Gabi y Beat Schürch-Wyss cumplen este otoño diez años con una pequeña planta de biogás en su granja de Bütikofen, en el cantón suizo de Berna. La instalación convierte el purín de sus 35 vacas lecheras en electricidad y calor. Según la Universidad de Berna, produce al año la electricidad de unos 13 hogares estándar.
La granja es ecológica y está en el municipio de Kirchberg, a 530 metros de altitud, con 33 hectáreas de superficie agrícola y otras 19 de bosque.
De la caldera al biogás
Todo empezó por la calefacción, cuando en 2011 la familia estudió instalar una caldera de astillas y conoció a Niklaus Hari, que tiene su propia planta pequeña de biogás desde 1986.
Según la web de la granja, en abril de 2015 se reunieron con Hari y con Christian Hauert, asesor económico de GLB, y juntos diseñaron una planta para el estiércol de 42 unidades de ganado mayor. Las obras empezaron a finales de agosto de 2016 y duraron solo siete semanas.
200 metros cúbicos bajo tierra
El fermentador, el depósito donde fermenta el purín, está enterrado y en superficie solo asoma la válvula de seguridad.
Una ficha de la granja que la Unión Suiza de Campesinos (SBV) publicó en enero de 2025 le da al fermentador 200 metros cúbicos, pensados para 50 vacas, y al motor unos 16 kilovatios de electricidad y 35 de calor.
Dentro, unos microorganismos descomponen el estiércol sin oxígeno y liberan biogás, una mezcla rica en metano que se guarda en un globo. Luego lo quema un equipo de cogeneración, un motor que da a la vez electricidad y calor.

La mayor parte de la electricidad va a la red pública, mientras que un tercio del calor mantiene templado el fermentador y el resto calienta las viviendas de la finca.
Café y aceite de freír
Beat Schürch dedica alrededor de una hora diaria a la planta y compara llenarla, es decir, alimentar a los microorganismos, con dar de comer a sus vacas.

Además del estiércol propio, el fermentador recibe posos de café y aceite de freír usado, según el Servicio de Información Agrícola (LID).
Lo que sale del fermentador vuelve a los campos como abono, y la Universidad de Berna señala que no huele y que se reparte con más precisión que el purín crudo.
Certificados para la universidad
El metano que escapa del purín almacenado calienta unas 25 veces más que el CO2, según la Universidad de Berna, y si se captura y se quema en un sistema cerrado, esas emisiones se evitan y se pueden vender como certificado. Los Schürch venden los suyos a la propia universidad a través de Ökostrom Schweiz, la asociación suiza del biogás agrícola.
Benjamin Jungblut, de Ökostrom Schweiz, calcula que una granja de ese tamaño puede ahorrar unas 70 toneladas de CO2 al año, lo mismo que unos 35 vuelos transatlánticos. Para él, «también con plantas pequeñas podemos marcar la diferencia».
El ahorro en calefacción y la tarifa por la electricidad son pequeños para tanto esfuerzo, y Beat Schürch lo explica en el reportaje de la Universidad de Berna: «Lo hacemos por convicción», porque así los nutrientes se quedan en el abono y se evita el metano.
Dos millones del cantón
Según el LID, las plantas pequeñas como la de los Schürch siguen siendo una excepción en Suiza. Michael Studer, que dirige el centro de biomasa de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berna (BFH-HAFL), lo resume así: «El purín está sucio, diluido y repartido por todas las regiones».
Ese centro abrió en Zollikofen en enero de 2025 y desarrolla plantas de biogás pequeñas para instalar en las granjas, con 2 millones de francos del cantón de Berna, que según Studer es el cantón suizo con más estiércol.
Fuera de Suiza hay otras vías para el mismo residuo: Dinamarca ha empezado a enterrar bajo el mar del Norte CO2 de biogás y Bizkaia tiene una planta que convierte el contenedor marrón en biometano. Suiza, por su parte, ha reducido sus emisiones de CO2 un 27 % desde 1990.
Sin medir las fugas de Bütikofen
Las 70 toneladas son una estimación de Ökostrom Schweiz, no una medición en la granja, y la planta tampoco toca el metano que las vacas expulsan al digerir.
En 2021, la revista de la Oficina Federal de Energía (BFE) recogió un estudio europeo con más de 30 plantas de biogás medidas, tres de ellas en Suiza, y esas tres aprovechaban entre el 97 % y el 98,5 % de su metano.
Esas tres plantas suizas tenían entre 120 y 680 kilovatios, mucho más que la de Bütikofen. En la misma revista, Deborah Scharfy, de Ökostrom Schweiz, advierte de que no representan a todas y de que el control de fugas importa igual en una planta grande que en una pequeña.
La experiencia de los Schürch se publicó el 25 de marzo de 2025 en uniAKTUELL, la revista de la Universidad de Berna, y la familia ofrece visitas guiadas a la planta por 40 francos la hora, con cita previa.
Foto: Familienhof Schürch













