raras mundiales a través del Monte Weld, en Australia Occidental, y nuevos proyectos de compañías como Iluka y Arafura, ambas en Perth, podrían ampliar esa capacidad durante los próximos años.
Según Mark Pearce, Director de Investigación del programa de Minerales Críticos de Valor Añadido de CSIRO, el principal cuello de botella se encuentra con frecuencia en las etapas posteriores de la cadena, como son la separación, refinado y transformación en materiales aptos para la industria.
El país exporta actualmente unos 500 millones de dólares australianos (309 millones de euros) al año en concentrados de tierras raras, una cifra muy inferior a los ingresos que genera su tradicional modelo de exportación de materias primas, como el hierro y el carbón, cuyas ventas exteriores rondan conjuntamente cientos de miles de millones de dólares.
De este modo, los investigadores proponen capturar una mayor parte del valor antes de que los minerales salgan del país.
Vernon puso como ejemplo la cadena de las tierras raras: un dólar (0,62 euros) de monacita -mineral que contiene tierras raras- puede convertirse en unos 2,5 dólares (1,54 euros) de carbonato de tierras raras, una materia prima utilizada para separar y purificar estos elementos.
Según dijo, el objetivo, por tanto, no es replicar la escala industrial china, sino ocupar segmentos de la cadena donde Australia pueda competir por tecnología, calidad y seguridad de suministro.
Competencia Australia versus China
El país exporta actualmente unos 500 millones de dólares australianos (309 millones de euros) al año en concentrados de tierras raras.
«No creo que Australia pueda reemplazar a China en volumen», reconoció Vernon, que situó la oportunidad en abastecer una parte significativa del mercado no chino.
La estrategia coincide con los esfuerzos de Estados Unidos, Europa, Japón, Corea del Sur y otros países por diversificar las cadenas de suministro de minerales considerados estratégicos para la transición energética y sectores sensibles como la defensa.
La apuesta australiana llega en un contexto de creciente preocupación entre sus aliados por el dominio chino de las cadenas de suministro, después de que el pasado junio Pekín endureciera los controles sobre la exportación de tierras raras y otros minerales críticos, en plena tensión comercial con Estados Unidos.












