La conservación de la biodiversidad es tan importante y apremiante que necesita mucho más que solo declarar ciertos espacios como protegidos; necesita financiación personal, personal que esté especializado en ello, así como medidas que ahonde en la recuperación de zonas en degradación.
WWF España y el ambientólogo Andreu Escrivà coinciden en que reforzar la protección de la naturaleza debe ser una prioridad política, con actuaciones que permitan compatibilizar la actividad económica con la preservación del medio ambiente.
Así lo defienden Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España, y Andreu Escrivà, ya que los dos reclaman situar la naturaleza en el centro de las decisiones públicas, aunque mantienen discrepancias sobre la gestión ambiental de los últimos años y la valoración de los avances conseguidos.
Sus propuestas abarcan distintos ámbitos, desde la protección efectiva de las áreas marinas hasta la transformación de las políticas agrícolas y la mejora de la ordenación territorial. El objetivo es que los compromisos ambientales se traduzcan en medidas concretas para proteger las especies, conservar los recursos hídricos y los suelos y garantizar el futuro de los medios de vida rurales.
Más recursos para la biodiversidad y su conservación
Reforzar los recursos destinados a la conservación, restaurar los ecosistemas degradados, adaptar el territorio al cambio climático y transformar las prácticas agrícolas que dañan la naturaleza son, según los expertos, algunas de las prioridades que deberían guiar la política ambiental y de conservación de la biodiversidad durante la próxima legislatura.
El secretario general de WWF España, Juan Carlos del Olmo, y el ambientólogo Andreu Escrivà han coincidido a la hora de hablar de la necesidad de colocar la biodiversidad en el centro de las decisiones políticas, aunque tiene algunos puntos en los que no opinan igual y tiene que ver con la valoración de la gestión ambiental de los últimos años.
Mientras Del Olmo destaca los avances logrados, Escrivà se muestra más crítico y considera que la conservación ha quedado relegada frente al impulso de la transición energética.
«Lo más urgente ahora mismo es asegurar los recursos humanos y presupuestarios», afirma Escrivà, quien advierte de que España ha acumulado una «conservación de papel», basada en declarar espacios protegidos o catalogar especies amenazadas sin disponer siempre de medios suficientes para aplicar las medidas de protección.
El doctor en biodiversidad reclama recuperar el «protagonismo político de la conservación», reforzar la normativa ambiental y establecer un diálogo permanente con otros departamentos, en especial los relacionados con agricultura, ganadería, infraestructuras y turismo.
A su juicio, la biodiversidad no puede reducirse a unas pocas «especies emblemáticas» o ecosistemas de gran repercusión mediática -como el lince ibérico o el Mar Menor-, sino que debe abarcar también humedales, marismas, bosques, pastos y zonas costeras menos visibles.
Del Olmo, por su parte, valora que las últimas legislaturas han registrado «avances relevantes», como el impulso de las energías renovables y la ampliación de la superficie marina protegida, aunque reconoce que quedan medidas pendientes que el próximo Gobierno debe afrontar.
Entre ellas, señala la aprobación de la normativa para reducir la mortalidad de fauna en tendidos eléctricos o la elaboración de planes de gestión para las áreas marinas protegidas, que -según advierte- corren el riesgo de convertirse en espacios protegidos «solo sobre el papel» si carecen de herramientas concretas de conservación.
El responsable de WWF también pide que las decisiones sobre especies amenazadas se fundamenten en criterios científicos y no en intereses políticos o sectoriales, en un contexto en el que, sostiene, la polarización ha dificultado acuerdos entre Gobierno central y comunidades autónomas.
Restaurar los ecosistemas y cambiar el modelo productivo
Mientras Del Olmo destaca los avances logrados, Escrivà se muestra más crítico y considera que la conservación ha quedado relegada frente al impulso de la transición energética.
La restauración de los ecosistemas constituye otra de las prioridades compartidas por ambos expertos, tanto por su contribución a la conservación de las especies como por su papel en la adaptación al cambio climático.
Del Olmo defiende que el próximo Gobierno debe impulsar la restauración de la naturaleza y adaptar los sectores productivos a los impactos climáticos, además de avanzar hacia modelos energéticos y agrícolas «compatibles con la conservación».
«La naturaleza es el mayor aliado del medio rural», manifiesta, y subraya que la disponibilidad de agua, la fertilidad del suelo y la salud de los bosques resultan «esenciales» para mantener la actividad agraria y ganadera.
Escrivà coincide en que la conservación debe integrarse en la ordenación del territorio y en los hábitos de consumo, aunque asume que esta transformación exigirá «afrontar conflictos» con determinadas actividades económicas.
El ambientólogo propone dejar espacio a los ecosistemas en zonas donde la explotación del territorio ya no resulte sostenible y reducir el consumo de recursos y la generación de residuos, e igualmente, fomentar la educación ambiental y la renaturalización de las ciudades.
Pactos y acuerdos para el futuro y no solo el presente
Los dos expertos apoyan asimismo la necesidad de políticas estables a largo plazo, que no dependan exclusivamente de los cambios de Gobierno, y de aplicar el Reglamento de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea , pese a que Escrivà cree que su alcance dependerá de cómo se concrete y ejecute en España.
Sobre el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, piensa que ha sido una «oportunidad perdida» por su falta de concreción y por haberse planteado «con prisas» y «desde una lógica partidista».
Frente a ello, el ambientólogo propone recuperar las conclusiones de la Asamblea Ciudadana para el Clima y promover un «debate social amplio» que permita alcanzar acuerdos duraderos.
Estas propuestas llegan en plena inauguración de la Conferencia de las Partes de Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP17), que arrancó este lunes en Ereván (Armenia).











