En 1986, Warren Buffett compró a la agencia federal estadounidense de garantía de depósitos (FDIC) una finca de 400 acres, unas 162 hectáreas, a unos 80 kilómetros al norte de Omaha, en Nebraska. Pagó 280.000 dólares, bastante menos de lo que un banco quebrado había prestado sobre esas tierras pocos años antes, y la granja de Warren Buffett acabó siendo un ejemplo que él mismo cita cuando habla de invertir.
Quien le explicó cuánto podía dar aquella tierra fue su hijo Howard G. Buffett, que desde el 18 de septiembre de 2026 preside el consejo de Berkshire Hathaway. Howard lleva décadas cultivando maíz y soja y defendiendo la siembra directa, una forma de sembrar sin arar pensada para que el suelo no se vaya con el viento y la lluvia.
Una compra hecha sin saber de agricultura
Warren Buffett contó la operación en su carta a los accionistas de 2013. «No sabía nada de cómo llevar una granja. Pero tengo un hijo al que le encanta la agricultura y aprendí de él cuántos bushels de maíz y soja produciría la granja y cuáles serían los gastos», escribió.
El bushel es una medida de volumen para el grano que, en el maíz, equivale a unos 25 kilos. Con esas cifras calculó una rentabilidad de alrededor del 10 %, y 28 años después, la granja había triplicado sus beneficios y valía cinco veces o más lo que pagó por ella. «Sigo sin saber nada de agricultura y hace poco hice solo mi segunda visita a la granja», añadía.
Un alquiler que dependía del peso de Howard
La finca no fue un regalo. Según la Fundación Howard G. Buffett, citada por The Times of India, la renta del hijo incluía un 5 % anual más el 22 % o el 26 % de los ingresos brutos de la granja, según su peso, con el límite en 182,5 libras, unos 82,8 kilos.
En una entrevista con Fortune recogida por el mismo diario, Howard lo describió como «la versión de la familia Buffett de ir a Weight Watchers».
Por qué Howard Buffett no ara sus campos
En la siembra directa la tierra no se labra antes de plantar y los restos de la cosecha anterior se quedan sobre el campo. Según los Climate Hubs del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), esos restos evitan la erosión por el viento y el agua, y con el tiempo mejoran la retención de agua y la salud del suelo.
En un reportaje emitido en mayo de 2016, en uno de sus campos de Illinois, Howard se lo explicó a la periodista Judy Woodruff para PBS NewsHour. «En este campo no hacemos ningún laboreo, cero», dijo. Cuando ella le preguntó por qué, respondió: «Porque ayuda a construir la salud del suelo. Ahorras combustible, porque solo das una pasada por este campo, en lugar de quizá tres o cuatro».
Después le enseñó las lombrices de ese suelo. «Cualquier jardinero te lo dirá. Las lombrices son lo mejor que puedes tener», explicó.
En 2015, en el simposio Borlaug Dialogue de Des Moines (Iowa), había abierto un debate sobre siembra directa con una frase que recogió Farm Progress: «El mayor activo que tienen los agricultores está bajo sus pies: su suelo. La gente cree que lo está cuidando, pero no lo hace». Es la misma idea por la que la agricultura de conservación puede evitar la erosión por lluvias.
El nieto que llevaba la finca de Nebraska
En 2014 quien trabajaba a diario la granja de Nebraska, cerca de Tekamah, era el nieto, Howard Warren Buffett, según un reportaje de Steve Jordon en el Omaha World-Herald que reprodujo Norfolk Daily News. Iba a ser su tercer año completo al frente de la finca, y la cosecha de maíz de 2013 había llegado a 230 bushels por acre, unas 14,4 toneladas por hectárea.
Warren seguía siendo el dueño de la tierra y cobraba una renta pactada con Howard G., propietario de la maquinaria, mientras el nieto pagaba el gasóleo, alquilaba los equipos a su padre y llevaba la explotación.
