Los restos de comida que los vecinos de Bizkaia echan al contenedor marrón ya tienen una planta propia para convertirse en gas. Metabarri, en el Ecoparque de Artigas, en Bilbao, se inauguró el 21 de septiembre de 2026 y, según sus promotores, es la primera instalación de España nacida de una alianza público-privada que hace todo el recorrido en un mismo recinto, desde que llega el residuo hasta que sale biometano listo para la red de gas natural.
La planta podrá tratar hasta 50.000 toneladas de materia orgánica al año. A pleno rendimiento, la Diputación Foral de Bizkaia calcula que producirá una cantidad de energía equivalente al consumo de unos 12.700 hogares al año.
Detrás están la Diputación, a través de la sociedad foral de residuos Garbiker, el Ente Vasco de la Energía (EVE) y la empresa de economía circular PreZero. Las pruebas empezaron en junio y la llegada de los primeros residuos estaba prevista para finales de septiembre, con una actividad que irá creciendo de forma progresiva.
Del contenedor marrón a la red de gas
El proceso se llama biometanización o digestión anaerobia. Los residuos orgánicos se descomponen sin oxígeno en grandes depósitos cerrados y generan biogás, una mezcla de metano y dióxido de carbono.
Después llega lo que el sector llama upgrading. El EVE explica que consiste en eliminar el CO₂ y otros compuestos hasta superar el 95 % de metano, y el gas que sale, el biometano, tiene una calidad parecida a la del gas natural.
En Metabarri ese biometano se inyecta en la red de transporte de Enagás Transporte del Norte, una sociedad en la que participa el propio EVE. Desde ahí puede llegar a hogares, comercios o industrias sin que los usuarios tengan que cambiar nada en sus instalaciones, según la nota que difundió el Gobierno Vasco.
Lo que queda en los tanques, el digestato, se trata luego para hacer compost. Según los promotores, ese paso previo permitirá «agilizar el proceso posterior en Bizkaiko Konpostegia y duplicar su capacidad de tratamiento de materia orgánica».
Los promotores dan otras dos cifras. Convertir el biogás en biometano ofrece un rendimiento energético «cercano al 90 %», frente a alrededor del 40 % cuando se quema para producir electricidad, y el uso del biometano reduce hasta un 95 % las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a los combustibles fósiles.
Qué dijeron en la inauguración
La diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, presentó la planta como un retrato del territorio que quiere su gobierno. «Metabarri representa muy bien la Bizkaia que queremos construir: un territorio que convierte sus residuos en recursos como el compost y que genera energía renovable anticipándose a los retos del futuro», dijo.
Etxanobe añadió que la planta «demuestra que la economía circular no es solo un objetivo: es una realidad que ya estamos poniendo en marcha».
El director general del EVE, Mikel Amundarain, puso el foco en la industria. A su juicio, Metabarri «contribuye a la descarbonización efectiva de numerosos consumos industriales» y será clave para llevar nuevas soluciones energéticas a las fábricas, «muy especialmente en aquellos sectores de difícil electrificación».
«Necesitamos producir más energía renovable para abastecernos y son válidos todos los proyectos, tanto las grandes instalaciones de desarrollos eólicos y fotovoltaicos como el autoconsumo. Todo aporta», dijo Amundarain.
Por la parte privada habló Borja Martín Zorita, director de Desarrollo de Negocio de PreZero. «Desde hace décadas, esta tierra ha ido un paso por delante para mantenerse a la vanguardia en economía circular», afirmó, y describió Metabarri como «una instalación pionera fruto de la colaboración público-privada».
Dos años más tarde y con más presupuesto
El proyecto viene de lejos. En noviembre de 2022, con Amaia Antxustegi como diputada de Sostenibilidad y Medio Natural, la Diputación buscaba un socio privado que aportara la capacidad de gestión comercial gasista «de la que adolece la parte pública», según recogió Onda Vasca.