Con un contrato del programa de conservación del USDA, el nieto sembraba rábanos desde una avioneta entre las hileras de maíz. Son cultivos de cobertura que protegen el suelo: sus raíces rompen la tierra y reducen la escorrentía, y al morir con las heladas aportan nutrientes.
El nieto aseguraba que los cultivos de cobertura, la siembra directa y el control del riego habían subido el rendimiento del maíz un 11 % y el de la soja un 25 % desde su llegada. Aun así, admitía que «no puedes controlar a la madre naturaleza».
Robert Myers, director regional de los programas de extensión de la Universidad de Missouri, lo resumía así: «Está claramente experimentando en su granja, aunque cultive maíz y soja».
Ensayos a escala de granja en Illinois
Según The Times of India, Howard G. Buffett trabaja además una finca de unos 1500 acres, unas 607 hectáreas, en Pana (Illinois). «Me considero agricultor ante todo», escribe en la introducción del informe de su fundación sobre agricultura de conservación, donde dice llevar casi 40 años cultivando en Nebraska, Illinois y Arizona.
Los ensayos empezaron en 2014 en el centro de Illinois, en casi 5000 acres, unas 2000 hectáreas, repartidos en 12 campos con rotación de maíz y soja y con maíz continuo. En cada campo las parcelas estaban una al lado de la otra y lo único que cambiaba era si se labraba o no.
Entre 2014 y 2017, la siembra directa dejó 0,55 dólares más por acre que el laboreo convencional en el maíz, unos 1,4 dólares por hectárea, y 13,55 dólares más por acre en la soja, unos 33,5 dólares por hectárea. Según el informe, los rendimientos fueron parecidos y la ventaja vino sobre todo del ahorro en las labores de preparación.
De la granja a la presidencia de Berkshire Hathaway
El 18 de septiembre de 2026, Berkshire Hathaway anunció en un comunicado que Warren Buffett pasaba a ser presidente emérito y seguía en el consejo, y que Howard, consejero desde 1993, era elegido presidente. Greg Abel sigue como consejero delegado.
«La cultura que Warren construyó y los valores que defendió seguirán en el corazón de Berkshire, y Howard será su guardián», dijo Abel en nombre del consejo. En su carta a los accionistas, Warren lo explicó a su manera: «Greg dirige la empresa; Howard protegerá su cultura y sus valores, ambos más valiosos que cualquier cosa de nuestro balance».
Howard preside desde 1999 la Fundación Howard G. Buffett, centrada en la seguridad alimentaria mundial y en la mitigación de conflictos.
Lo que la experiencia de los Buffett no demuestra
La propia fundación avisa de los límites de sus datos. «No alcanzaremos los estándares de una publicación académica, ni lo intentamos», escribe Howard en el informe.
En el maíz, la diferencia de beneficio fue mínima, y tanto en el maíz como en la soja germinó con la siembra directa un porcentaje menor de semillas, aunque sin bajar la cosecha. Son 12 campos de una sola región, que no garantizan el mismo balance con otro clima u otro suelo.
El USDA también recuerda que el suelo sin labrar puede calentarse y secarse más despacio en primavera y retrasar la siembra, que las sembradoras específicas son caras y que a menudo se usa más herbicida.
En Nebraska, el maíz de 2013 se sembró tarde por una primavera húmeda y los rábanos, que el contrato obligaba a plantar antes del 31 de agosto, quedaron a la sombra del maíz, lo que frenó su germinación y su crecimiento. «También es una experiencia de aprendizaje para el USDA», dijo Myers, para quien el programa podría necesitar plazos de siembra más flexibles.
Para la FAO, dejar de arar es solo uno de los tres principios de la agricultura de conservación, junto con cubrir al menos un 30 % del suelo y rotar como mínimo tres cultivos, y el asunto pesa porque la erosión amenaza los suelos del planeta.
Howard, por su parte, ya había dejado clara su receta en Des Moines: «Mucha gente dice que probó la siembra directa un año y no funcionó. Para mí, eso es como decir que probé el matrimonio un año y no funcionó. Nada en agricultura funciona en un año».
Foto: USDA / Lance Cheung