En febrero de 2023, el diario Deia contaba que la planta de biogás de Artigas empezaría a funcionar a finales de 2024, con una inversión de entre 17 y 18 millones de euros. Entonces se hablaba de energía equivalente al consumo térmico de 6000 hogares, y el contrato con el socio privado se fijó en 25 años, dos para construir y 23 para explotar la planta.
En marzo de 2026, según Deia, la inversión prevista era de 21 millones. La cifra final ha sido de 25 millones de euros, de los que más de 17 millones llegan como subvención de los fondos europeos Next Generation. La previsión de hogares ha pasado de 6000 a 12.700. La de 2023 se refería al consumo térmico, el EVE habla en su web de las necesidades eléctricas de más de 12.000 hogares y la nota oficial no explica cómo se ha hecho el nuevo cálculo.
La planta ocupa unos 8300 metros cuadrados, algo menos de una hectárea, junto a la planta de compostaje que ya funcionaba en el ecoparque.
Una planta grande para una recogida todavía pequeña
El dato que más pesa está en la entrada. En marzo de 2026, la diputada de Medio Natural y Agricultura, Arantza Atutxa, reconoció en las Juntas Generales que Bizkaia separa unas 12.000 toneladas de residuo orgánico al año, «lejos» de los objetivos europeos, según publicó Deia.
Eso es menos de una cuarta parte de lo que puede tratar Metabarri. Las 50.000 toneladas anuales aparecían en esa misma información como objetivo para 2030, y el EVE calcula una producción de 40 a 42 GWh al año cuando la planta funcione a pleno rendimiento.
Atutxa defendió que «la biometanización es la solución que hemos planteado para una mejor valorización del orgánico», porque permite tratar residuos «que en el futuro no podrían ser absorbidos por las plantas de compostaje». También dio un argumento económico: «una mayor separación de la materia orgánica reduce el coste del tratamiento para los municipios».
El contenedor marrón sigue extendiéndose por España, en ciudades como León, que lo estrenó este verano con casi 100 puntos de recogida. En Bizkaia, lo rápido que se llene Metabarri dependerá en buena parte de lo que separen los hogares.
Las críticas y lo que falta por ver
No todos comparten el modelo. Raúl Méndez, de EH Bildu, dijo en marzo que su grupo no está «en contra de crear una planta de biogás», pero defendió «la gestión kilómetro cero», con plantas de compostaje comarcales.
«Lo mejor sería que cada zona recoja su residuo orgánico y lo trate en el lugar, sin necesidad de llevar esos residuos de un extremo a otro del territorio decenas de kilómetros», argumentó Méndez, que también advirtió de que Artigas es una zona «que ya sufre emisiones y malos olores».
Las plantas de biometano han despertado rechazo vecinal en otros lugares, como Talavera de la Reina, y en Navarra se llegó a plantear una moratoria total a las plantas de biogás.
El título de pionera también tiene matices. Gipuzkoa presentó este verano una instalación para convertir residuos orgánicos en biometano e inyectarlo en la red desde su Complejo Medioambiental, así que lo que reivindican los promotores de Metabarri es la combinación: una alianza público-privada que hace todo el proceso en un mismo recinto.
Las cifras de producción, de hogares y de emisiones evitadas son estimaciones de los promotores para la planta a pleno rendimiento. Los datos reales de biometano inyectado y de compost producido solo se conocerán cuando Metabarri complete un año de funcionamiento.
La Diputación Foral de Bizkaia publicó el anuncio de la puesta en marcha en su web oficial el 21 de septiembre de 2026.
Esta planta permitirá «transformar hasta 50.000 toneladas de materia orgánica al año», resumió Etxanobe en la inauguración, aunque para llegar a esa cifra el contenedor marrón de Bizkaia tendrá que multiplicar por más de cuatro lo que recoge hoy.
Imagen: PreZero / Diputación Foral de Bizkaia












